TRACK de la ruta
Hoy es un día prácticamente de descanso. Se supone que lo ideal es hacer dos días en la misma altitud cada mil metros de altura. Hoy hemos dormido en 3.800 y el plan es ir hasta un campamento que está a solo 6 kilómetros, a 4.000 metros de altura.
Nos hemos levantado para las 6 y a las 6:30 el desayuno. Durante el desayuno he descubierto un drama. No hay viaje que se precie si no me pica algo… Pulgas. En cuanto he visto las picaduras lo he visto claro. Estamos rodeados de caballos, hay tantos caballos como personas, así que a Dios gracias si solo son pulgas. Yo creo que además me han picado desayunando porque anoche y durmiendo no he tenido ningún picor. Me cuento al menos 9 picotazos y lo raro es que uno es en el dedo meñique y otro en la muñeca, el resto como de costumbre: en las corvas y en la cintura. Cuando te pican pulgas es inevitable rayarte porque generan una impotencia tremenda, no puedes hacer absolutamente nada. Le he preguntado al guía enseñándole las picaduras, y con una tranquilidad pasmosa me ha dicho: “Flees. Me too” y me ha enseñado picaduras por la espalda. Dice que todos van picados… En parte me deja la esperanza de que las pulgas no se hayan quedado a vivir en mi ropa y hayan saltado a otra presa más jugosa. Pero lo dudo con mi propensión a ellas.
La rayadura de las picaduras me ha durado la primera media hora de caminata, luego parece que no me picaba tanto y el paisaje ha ayudado. Se anda por el lateral del glaciar hasta bajar al mismo para cruzar un glaciar que baja de un pico tremendo. En este punto andamos por hielo puro y se hace muy bonita la caminata.
Aun siendo solo tres horas de caminata se han hecho disfrutables, ya que no ha dado tiempo a que el sol sea matador. Hemos llegado a las 10 al campamento de Urdukas. Un campamento con unas vistas impresionantes de casi 360 grados. Sigue siendo todo una polvareda importante, pero de momento es el campamento más espectacular. Los picos de 7.000 metros con el Broad Peak a la derecha del todo y la lengua glaciar en medio salteada de laguitos. A la espalda un pico nevado con su correspondiente glaciar y cascadas.
Hemos llegado antes que el mulero, por lo que he estado haciendo tiempo con la pareja suiza. Es increíble lo bien que me llego a comunicar con ellos y lo mal que me comunico con mi guia Musa. Yo creo que mi guía sabe menos inglés del que le presupongo. Una hora de charleta con los suizos y me he ido para mi zona. El campamento tiene para ducharse con agua canalizada del glaciar y varias tomas de agua. A las 11, y con el palomo que cae, las picaduras de pulga y el polvo, me ha dado un ataque de caspa importante. Encima me pone Ibrahim, el cocinero, arroz picante modo infierno que me ha sabido mal pero no he podido comer más de dos cucharadas. Me he cogido ropa nueva, la toalla y me he ido a la “ducha pakistaní”. En esta ducha al menos hay una manguera de la que cae constantemente un chorro de agua, no es a capazos. El agua debe estar a 5/6 grados, pero me ha dado igual. Con poco, así se mueren las pulgas. Me he duchado como si fuera agua caliente, media hora despulgándome con agua fría que se me han puesto los dedos morados.
Duchado y con sensación de limpio he vuelto a mi zona. En ese camino de 50 metros uno vuelve a estar lleno de polvo por los caballos o el viento, pero al menos el cuerpo va limpio. En el campamento he cogido una palangana y una especie de Fairy y he lavado la ropa pulgosa. Espero que fuera esa la ropa pulgosa y no el saco de dormir, porque si no estoy condenado. En fin, mindfulness, el picor es mi amigo.
