En 1364, es decir, 24 años antes de la batalla de Kosovo, Ragusa firmó con el sultán del Imperio otomano un tratado de alianza y protección, el primero establecido entre un país musulmán y un Estado cristiano.
Gracias a este acuerdo, Ragusa fue respetada por la invasión otomana que pasó muy cerca sin entrar en la ciudad.

El límite histórico de la expansión turca corresponde exactamente a la frontera actual entre Croacia y Bosnia-Herzegovina. Los turcos se detuvieron en la cima de la montaña que domina como una muralla natural la ciudad pero no descendieron. Concedieron una especie de privilegio a esta pequeña ciudad ocupada en la industria y el comercio. A cambio de la protección, Ragusa debía pagar un tributo al sultán. Una delegación se dirigía cada año a Constantinopla para cumplir la formalidad.
¿Y por qué a los otomanos?. Allí nos cuentan que por el otro lado se aproximaban los venecianos, de los que los habitantes de Ragusa aún se fiaban menos.
Ése es el motivo por el que Bosnia tiene ese pequeño acceso de 21 km al mar que divide Croacia en dos. Para evitar salir del país y volver a entrar, se acaba de terminar un puente que se ha inaugurado pero por el que aún no pueden pasar coches.

El puente de Peljesac, de 2.404 kilómetros, ha sido construido por la empresa estatal china Road and Bridge Corporation, pero el 85% de su coste, de un total de 420 millones de euros, ha sido financiado por los Fondos de la Unión Europea.
El puente atirantado, el mayor de Croacia, tiene 55 metros de altura, 13 arcos, entre ellos cinco principales de 285 metros, y seis pilares de 33 metros.
Los dominicos escogieron para establecerse en la ciudad, allá por 1228, un lugar privilegiado, junto a las murallas que defendían la ciudad.
El edificio actual data del siglo XIV y tiene elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos. En el siglo XV se construyeron la sacristía, la sala capitulas y el pórtico del claustro. La sacristía es obra de Paskoje Milicevik, que está enterrado allí (junto con otras personalidades).

La entrada al recinto cuesta 30 kn pero no se puede ver la Iglesia porque está completamente en obras.
El convento alberga importantes obras de los siglos XV y XVI. Destaca una pintura de principios del siglo XX de Miho Bukovac llamada El milagro de Santo Domingo. De todos modos quizás las obras más destacadas sean un crucifijo, obra de Paolo Veneciano (siglo XVI) así como el altar de Santa Magdalena, de Tiziano o su taller. Un poco escondida veo también una pintura de Memling.
El gobierno de la ciudad no le hizo ascos a la construcción de este monasterio porque su estructura, pegada a las murallas y cerca del puerto, servía también como elemento defensivo.
En cuanto a la Iglesia, es uno de los mayores edificios góticos del Adriático. Los planos fueron obra del arquitecto Michelozzo di Bartolomeo.
Hoy en día la gente se sienta en las escaleras a descansar o a comer un helado. Se cuenta que un tallista desconocido distribuyó de manera equidistante los pilares de las escalinatas, pero las autoridades decidieron que la parte inferior de cada uno de estos pilotes se conectara, convirtiéndolos en una cortina de piedra inusual. Se hizo de este modo porque en la antigua Dubrovnik se protegía muchísimo la moral pública. De este modo a los hombres lascivos se les impedía ver los tobillos desnudos de las mujeres a medida que subían a la Iglesia, algo que en aquel tiempo se consideraba el colmo del erotismo.

Los dominicos conservan el catálogo más antiguo del libros del mundo, el “Cupientes emere libros”, editado por Anton Koberberg de Nuremberg en 1480. También se conserva la edición más antigua conocida de “Comentarios de Tomás a las cartas de Pablo”, que se refiere a la Epístola a los gálatas de Santo Tomás de Aquino.
También se conservan la cabeza y las manos incorruptas de san Esteban. Bueno, yo creo que solo es una mano porque la otra es la famosa reliquia que hay en Budapest.
En el convento de los dominicos también se enterraba a los nobles de la ciudad.
Como curiosidad decir que en tiempos de Napoleón la Iglesia se usó como establo. En el ábside aún se ve su estilo románico.
Al hablar de las murallas de Dubrovnik ya he hablado brevemente del Fuerte de San Juan o Sveti Ivan, una de las más importantes defensas del puerto.

