Es costumbre, dada la cercanía, hacer una excursión a Bosnia desde Dubrovnik. Nosotros lo teníamos planteado de un modo distinto. Dormiríamos dos noches en Mostar.
A las 18 horas un conductor nos recogió en el hotel. Teníamos por delante algo más de dos horas de camino.
No tardamos en llegar a la frontera, donde el trámite fue rápido y sencillo. Para evitar líos, fuimos por la montaña. Ventaja: no hay más controles. Inconveniente: hay muchas curvas.
Nos dirgimos a Herzegovina, al sur. El nombre proviene del duque (herceg) Stjepan Vukčić Kosača, con el que se convirtió en ducado semiindependiente de Bosnia.
Herzegovina está dividida en la parte occidental (con mayoría de croatas bosnios) y oriental (pertenece a la Repúblika Srpska). Mostar queda en medio y está más dividida aún.

Llegamos alrededor de las 20.30 y nos alojamos en el hotel Verso, de 2019. Se ubica junto a una gasolinera (lo que no es molesto) en la parte católica. Desde la guerra de Bosnia en los años 90, Mostar ha estado dividido en un “barrio musulmán” en el que viven mayoritariamente bosnios, y un “barrio cristiano”, formado por población de origen croata. La línea divisoria la constituye el río Neretva. Tiene división para todo, hasta en las estaciones de autobús.

En el hotel te dan un desayuno excepcional. No es buffet (solo tiene 10 habitaciones) pero te dan una carta y puedes escoger. Los platos salados son huevos fritos, solos o con salchichas, tortilla de jamón y queso o tortilla vegetal. Nosotros cogimos ésta última y nos dieron una deliciosa y muy grande, acompañada de tomate. También puedes escoger para poner en el pan algo dulce o salado. El salado es queso para untar, paté o quesitos en porciones; el dulce consiste en chocolate, mermelada o mantequilla. Te ofrecen embutido: salami, jamón, queso emmental y mozzarella. Para beber te dan leche (con o sin chocolate), café o té. Y a veces te traen agua o zumo de manzana.
Nos encontramos en la orilla derecha del Neretva, en unos terrenos que pertenecen al Monasterio franciscano. Los franciscanos llevan mucho tiempo en la ciudad y son muy apreciados.
La iglesia se construyó en 1886 y quedó destrozada en la guerra. En el año 2000 se construyó la nueva (aún no está acabada) en hormigón armado. Lo más llamativo (lo vemos desde la ventana de la habitación) es el gigantesco campanario exento, más alto que ningún minarete de la ciudad. Cuando no hay pandemia se puede subir.

Entramos a la iglesia porque la guía pide las llaves en la cafetería (uno de los negocios que tienen). Las pinturas son de inspiración bizantina y de un afamado artista pero parecen dibujos animados.
Apenas a unos minutos caminando está el Stari most (Puente Viejo), la joya de la ciudad. Hace mucho había un puente de madera que dio nombre a la ciudad, pero que fue substituido por el actual de piedra en 1566. El puente, que cruza el río Neretva uniendo las dos partes de la ciudad, tiene una altura de 29 metros y en su época fue una de las mayores construcciones de este tipo en Occidente. Fue obra de Mimar Hajruddin siguiendo diseños de su maestro, el famoso Mimar Sinan, arquitecto de muchas de las grandes mezquitas de Estambul. La orden provino de Solimán el magnífico. Nos cuentan, sin embargo, que la idea fue de Rüstem Bajá, Gran visir y yerno del sultán.

Las fuentes dicen que su padre había nacido cerca de Sarajevo y criaba los cerdos de un serbio rico. Él fue capturado de niño, algo que solían hacer los otomanos para formar a sus famosos jenízaros. Un impago de impuestos por parte de su primer amo hizo que le "embargaran" junto con sus otros bienes. Primero le llevaron al Palacio de Gálata para educarle y luego al Palacio Imperial como paje. Era inteligente y astuto y supo cómo granjearse la confianza del sultán y conseguir una meteórica carrera. No sería raro que quisiera, llegado a la cima del poder, hacer algo por su tierra.

