Reconozco que nunca he llegado al aeropuerto tan nerviosa, revisando una y otra vez la documentación, leyendo y volviendo a leer todos los papeles. Cuando lo presentamos todo en el mostrador de facturación, solo nos pidieron los DNI y los certificados de vacunación, y nos dieron las tarjetas de embarque, (Lufthasa permitía hacer el cheking on line, pero no emitía las tarjetas de embarque) respisé y me relajé un poco aunque nos faltaba entrar en Rumanía.
El vuelo era con escala en Frankfurt, todo tranquilo, impresionaba un poco ver ese enorme aeropuerto que nosotros hemos visto muchas veces lleno de gente, con todo medio cerrado, apenas un puñado de tiendas, algunos sitios para tomar algo y muy poca gente, aprovechamos la escala para comer un algo y tras otras dos horas de vuelo estábamos en Bucarest.
El control de documentación totalmente caótico, ya que se cruzaban unas colas con otras y la aglomeración era importante, aunque el tramite fue relativamente rápido era un tanto agobiante, lo de la distancia de seguridad era una quimera; una vez en el mostrador presentamos el certificado de vacunación, el DNI y todo listo, ahora si empezaban las vacaciones. ( El documento de sanidad no nos lo pidieron).
Como era viernes por la tarde y no sabíamos si durante el fin de semana podríamos cambiar y por si teníamos algún problema para pagar con tarjeta cambiamos una pequeña cantidad en el aeropuerto, con un cambió horrible 4,15 frente a la media durante el viaje que fue 4,80-4,91 leu.
Teníamos bastantes días para el viaje, lo que nos permitía viajar con calma y teniendo en cuenta que habíamos leído que las carreteras rumanas se caracterizaban por dos aspectos: los atascos y los baches, ante estas premisas y teniendo en cuenta que llegábamos a media tarde habíamos decidido dormir esa noche cerca del aeropuerto y al día siguiente ya descansados coger el coche que habíamos alquilado en Klasswagen y empezar el recorrido; elegimos para esa primera noche el Hilton Graden por estar a unos 500 metros de la terminal, y fue todo un acierto habitación cómoda con buen desayuno y un restaurante muy bueno (71€ con desayuno incluido)
El vuelo era con escala en Frankfurt, todo tranquilo, impresionaba un poco ver ese enorme aeropuerto que nosotros hemos visto muchas veces lleno de gente, con todo medio cerrado, apenas un puñado de tiendas, algunos sitios para tomar algo y muy poca gente, aprovechamos la escala para comer un algo y tras otras dos horas de vuelo estábamos en Bucarest.
El control de documentación totalmente caótico, ya que se cruzaban unas colas con otras y la aglomeración era importante, aunque el tramite fue relativamente rápido era un tanto agobiante, lo de la distancia de seguridad era una quimera; una vez en el mostrador presentamos el certificado de vacunación, el DNI y todo listo, ahora si empezaban las vacaciones. ( El documento de sanidad no nos lo pidieron).
Como era viernes por la tarde y no sabíamos si durante el fin de semana podríamos cambiar y por si teníamos algún problema para pagar con tarjeta cambiamos una pequeña cantidad en el aeropuerto, con un cambió horrible 4,15 frente a la media durante el viaje que fue 4,80-4,91 leu.
Teníamos bastantes días para el viaje, lo que nos permitía viajar con calma y teniendo en cuenta que habíamos leído que las carreteras rumanas se caracterizaban por dos aspectos: los atascos y los baches, ante estas premisas y teniendo en cuenta que llegábamos a media tarde habíamos decidido dormir esa noche cerca del aeropuerto y al día siguiente ya descansados coger el coche que habíamos alquilado en Klasswagen y empezar el recorrido; elegimos para esa primera noche el Hilton Graden por estar a unos 500 metros de la terminal, y fue todo un acierto habitación cómoda con buen desayuno y un restaurante muy bueno (71€ con desayuno incluido)