En sus orígenes era mucho más pequeño de lo que vemos ahora y recibía el nombre de Fortaleza de Mulas. Se construyó en 1346. Un poco después se levantó cerca la Fortaleza Gundulic. En el siglo XVI ambas de unieron para formar un semicírculo, que es como lo vemos hoy en día.
En tiempos de la República de Ragusa allí había un polvorín y el fuerte defendía desde el sur. La defensa norte se dejaba al fuerte de san Lucas. Ambas fortalezas estaban unidas con una cadena que impedía la entrada de barcos no deseados al puerto. Esa cadena se usó hasta 1484, cuando se construyó el islote artificial llamado Kase.
Uno puede pensar que una cadena no frena un barco pero parece que ésta sí lo era porque se sabe que llegó a arrancar la quilla de uno de ellos.
Como ya comenté, hoy alberga el Museo Marítimo, el Acuario y el Instituto de la Marina y Costera. Nosotros no lo visitamos; no hay tiempo para todo.
En su tiempo había muchos cañones, que terminaron llevándose a Viena. Los cañones que hoy vemos por allí pertenecían al barco austriaco Tritón, que explotó cerca de la isla de Lokrum en 1859.
Desde el puerto viejo parten barcos hacia las islas Elaphiti o Lokrum. Allí se encontraban las antiguas atarazanas. También hay algunos bancos y puedes bañarte.

Encontrar la sinagoga no resulta fácil. Para situarnos, se debe subir por la tercera calle contando desde el Palacio Sponza y hacia la Puerta de Pile. Está bastante escondida.
Se trata de la sinagoga sefardí (sefardíes son los judíos de la Península Ibérica) más antigua del mundo y la segunda más antigua de Europa. Se construyó por los judíos que huyeron de España y se refugiaron en Dubrovnik. Los judíos y los habitantes de Ragusa se convenían mutuamente. Los últimos dejaron que los judíos se involucraran en el comercio.
No todo fue tan fácil para ellos de todos modos. Ni siquiera siempre se les dejó entrar de buen grado. Sin embargo, a pesar de vivir en su propio barrio, muchos ganaron mucho dinero y gozaban de los mismos derechos de los habitantes de Dubrovnik. Parte de los judíos que viven hoy en día en Dubrovnik son descendientes de las familias de esa época.
Como curiosidad se debe decir que, aunque la ciudad fue tomada por los fascistas en la Segunda Guerra Mundial, en la sinagoga se siguieron celebrando ceremonias religiosas. Aunque nosotros no entramos, hay un museo donde se pueden ver una Torá del siglo XIII, importantes documentos, varios objetos que fueron retirados en la guerra y luego devueltos a su lugar, etc.

La sinagoga sufrió daños en el terremoto y en la guerra de los 90.
Dice la leyenda que san Francisco de Asís durante su estancia en Dubrovnik, en el siglo XIII, dijo que la República sería cada vez más independiente si se alejaba de otras religiones, especialmente la ortodoxa. Fuera por lo que fuera, ni los ortodoxos ni los musulmanes tenían permitido pasar la noche en la ciudad.
Las cosas cambiaron cuando cayó la República de Ragusa en 1808. No tardó en aparecer el primer sacerdote ortodoxo. Tanto Napoleón como los austro-húngaros serán más tolerantes en materia religiosa.
Los ortodoxos de Dubrovnik eran respaldados por Rusia (se dice que Pedro el Grande presionó personalmente para la construcción de la iglesia, a través de su cónsul) y otros países ortodoxos trataron por todos los medios construir una iglesia ortodoxa en Dubrovnik, a pesar de la oposición de los lugareños. Por último, se logró en 1837, al lado del cementerio ortodoxo en Boninovo. Pero los ortodoxos deseaban contar con una iglesia en el interior de las murallas, y en 1877 con el permiso de las autoridades austriacas, construyeron la iglesia de la Santa Anunciación en la calle Puča, en lugar de los palacios en ruinas de antiguas familias aristocráticas, siendo la más famosa la de los Gundulić.
La Iglesia es bastante bonita. Parece que alberga un museo con una importante colección de iconos y obras del artista Vlaho Bukovac pero no supimos ver dónde estaba.