Era tal la importancia del puente que dio nombre a la ciudad (most significa puente).
El puente fue volado durante la guerra. En youtube se pueden ver los vídeos. Y eso que había resistido durante siglos a guerras, inundaciones y terremotos.
www.youtube.com/watch?v=g80Mo7YxrK4
Se supone que el culpable fue Slobodan Praljak. Este ingeniero eléctrico croata tuvo varios cargos durante la guerra: miembro del Consejo de Defensa Nacional de la República de Croacia, Miembro de la comisión estatal de Croacia para las relaciones con UNPROFOR, asistente del Ministro de defensa y representante del Ministerio de Defensa de Croacia ante el gobierno croata de Bosnia (República Croata de Herzeg-Bosnia) y sus fuerzas armadas (Consejo Croata de Defensa, HVO). En abril de 2004, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia emitió una orden de arresto contra Slobodan Praljak, Bruno Stojić, Jadranko Prlić, Milivoj Petković, Valentin Ćorić y Berislav Pušić por su actuación durante la guerra de Bosnia, con cargos entre los que se encontraban los delitos de crímenes contra la humanidad, deportación o tratos inhumanos. Se afirmó que Praljak comandaba directa e indirectamente el ejército del Consejo Croata de Defensa (HVO).

Como Comandante en Jefe del HVO durante el asedio de Mostar, fue considerado responsable de dar la orden, el 9 de noviembre de 1993, de destruir el Puente de Mostar. Además se le consideró responsable de otros muchos delitos. Fue condenado en 2013 a 20 años de prisión. En 2017 se ratificó la condena. Durante la sesión, y al conocer la sentencia, Slobodan Praljak gritó al tribunal que él no era culpable de crímenes de guerra y acto seguido ingirió un veneno (cianuro de potasio). Murió el mismo día.
La restauración del puente ha llevado a Mostar a muchos turistas. Los trabajos de reconstrucción se hicieron bajo la colaboración de la Unesco y de organizaciones de rescate del Patrimonio de la Humanidad. Se intentó hacer una réplica lo más fiel posible aunque sin usar piedra original.
Los US$15,4 millones que costó su reconstrucción, fueron aportados, entre otros, por los gobiernos de Croacia, Italia, Turquía, y los Países Bajos. El Banco Mundial dio US$4 millones, mientras que la Unión Europea y el Gobierno francés aportaron los equipos técnicos necesarios. Se usaron técnicas de construcción del siglo XVI.
Tiene una anchura de 4 metros y una longitud de 30 metros. El arco del puente tiene casi 29 m de largo y 20 m de alto. De hecho dicen que el constructor no estaba muy seguro de que no se cayera. Está hecho de enormes bloques de piedra 'tenelija', obtenida de las canteras del sur de Mostar. Se han añadido unas barandas de hierro.

Lo flanquean dos torres, la torre Halebija, un complejo fortificado que protege la entrada al puente, y la torre Tara, en la orilla izquierda, ambas añadidas en el siglo XVII. La torre Tara es semicilíndrica y tiene muros de hasta 3 m de espesor. Se encuentra en el lado izquierdo. Fue levantada en 1676 y sirvió como polvorín otomano. Hoy, completamente remodelada, alberga una sección del Museo de Herzegovina dedicado a la historia del puente y de su reconstrucción (2001-2004). La exposición fue inaugurada en 2006 e incluye en su parte superior una visión panorámica de toda la ciudad. La planta baja está parcialmente ocupada por la librería del Centro Cultural Islámico. Ignoro si estaba abierta.
La torre Helebija, en el margen derecho del río, es rectangular y de inspiración tardomedieval, aunque data de 1716. Su planta inferior fue utilizada por los otomanos como mazmorra, mientras que en la superior se alojaban los guardianes.
¿Una pega?. Resbala, muchísimo. Hay unos escalones que frenarían la caída pero, pese a eso, conviene llevar calzado con buena suela e ir con cuidado.
El primer relato escrito de hombres que saltaron del puente hacia las aguas del Neretva proviene del explorador otomano del siglo XVII Evliya Çelebi quien escribió que, visto desde la distancia, el puente «se ve redondo como un arco del que una flecha acaba de volar, y el arco se congeló». Dijo que los clavadistas «corren antes de saltar desde el puente, caer al río y volar por el aire como pájaros realizando trucos".
www.youtube.com/watch?v=iEN9bGEYH-U
Hoy en día se pasean por allí chicos en bañador que saltan al río previo pago. Vimos saltar a uno, eso sí, enfundado en un traje de neopreno. Nos dijeron que suelen cobrar unos 20 euros por salto.
El salto desde el puente es tan famoso que incluso hay un concurso que se celebra en verano.
Antes de llegar al puente nos encontramos el Kujundziluk, un bazar que bien podría encontrarse en Turquía. Hay un buen puñado de tiendas donde venden juegos de té, pashminas..., recuerdos todos ellos a mucho mejor precio que en la cara Croacia. Toda esa zona, puente incluido, es Patrimonio de la Humanidad. Y, sí, el suelo también es terriblemente resbaladizo.

