El día de hoy y de mañana me los había dejado como colchón por si fallaba algo del trekking y no llegaba a tiempo. Tanto hoy como mañana son dos días tranquilos.
He cogido el tren para Delhi a las 6:30 y a las 11:30 he llegado a Delhi. El alojamiento de hoy lo cogí cerca del aeropuerto. Para llegar he tenido que coger el metro de Delhi. El metro es algo como que no pega con la India. Cuando entras te sientes totalmente en Europa. Es un metro como el que puede haber en cualquier ciudad europea tipo Madrid, París o Londres. Contrasta mucho el caos y la miseria de la superficie con el orden y lo limpio que está el metro. La verdad que funciona perfecto.
He llegado a la parada que me correspondía y con un tuk tuk a las 13:00 por fin he llegado al alojamiento. Menos mal que este alojamiento está de lujo (The Stay Cube). Lo lleva un indio con pasta. Me ha estado contando que veranea en Málaga y que tiene también apartamentos en Lituania, al menos se nota en que el alojamiento tiene comodidades europeas. Tele con Netflix, las sábanas huelen limpias, jabón y champú, sofá... el tío me ha animado incluso a pedir una pizza a domicilio y con el hambre que tenía he visto el cielo abierto. Me he comido mi pizza tan tranquilo en mi habitación mientras veía YouTube. Qué maravilla después de dos semanas. Eso sí, la pizza picaba. Además he aprovechado para darles la ropa sucia y reiniciar la mochila.
A las 16:00, ya duchado y comido, me he pillado un tuktuk para el metro y he echado la tarde viendo alguna cosa de Delhi que me quedaba. Un templo Sij, en donde me he tirado un buen rato disfrutando de lo tranquilo del sitio, con sus cánticos y su olor a rosa. Luego me he acercado otra vez a la vieja Delhi a andarla.
En Delhi es donde más miseria he visto yo de lejos. En Etiopía por ejemplo uno ve pobreza pero no la miseria de aquí. Cada dos por tres hay alguien tirado en el suelo que uno duda si duerme, está muerto o drogado. Llegan a dormir en las medianas de la carretera e incluso entre perros. Se ve, hombres y mujeres, amputados e incluso niños ciegos pidiendo, muchas veces duermen en grupos en medio de la acera o la carretera y los esquivan los tuktuk como si nada. Esto sería impensable en España, alguien llamaría a una ambulancia si hay alguien tirado en la carretera. Aquí mientras la gente va y viene en una locura tal que podrían estar pasando al lado de alguien muerto y nadie se percataría. Hasta tal punto que me he fijado en un periódico del metro y es que tienen una sección de reconocimiento de muertos. Tremendo. Si consigues separar la miseria de lo bonito te vas encontrando con escenas chulísimas. Los puestos de dulces. Los de tela o especias. Los niños y los bebes con los ojos pintados. Hay muchos detalles en los que fijarse y en cada esquina te llevas una sorpresa que no entiendes. Aun así es difícil separar lo bonito de la miseria cuando esta todo mezclado, como si fuera arroz con leche.



He recorrido la vía principal hasta una mezquita donde los musulmanes esperaban el ramadán y, curiosamente, a la puerta de la mezquitas los indios vendían dulces. Luego buscando nuevamente el metro y he pasado por un parque donde jugaban al criquet. He intentado meterme al parque pero solo en la entrada habría 20 persona tiradas, muchas de ellas yo creo que drogadísimas de lo que supongo que era pegamento, porque tenían muchas una bolsa negra que se llevaban a la cara. Me he dado media vuelta y atravesando el mercado de fruta he llegado al metro y vuelta al alojamiento.
Me he vuelto a duchar y una pizza que me he cascado, picaba pero poco. He terminado viendo dos capitulitos de The Last Of Us en la cama tan ricamente