La tarde la he pasado leyendo y echando fotazas a los locales que hay por el campamento. A media tarde es cuando me ha venido uno de los momentos surrealistas del día. Ayer no había posibilidad de hacer aguas mayores y mi cuerpo, que es listo, viendo que hoy hay baños, al segundo té me ha llamado la naturaleza. Lo de los baños aquí es un tema potente. Irse en medio del monte está difícil, todo es cuesta arriba o cuesta abajo y no hay mucho sitio donde esconderse. Toca morir en unas casetas tipo feria en medio de un secarral arenoso en donde han hecho debajo un pozo ciego, pero no muy ciego porque se ve claramente el asunto principal. Están a pleno sol y son un invernadero. He elegido el que menos arcadas me daba y me he puesto al lío con un agobio tremendo porque nada de mí tocara nada del “aseo”. Estando en faena, oigo gritar mi nombre y por la ventanita veo a los dos suizos. Manda narices que han venido a verme mis amigos en el momento más inoportuno. Salgo del pozo inmundo como puedo, mareado y sudando como un gorrino, y me acerco a ellos por la parte de atrás como quien estaba paseando. Resulta que venían a darme la gorra que me había dejado olvidada en la ducha. Yo, sudando, les he dado las gracias y en ese momento ha llegado un grupo de mulas y se han puesto a tirarse en el arenal de enfrente a desparasitarse dando vuelcos en la arena. Menos mal, porque estás tú que me pongo yo a hablar inglés cuando acabo de luchar por mi vida a 50 grados en un ambiente decorado por un Jackson Pollock depresivo. Gracias mulas por desviar la atención en el mejor momento posible.
Mientras las mulas se restregaban en el suelo hemos hecho bromas de las pulgas, ya que básicamente se estaban dando un baño de arena a 15 metros de mi tienda. A los tios no les han picado… Aun. Y el máquina, Sebastián, ya se permite hacerme coñas. Después de la locura de las mulas y la arena ha llegado el grupo de montañeros más pro que he visto en mi vida. Un grupo de unos 15 sherpas nepalíes junto con 10 turistas mezcla de chinos, nepalíes, rumanos, rusos… y una cuadrilla de mulas alucinante. Vienen andando desde Paiyu Camp, el campamento de hace dos días. Lo han hecho en 10 horas. 21 kilómetros. E increíblemente alguno de los sherpas iba con paraguas. Vamos, que no soy yo el pardillo que anda con paraguas! Resulta que son una expedición en la que 5 turistas van a subir el K2 y otros 5 el Gasherbrum I. Nos hemos acercado los suizos y yo y hemos estado un rato hablando con una de ellas. Una china que va a subir al K2. La tía súper amable, contándonos la expedición. Mínimo 30 días, máximo 40. Con equipo de apoyo de sherpas. Llevan un campamento brutal. Y no les hace falta llevar gallinas, ni cabras. Menú vegetariano.
Después de hablar con la chica montañera nos hemos acercado a un mirador alejado frente al Broad Peak y hemos estado hablando un rato. Tienen buena charla y ya me sé la mitad de la vida de ellos. Tras hablar de la vida luego ya se ha puesto a hablarme de la psicología y su nexo de unión con la filosofía budista y bueno, algo me he defendido con el inglés. He terminado explicándoles mi trabajo en inglés usando palabras que ni sabía que tenía en la cabeza.
Al atardecer me he acercado a la zona de los suizos a echar alguna foto y poco más. En cuanto se hace de noche, a dormir. Hoy me voy a cascar un Ebastel a ver si me relaja los picotazos. Aunque esto lo cuente como penurias, realmente imaginad lo espectacular que debe ser, tanto el ambiente como los paisajes, como para que me compense. Al final, hablar de penurias mola más. Pero luego me acuerdo de que en Etiopía cogí pulgas y realmente me vienen a la mente dos o tres recuerdos relacionados, y con toque cómico. Por el contrario, el resto del trekking en Etiopía lo tengo grabado en la memoria casi paso a paso de lo impresionante que fue. Eso sí, si ayer decía que esto es comparable al trekking del Everest, ahora cambio de opinión. Por las condiciones, es más comparable al de Etiopía. Solo hay que ver que llevo tres días bebiendo agua con tierra...