Barentsburg es un pequeño asentamiento a unos 55km al oeste de Longyearbyen. En verano se llega en barco y en invierno en motos de nieve. Es el segundo asentamiento más grande de Svalbard. Actualmente viven unas 500 personas, casi todas ellas rusos y ucranianos. Desde 1932 tiene la concesión para la explotación del asentamiento una compañía estatal rusa y se dedican principalmente a la extracción de carbón y al mantenimiento de las instalaciones.
Llegamos en el barco Polar Girl, después de una travesía algo extraña.
Nos han recogido en el hotel en un autobús sobre las 8.30h. Durante el embarque nos percatamos de que aquí vamos menos turistas que cuando fuimos a Pyramiden. Nos pedimos un chocolate caliente (que lo hacen buenísimo por cierto) y nos vamos a popa. Hace un día precioso. Brilla el sol y el cielo está despejado. Vemos ballenas. El barco se detiene e intenta aproximarse lo máximo posible a los cetáceos.
Seguimos cruzando el fiordo y el barco se vuelve a parar. Nos dicen que estamos esperando a un helicóptero pero no sabemos el motivo. Finalmente llega, se coloca encima del barco y tira una cuerda. Empiezan a bajar personas. Luego vuelven a subir. Y bajan otra vez. Y suben. Estamos flipando. Parece que son prácticas de salvamento. Hay una chica que lo hace muy bien y un pobre hombre que lo hace fatal.

El barco enciende motores de nuevo y tras unos 30 minutos se vuelve a parar. Empieza el segundo espectáculo. Una expedición de unas 10 personas que se bajan del barco en lanchas. Con cajas metálicas y equipamiento diverso. Los dejan en una playa en las inmediaciones de un glaciar. Van a pasar 3 días por ahí. De acampada.
Cuando finalizan los shows ponemos rumbo al Glaciar Esmark. Tiene una longitud de 15 kilómetros y desemboca en la bahía Ymerbukta en el lado norte de Isfjorden.


Más tarde nos dan de comer en la popa del barco. Hoy no hay barbacoa. Nos dan pollo a l'ast, arroz y una carne en salsa.
El desembarco en el viejo puerto de Barentsburg nos parece épico. Decadente y extrañamente atrayente.
Hay una caseta verde destartalada que era la antigua oficina del puerto. Y unas escaleras que no tienen fin, rodeadas de viejas cabañas abandonadas muy fotogénicas.



En Barentsburg tienen su propia central eléctrica, un hospital, un hotel, una escuela, una iglesia, un par de bares/restaurantes e instalaciones culturales y deportivas. También hay un consulado de Rusia (en Noruega). Se nota que está preparada para albergar más gente de la que hay. En la década de los 80 residían unas 1500 personas. Luce como una sombra de lo que un día fue.
El guía nos cuenta que en el gran hospital hay hoy tan solo 2 médicos y 2 enfermeras.
Nos enseña la tarjeta del asentamiento que utilizan para pagar cualquier cosa en la ciudad.
El centro cultural y deportivo es enorme.
También hay un oficina de correos desde donde mandar bonitas postales.
Nos marchamos atesorando un bonito recuerdo de un lugar tan especial como inhóspito.





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