En el siglo XVI, tanto turcos como bosnios se congregaban aquí a diario para hacer negocios. Hoy lo que se agolpan son los turistas.
Yo entiendo que la zona es importante históricamente hablando; de esas tiendas, mejor no hablar. Como he visto que opina mucha gente que ha ido, no hay ni pizca de autenticidad. En todas las tiendas hay lo mismo, sin duda importado y de calidad dudosa. Para ser una zona tan emblemática, se echa de menos algo más propio del lugar. Yo compré alguna cosa pero para regalar (y que no fuera tan caro como en Croacia).
El bazar data del siglo XVI y en su tiempo hubo más de 300 tiendas.
Casi por obligación, la guía nos acompaña a la Kajtaz's house. El encargado o dueño era su amigo y la abrió para nosotros. No nos quiso cobrar.

La casa es francamente bonita, encalada y con barandas de madera. Es una típica casa otomana de 1635. Tiene dos pisos. El piso inferior es privado y es donde vivía propiamente la familia en su día a día. En el piso superior, al que se accede por unas escaleras y una trampilla, es el pequeño museo donde se nos muestra un poco e la vida de las clases dominantes de aquellas épocas, con unas preciosas vistas sobre el río Neretva. En su origen la casa perteneció a un funcionario otomano.

La fuente del patio es muy curiosa; está hecha con teteras. En el primer piso solo hay tres estancias donde se ve mobiliario, objetos y dos trajes típicos. En teoría tienes que descalzarte para entrar; en nuestro caso nos dijeron que no era necesario.
Parece ser que en la parte de abajo está la cocina tradicional. Nosotros no la vimos (sí la he visto en Internet y es muy interesante).
Aunque hay varias casas otomanas en la ciudad, ésta es la más antigua. Vale la pena visitarla. Este tipo de monumentos se nutren de los grupos. Ahora no hay debido al coronavirus.
Biscevica Kuca y Muslibegovic House son otras casas que se pueden visitar. Estaban cerradas. La segunda hoy es hotel y museo. Fue construida por encargo del rico propietario Mehmed Muslibegović entre 1871 y 1872. Era descendiente de una destacada familia local. Se levantó sobre un edificio anterior. Se conserva una habitación del siglo XVIII, además de muebles y otros ornamentos, libros, tapices y otros objetos.
Pasamos por delante del Museo del Hamman. Estaba cerrado. Este edificio construido en el estilo clásico otomano a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, es el único hamman conservado en Mostar. Parcialmente destruido durante la Guerra de los Balcanes, fue reconstruido y luego transformado en 2015 en un museo dedicado al arte del baño turco. Según la guía, no vale la pena. Queda por detrás del bazar, cerca del puente.
En cuanto a las mezquitas, aunque hay varias, visitamos dos (una con la guía, que parecía no darles importancia, y otra por libre).
La Mezquita Koski Mehmed Pasha data de 1618 (o 1612). Mehmed Koskija, fue fundador de la mezquita -de ahí su nombre-. Era el cronista del gran visir Lala Mehmed Sokolovic. El pobre murió antes de ver terminado el templo. Su hermano Mahmud finalizó el complejo, que contaba con una escuela, un cementerio para los miembros de la familia, oficinas para los negocios del cronista, y piezas-habitación.

La mezquita tuvo que ser reconstruida después de la guerra. Las paredes tienen dibujos de plantas. Una parte son restauraciones pero debajo se puede ver la pintura original. Llama la atención una enorme alfombra que en lugar de estar en el suelo, como sería lo normal, cuelga de la pared en parte. Mide 8 metros y fue un regalo del emperador austro-húngaro Francisco José. Desde el s. XVI, Mostar estuvo bajo el reino de los turcos-otomanos,quienes cobraban altos impuestos a la población. Eso llevó a numerosas revueltas. Ya en el siglo XIX, el poder de los otomanos se fue debilitando y tuvieron que empezar a hacer concesiones a los ciudadanos de Bosnia. Así, en 1833 se construyó un templo para los cristianos serbios ortodoxos y en 1864, una iglesia católica. Por aquel entonces, el territorio de Herzegovina pasó a estar administrado por el Imperio Austro-húngaro.

