Conocer a los huskies de Svalbard era una actividad que se me antojaba innegociable e imprescindible. Adoro a los perros y conocer de primera mano como viven, como entrenan y como los cuidan ha sido una experiencia única. Oxigena el corazón.
Como tuvimos que anular un treking por mi dolor de espalda aprovechamos para salir dos días con los perros por diferentes ubicaciones.
Hay varias compañías que ofrecen tours, desde salidas de 3horas hasta expediciones de varios días. Según la temporada.
Nosotros apostamos por la pequeña compañía "Green Dog" y no nos defraudó. Creo recordar que sus perretes son mezcla de Husky y Perros de Groenlandia.
El primer día nos vinieron a recoger al hotel y nos llevaron a sus instalaciones. Donde viven ellos y los perros. En el impresionante Valle de Adventdalen. Nos proveen de unos trajes para el frío, acolchados e impermeables y botas de agua.
Y bajamos a conocer a los perros. Podemos entrar y saludarlos. Son tan buenos... nos saludan contentos, algunos tímidamente y otros efusivamente. Las casetas, que lucen el nombre de cada perro, están elevadas del suelo y perfectamente distribuidas para que no lleguen a alcanzar al perro de al lado. Tienen un cuenco con agua y otro para la comida. La mayoría están ladrando, solo algún veterano permanece impasible sentado encima de la caseta.




Están inquietos y emocionados. Los perros de Hanna saben que van a salir.
En la puerta hay una pizarra con los nombres de los afortunados y la distribución de las posiciones en los diversos trineos.
Hanna es una de las guías y adiestradoras de Green Dog y es la responsable de cuidar y entrenar a 30 perros. Los conoce bien, sus posibilidades, su carácter, su fuerza y su inteligencia. Se nota que los adora.
Hay más guías como ella, creo recordar que nos dijo que eran 9. Cada uno responsable de 30 perros. Casi 300 perros en total. Distribuidos en 4 o 5 cercados en diferentes altitudes de la montaña.
Nos dejan mimarlos y hacerles fotos. Y después vamos desatando a los corredores de hoy para llevarlos casi en volandas al trineo. Están como locos. Los primeros en tomar posiciones no dejan de ladrar, ansiosos por tener que esperar a que el resto de corredores tome posiciones.
Hoy conduciremos nuestro propio trineo con ruedas. 2 vamos sentados y 1 conduce. Y nos vamos turnando a lo largo del recorrido.
Durante el trayecto haremos varias paradas para darles de beber.
Arrancamos y los perros tiran con fuerza y mueven la cola. De repente el silencio se adueña del valle. Han dejado de ladrar. Solo se escucha el viento y el tintineo del trineo. Recorremos el valle de Adventdalen por el fiordo. Es mágico y emocionante. El valle es de una belleza abrumadora.



Durante el camino los animamos y parece que lo entienden:
- Good Job !!! - Good Boys !!!
Cuando paramos para darles de beber, primero reciben agua y después mimos.
Cuando regresamos, desatamos a los perros, los llevamos de vuelta a cada uno en su sitio y les damos las gracias por tan bonito trayecto.
Hanna nos monta en la furgoneta y nos lleva a lo alto de la colina. Hay una bonita cabaña. Nos sentamos y nos sirve un chocolate caliente y una especie de baggle muy rico. También hay cookies.
Nos cuenta su historia visiblemente emocionada y como decidió quedarse allí con sus perros. Nos cuenta todo sobre ellos. Como son, cuales están emparentados, cuando comen, cuando salen, como los entrena... nos dice que ellos prefieren el invierno. Y que casi no se meten en las casetas, que en invierno amanecen en el suelo hechos un iglú cubiertos de nieve. Nos cuenta que cuando se hacen mayores los dan en adopción a familias noruegas y que se adaptan muy bien a esa nueva vida más tranquila y apacible.
Después vamos a visitar a la nueva camada de cachorritos. Podemos entrar y jugar con ellos. Jordi se revuelca por el suelo con 2 de los pequeños.
Al final, nos volvemos a subir al coche y nos devuelven al nuestro hotel. Han sido 4 horas increíbles.

Tres días más tarde repetiríamos actividad similar aunque diferente. Con otro guía y sus propios corredores. Esta vez no conduciríamos el trineo. Era un carro más grande. Familiar. Aunque fuimos solos. Nos vino a recoger con los perros que iban en el remolque en sus jaulitas. Y nos fuimos al valle de Bjorbdalen. Allí ayudamos a trasladar a los perros al trineo y dimos un paseo increíble con el trineo por la espectacular costa.
Durante el trayecto apareció el pájaro que ataca, pero esta vez no nos atacaba a nosotros sino a los perros. El guía nos dijo que si estaban los perros iba a por ellos antes. Curioso.
Al finalizar el recorrido fuimos a la perrera de nuevo. Trasladamos a los perros a su sitio y el guía nos enseñó como les daba de comer. El recital de ladridos se transformo de nuevo en silencio cuando todos tuvieron su ración de comida.
Solo nos quedaba repetir la visita a nuestros conocidos cachorritos. Y tomarnos una taza de chocolate.
Esta actividad duró 3 horas.
Para nosotros fue una de las mejores actividades que hicimos en Svalbard.
Un imprescindible.
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