Fundado en 1884, Puerto Deseado, tiene una rica herencia histórica en sus lindas calles empedradas y en su arquitectura colonial. En sus inicios, la ciudad fue un importante puerto pesquero y comercial y actualmente sigue siendo un centro importante para la industria marítima en la región.

Es un lugar especial con un impresionante entorno natural. Rodeada de acantilados imponentes y aguas cristalinas, la ciudad ofrece una experiencia única para los amantes de la naturaleza.
La Reserva Natural Ría Deseado, ubicada en las cercanías, es el hogar de diversas especies de aves marinas y mamíferos marinos, incluyendo pingüinos, lobos marinos y delfines. Ría Deseada es un río que abandonó su cauce, que estaba ocupado por el mar. Es el único de Sudamérica. Es una Reserva Natural Intangible. Además de su excepcional geografía, posee una fauna única y rara.

En la hostería donde me alojé había un grupo de chicos de Las Grutas que estaban vacacionando en este lugar y me invitaron a hacer una recorrida por los atractivos turísticos que ofrece este lugar.
Salimos temprano en una navegación que nos hicieron precio por ser un grupo y todos argentinos.
Fuimos a la Isla Pingüinos donde nos esperaba el protagonista principal de Puerto Deseado, el pingüino Penacho Amarillo.
En el viaje la biodiversidad provocaban admiración y asombro. Cormoranes grises, imperiales, roqueros, lobos marinos, ostreros, gaviotines, petreles y toninas overas, nos acompañaron. Un pequeño y simpático ave de apenas 40 centímetros de altura que llama la atención por sus características plumas amarillas a los lados de las cabezas, los ojos rojos y un pico de color anaranjado intenso.
Cada octubre una colonia de 3000 ejemplares llega a este Parque y se puede visitar desde el continente y permitir la vivencia de estar a pocos metros.

El macho llega primero en octubre para preparar el nido que hace con piedras y ramas, luego llega la hembra y pone dos huevos (de los cuales generalmente sobrevive uno). Durante 40 días los van a estar incubando turnándose, mientras uno permanece en el nido dándoles calor y protegiéndolos de otras aves que puedan atacarlos, el otro va a estar en el mar tres o cuatro días buscando comida. Cuando los pichones nacen también se toman turnos para cuidarlos y alimentarlos y ya en enero están lo suficientemente grandes como para cuidarse solos. En ese momento la demanda de alimentos es mayor, por lo tanto los dos padres suelen salir a buscar alimentos y los dejan en guarderías que son muchos pichoncitos en una cueva al cuidado de dos o tres adultos. El pichón a los 3 meses ya cambió sus plumas (luego de un proceso de impermeabilización) y se mete en el agua, separándose de su familia, y a los 4 años puede reproducirse. A fines de marzo se vuelven a ir para regresar el próximo octubre a la misma colonia donde nacieron y al mismo nido para reproducirse”, cuenta Chantal Torlaschi, bióloga marina y guía turística.

La isla de los Pájaros es otro lugar elegido por los pingüinos de Magallanes. Al llegar encontramos a muchos de ellos en sus cuevas, entre medio de la vegetación seca y baja, donde se ubican para proteger a sus huevos de las amenazantes gaviotas. Es posible ver a los pichones con su pelaje gris que da cuenta de su corta edad y a los adultos andar de acá para allá con sus pasos torpes y ligeros. Nos acercamos despacio, sigilosos para no molestarlos, y ellos se dejan sacar fotos. Cruzamos miradas y hasta parece que nos sonrieran dándonos permiso para compartir su casa mientras se sumergen en el agua o se echan al sol. “Somos los que tenemos que respetar el lugar para que se conserve de la mejor manera. A veces los pingüinos ocupan el sendero y debemos desviarnos porque uno está en su territorio, hay que tratar de interferir lo menos posible.” Es el comentario de la guía.

La comida de Puerto Deseado es otro punto destacado para los visitantes.
Los restaurantes locales ofrecen deliciosos platos de mariscos y pescados frescos, capturados diariamente por los pescadores locales. Los mariscos frescos son el ingrediente estrella en la mayoría de los platillos, proporcionando una experiencia culinaria única para los turistas que desean degustar los sabores auténticos del mar.
Un paseo por la ciudad me llevó hasta el viejo vagón histórico que es un coche rescatado de un remate. Es hoy una oficina de turismo. La Estación del Ferrocarril y el Museo Regional también me vieron pasar.
Los museos del Policlínico y del Pueblo guardan las costumbres de una población que supo crecer al ritmo del puerto, con sus casas típicas de chapa acanalada o de piedras volcánicas que aún se pueden ver habitadas. La Sociedad Rural, fundada en 1913, fue la primera de la provincia de Santa Cruz y la segunda de la Patagonia y, además, está ubicada en medio de un paisaje de rocas volcánicas que le dan un contorno inigualable dentro del recorrido que se llama Camino del Cinco. Y, por si les faltara algo, la parroquia nuestra señora de la Guardia cuenta con un faro que es uno de los más importantes y reconocidos a nivel mundial que aún hoy sirve de guía para los navegantes. Siguiendo con la mística religiosa, un lugar imperdible para visitar es el Santuario Gruta de Lourdes. Con el cañadón de las Bandurrias como escenario natural, a medida que vamos ingresando nos sorprende cada vez más. Con paredones de piedras de hasta 20 metros de altura, “se inauguró en 1947 y, luego de varios años abandonado, un matrimonio de Deseado se hizo cargo de su cuidado” cuenta Jésica Gómez, Directora de Turismo de Puerto Deseado.

Este es un viaje con pocos días en cada lugar, es un recorrido largo, y mis tiempos se están acortando así que mañana veré cuál será mi próximo destino. Quizás me tome un ómnibus .




