Día 28/05/2022. Chavín de Huantar (60 soles, mas la entrada al complejo y museo).
Sin ser tan espectacular como las ruinas Incas, Chavín de Huantar es importante por otro motivo. Se cree fue la cuna de toda la Civilización Andina, el llamado “Periodo Formativo”. Fue el centro administrativo y religioso de la Cultura Chavín, construido entre los años 1500 y 200 AC.

Fue abandonado unos 300 años antes de cristo, se cree que por cambios climáticos. Sus moradores taparon las galerías y desaparecieron. Las galerías tenían varias utilidades, una se usaban para desplazarse o almacenar mercancías, y otras se utilizaban para producir sonidos, del río o el viento.
Estos sonidos mezclados producían en el interior de las galerías un efecto mágico, combinado con la luz que entraba por algunos agujeros estratégicamente situados.
Dentro del complejo de galerías se encuentra el “Lanzón de Chavín”, un monolito de granito de varios metros de altura. Una vez al año recibía un rayo de sol por una abertura.

En el templo sólo se encuentra una cabeza clava, son unas esculturas de cabezas de chamanes, que clavadas en los muros del templo hacían función de vigilancia o disuasión.

No encontramos con el mini bus en el punto de encuentro, al lado de la Agencia Corazón Andino.
Chavín de Huántar se encuentra a unos 100km de Huaraz.
Antes de llegar hacemos una parada de descanso de 20 minuto en la laguna Querococha a 3980 ms. A continuación por un paisaje completamente de origen glaciar cruzamos el tunel” Cahuish a 4516 ms de altura por una carretera para la que aconsejo pastillas de biodramina.

El día siguiente nos lo tomamos de descanso, nos levantamos tarde hicimos unas compras por Huaraz. y por la noche bus nocturno hacia Lima, con Exclusiva (110 soles) con películas, internet y asiento grandes y espaciosos.
Llegamos por la mañana a la estación de Plaza Norte, y de allí taxi al aeropuerto, dode hicimos tiempo hasta coger nuestro vuelo a Madrid.
Así terminó lo que para nosotros fue algo más que un viaje. Dos años de retraso, mascarillas, vacunas, certificados, al final todo mereció la pena, por la inmensa satisfacción de vernos en lugares donde tanto habíamos deseado estar.
Acabo este diario con una frase del gran montañero Gastón Rebuffat (modificada para la ocasión) “Viajero es aquel que conduce su cuerpo allá donde un día sus ojos lo soñaron”.