El ritual mañanero se repite, hoy nuestros pasos se dirigen a Abydos y Dendera. El camino es largo, a través de zonas de cultivo frondoso que contrasta con el desierto que está a tiro de piedra, nos encontramos un par de desvíos por controles policiales, pero nada reseñable, aunque alargaron el tiempo de viaje.
Cuando llegamos a Abydos, solo había otro coche en el aparcamiento, por lo que se puede decir que estábamos solos, la primera impresión es que es un sitio un tanto desangelado, pero según te acercas empiezan a aparecer los “secretos” que allí se guardan. De los muchos templos dedicados a Osiris, dios de los muertos, que había en Egipto, este era el principal centro de culto, ya que tenían la creencia que en él descansaba la cabeza del dios. Esto dio lugar a una gran necrópolis que se utilizó durante mas de 4500 años para descansar cerca del dios.
El Templo de Seti I es una gran estructura de piedra caliza, se entra en el templo por un pilón muy dañado, seguido de dos patios abiertos, se pasa a una primera sala de columnas en las que sus relieves representan a Ramsés II haciendo ofrendas, se pasa a una segunda sala hipóstila con unos preciosos relieves. Al fondo están los santuarios de los siete dioses: Horus, Isis, Osiris, Amón-Ra, Ra-Horajty, Path y Seti convertido en dios. Distintas capillas y salas muestran a dioses y faraones.




Curiosamente lo que la mayoría de los visitantes buscan entre las columnas y relieves de este templo son dos pequeños que aparecen en la parte alta y que se identifican con un “helicóptero” y un “tanque” dando lugar a todo tipo de interpretaciones, de hecho los guardianes es lo que te señalan desde el momento en el que entras.
Nuevamente camino, como se agradece en aire acondicionado del coche y el agua helada que nuestro conductor nos ofrece. Atravesamos pequeños pueblos, niños jugando en canales de muy dudosa salubridad, hombres sentados a la sombra viendo pasar el tiempo, y tras unos cuantos kilómetros de carreteras con baches llegamos a Dendera.
Otra vez sin nadie, tenemos el templo a nuestra disposición.
Dendera fue un importante centro administrativo y religioso desde la VI dinastía, construido a finales del periodo faraónico, el templo de Hathor es uno de los iconos de Egipto ya está prácticamente intacto.
Se entra a una sala hipóstila exterior, construida por el emperador romano Tiberio, las impresionantes columnas de piedra están decoradas con la cabeza de Hathor con colores azules como el impresionante techo. En las paredes se representa a los emperadores romanos haciendo ofrendas a los dioses egipcios.
El templo interior fue construido por los ptolomeos, la sala hipóstila interior es más pequeña y también tiene colunas de Hathor.
Al fondo está la sala de ofrendas que conduce al santuario que era la parte más sagrada del templo. Las dos escaleras que llevan al tejado están preciosamente decoradas. No pudimos acceder al tejado por estar cerrado.
Bastante de las caras de los relieves están dañados ya que los primeros cristianos dejaron su huella al considerarlos paganos.



Volvemos al hotel los kilómetros de carretera se hacen un poco pesados, pero no cabe duda de que el día ha merecido la pena.
Tras un buen rato de piscina que nos restablece el ánimo, decidimos cenar en el vecino hotel Steimberger, concretamente en su restaurante tailandés del que teníamos muy buenas referencias, fue todo un acierto bueno, bonito y a buen precio, fueron 30€ los dos