Tiene la fachada blanca con tres ventanas trilobuladas (la más grande es la central) y dos torres. El recinto está cerrado con una reja. La entrada en gratuita.
En la calle Antuninska encontramos el War photo, una galería fotográfica de reporteros de guerra. La primera planta se ha dedicado a la situación de los rohingya, minoría étnica musulmana de Myanmar. En la segunda planta encontramos un buen surtido de fotos de las guerras de los Balcanes (Croacia, Bosnia o Kosovo). En una última sala hay de todo un poco. Cuesta 40 kn y te facilitan un catálogo en español para ir siguiendo la colección.
Antes de salir por la Puerta de Ploce encontramos una pequeña plaza donde puedes sentarte o ver la estampa del puerto viejo y el Fuerte de San Juan. Estábamos allí sentados a última hora de la tarde cuando empezaron a desfilar unos " guardias" vestidos de época que se apostaron dos ante la Puerta de Ploce y dos en la de Ploce.
Extramuros hay algunos locales donde comprar pizza o algo salado a mejor precio que intramuros.
Fuera también nos encontramos con el antiguo Lazareto. Hace varios siglos la ciudad era el lugar de confluencia de las caravanas y viajeros procedentes del Imperio Otomano. Es por eso que en el 1377 en Ploče se construyó el primer espacio reservado para aislar en cuarentena a los viajeros y a las mercancías procedentes del este ya que a menudo, allí, había epidemias de enfermedades contagiosas.
El Lazareto (aún se conservan 8 edificios y 5 patios) fue renovado en 1623 en su parte de la costa para permitir el acceso a barcos mayores. Tenía almacenes para mercancías y ganado así como espacios reservados para estancias prolongadas de mercaderes y viajeros en cuarentena. Vamos, como ahora con el covid. Se dedica actualmente a actividades culturales.

Muy cerca encontramos buenos hoteles y una pequeña playa de piedra ocupada en más de la mitad por un bar. Hay 3 cambiadores gratis y duchas que cuestan 2 kn (solo con una moneda de 2). Casi todas las playas del país tienen guijarros en lugar de arena, lo que hace necesario llevar unos escarpines.
Evidentemente no es el único sitio donde puedes bañarte. Desde la muralla hay algún acceso al mar y en Lapad, donde están muchos hoteles, hay varias.
En Dubrovnik abundan las cafeterías y restaurantes, llenísimos de noche. Nosotros fuimos a uno cercano a la sinagoga. Pedimos penne con ragú Javi y yo, gnocchi con bacon y queso Pag. No es barato. El Pag es un queso de oveja croata, el más famoso del país. La isla de Pag, un archipiélago al norte a Dalmacia, entre Kvarneric y el canal de Velebit, tiene una especie de paisaje lunar y muy poca vegetación. Las ovejas se alimentan de los escasos arbustos aromáticos que hay y parece que eso es lo que le da al queso su ligero sabor picante.

En cuanto a la pasta o a la pizza, es muy normal encontrarla en los locales de restauración por la influencia italiana.
Del mismo modo abundan los helados, bastante buenos y cremosos. En Dubrovnik suelen costar 15 kn; en otras ciudades los pagamos a 12 e incluso a 10 kn.
Extramuros pero hacia el lado de la puerta de Pile encontramos el Fuerte de Lovrijenac o de San Lorenzo. Se puede acceder (50 kn).
La Fortaleza de San Lorenzo fue construida en el siglo XI con el fin de proteger la ciudad de Ragusa de los ataques de los venecianos. Se hizo en apenas tres meses sobre un acantilado a 37 metros de altura. Las paredes más expuestas al enemigo son de casi 12 metros de grosor, pero la pared frente a la ciudad no excede de los 60 cms. El motivo de la pared más fina es que se pudiera bombardear con los cañones de la ciudad en caso de caer en manos enemigas. Los soldados se rotaban cada 30 días y solo se les daban provisiones para ese tiempo.

En la entrada del fuerte se lee el lema de Ragusa: " No Bene Pro Toto Libertas Venditur Auro" (La libertad no se vende ni por todo el oro del mundo).
Cada año, dentro del Festival de Verano de Dubrovnik, se representa una de las más famosas obras de Shakespeare, Hamlet.
Dentro no hay mucho para ver, básicamente subir a las terrazas.