Enfrente de la mezquita, en el patio, hay un interesante turbe (mausoleo) con un sarcófago, que pertenece al jeque Derviš Ishak. El jeque falleció en 1737 y el turbe se construyó poco después. Junto a él hay dos interesantes lápidas del mismo siglo. En el patio también hay una fuente pública cubierta (šadrvan) y una madrasa (escuela islámica).
La entrada cuesta 3 euros y tienes que cubrirte para entrar. Si pagas 6 euros puedes subir al claustrofóbico minarete por una escaleras de caracol.
Tiene un cementerio antiguo anexo.
Desde allí al lado se hacen buenas fotos del puente.
No me cansaré de decir que la guía que nos tocó en suerte era pésima. Hablaba mucho de la guerra pero muy poco de los monumentos de su ciudad. Los pocos de estilo otomano que vimos con ella fue casi a regañadientes; de la parte católica, la iglesia de San Pedro y San Pablo del monasterio franciscano y por obligación.
La mezquita Karadoz Bey es una de las más importantes de Mostar. No la explicó y se limitó a pasar de largo, diciendo que estaba cerrada. Se construyó entre 1554 y 1557 sobre los cimientos de la iglesia católica de San Esteban el Protomártir. Una inscripción árabe de la fundación en la mezquita registra que fue encargada por Mehmed Beg b. Abu al-Saʿadat ', hermano de un visir en el año 965 de la Hégira (1557-58). Algunos entendidos han afirmado que el visir era el gran visir Rüstem Pasha pero se registra que Rüstem él solo tenía un hermano, Sinan Pasha.

La mezquita pudo haber sido diseñada por el arquitecto imperial Mimar Sinan, el gran arquitecto e ingeniero civil de Solimán el Magnífico, artífice, entre otras, de la Mezquita de Solimán en Estambul. Recordemos que el puente fue obra de su discípulo. A un lado está la fuente de abluciones y había una madrasa y una biblioteca. Se puede acceder previo pago de 3 euros (5 para subir al minarete). Destaca su gran cúpula.

En su interior se conserva un Corán manuscrito del siglo XVI. Detrás de la mezquita se encuentra el cementerio musulmán más antiguo de la ciudad. Las tumbas de los hombres llevan una especie de turbante.
Un hombre que se jactaba de hablar español nos hizo de guía. Entendimos 1/3 de lo que nos contaba. Para entrar tuvimos que descalzarnos y yo tuve que cubrirme.
La mezquita sufrió daños en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Bosnia. Ha sido restaurada con mayor o menor fortuna. Es una de las mezquitas más grandes de la región.
A mediados del siglo XVI, según ciertas fuentes alrededor de 1564, Nesuh-aga Vucjakovic levantó la mezquita que lleva su nombre debajo de la Torre del Reloj, cerca de Kujundzilik y el Puente Viejo. También se conoce como la "mezquita debajo del tilo" porque había uno por allí. No se puede visitar que yo sepa. Se dice que tiene cierta influencia mediterránea.
La torre del reloj es cuadrada y está fechada alrededor de 1630. Tiene 15 metros de altura. La tradición dice que fue construida por encargo de una dama influyente llamada Fatime-kadune Šarić. El reloj fue colocado en la fachada oeste de la torre. Funcionó hasta 1926. El conocido escritor y viajero otomano Evlija Ćelebija escribió que el sonido de sus campanas podría ser escuchado a una distancia de tres horas a pie. En el pasado, el reloj del campanario servía para marcar marcar la hora del rezo. La torre sufrió graves daños durante la última guerra y fue restaurada en 1999. Se accede subiendo unas escaleras. Más abajo hay un cementerio donde la mayor parte de las tumbas que vi son de jóvenes muertos en la Guerra de Bosnia.
Al lado está el museo de Herzegovina. El museo se encuentra ubicado en la antigua casa de Džemal Bijedić, el jefe del gobierno yugoslavo que murió en un accidente de avión en 1977. Este político, cercano a Tito, fue un firme defensor de la unidad de Bosnia y Herzegovina. El edificio (que consta de dos edificios anexos y dos patios), fue construido durante el período austro-húngaro.
Más arriba se está terminando una nueva y muy grande iglesia ortodoxa serbia.
La Mezquita Cejvan Cehaj, construida en 1552, es la más antigua de Mostar. Se ubicaba en el antiguo gran mercado (Velika Tepa). Más tarde, se construyó una madrasa (escuela islámica) en el mismo recinto. Cubierta por un tejado a cuatro aguas recubierto por lajas de piedra, es la única mezquita de la ciudad cuyo minarete está situado a la izquierda del edificio. Fue remodelada en 1895 en estilo neorrenacentista morisco, quedó devastada en 1993 y fue restaurada entre los años 1996 y 1997 gracias a la Unesco. Es particularmente bonita con su curioso tejado. Si no ves el minarete, podría ser una iglesia románica del Pirineo.