TRACK de la ruta
La noche ha sido ya oficialmente fría. A 4.000 metros lo que no era normal era el calor que hacía ayer. A media noche me levanté a mear y el cielo era una cosa espectacular. Cielos tan puros que termina llamando la atención las manchas de la Vía Láctea, que hacen parecer que haya nubes en medio, pero no. Hay cero contaminación lumínica y la luna ya puesta desde hace un rato. Si se puede medir el nivel de claridad del cielo, este debe ser el máximo.
A las 5 me he despertado, a las 5:30 desayunando y a las 6 andando. Voy contento porque no me noto más picaduras de pulgas, por lo que puede que haya sido algo pasajero, una pulga despistada. No voy a cantar victoria porque sigo rodeado de mulas.
Mientras Ali preparaba las tres mulas, Musad y yo hemos arrancado. Cada día que pasa es más bonito que el anterior. El día de hoy es un paisaje increíble. Se anda íntegramente por glaciar. Se alternan lagunas de paredes de hielo, con ríos glaciares, desprendimientos, bloques de hielo, salientes enormes de hielo en forma de dunas que imagino serán restos del hielo de invierno sin derretir, piedras apoyadas sobre un pequeño pilar de hielo… Es un paisaje brutal, porque todo está rodeado de siete miles y al fondo asoman dos ochomiles: el Broad Peak que lleva ya tres días presente, y el Gasherbrum II (8.035 m), que se ve tras el Gasherbrum IV (7.925 m) tímidamente. El protagonista, aún así, es el Masherbrum (7.821 m). Un pico de forma preciosa, prácticamente geométrico, que poco a poco va apareciendo a la derecha hasta mostrarse al completo con su glaciar incluido. Una pasada.
A mitad del camino hemos parado a comer en medio del glaciar con vistas 360 grados. La organización del trekking está de lujo. Siempre paramos a comer e Ibrahim está ahí esperándome con una sopita caliente, un té, un huevo duro, una patata cocida, pan chapati y frutos secos. La agencia de diez absoluto y el guía muy buen tío. Al pobre lo llevo aburrido con las fotos. Mi estrategia ha sido echarle fotos y parece que le mola porque ya hasta me posa en algunas. Aun así, me paro cada dos por tres y me lo encuentro más adelante, tumbado en alguna piedra, escuchando música baltistaní mientras la canta. Yo lo siento, pero es que todo es un fotón.
De la comida han sido dos horas y media más, por glaciar. No me hubiera imaginado que el campamento está literalmente encima del glaciar. A poco que rascas la roca es todo puro hielo. Para montar las tiendas se han puesto el Ali el mulero, Ibrahim y Musad con tres palas para improvisar una plataforma medio nivelada y evitar que todo esté mojado. Aquí no hay ni aseos ni duchas. El sistema de coger agua es ingenioso: en cualquier laderita que haya, rascan un poco, clavan una especie de canalón y empieza a caer un chorrito del agua que se derrite. Me he lavado la cabeza y, para mí, sería imposible ducharse con esa agua sin ponerme malo.
La tarde la he pasado subiendo a un pico chulo que hay en el campamento. Al subir me he encontrado con uno de los sherpas de la expedición al K2. Me ha preguntado de dónde soy, le he preguntado a él y ahí ya me ha dicho que va a hacer cima en el K2. Inocentemente le he preguntado si es su primer ochomil y con una templanza casi regia me ha dicho: “Seven times Everest summit." Total nada. Luego me ha preguntado a mí y he tenido el impulso de decirle que he subido el Puerto de la Cadena en Murcia en verano, pero nada… me ha faltado inclinarme cual coreano mientras le decía “Only base camp, my friend.”
Atardeciendo me han puesto mi sopita y he echado un rato con mis mejores amigos, los suizos. Ha sido hacerse de noche y meterse un frío tremendo. La temperatura ha caído bajo cero en cuestión de media hora. Todo el mundo ha desaparecido buscando resguardo en sus carpas o sus tiendas. Yo me he puesto toda la ropa que tenía y del frío se me ha quitado hasta el hambre. Encima esta gente me pone comida para 3 pero tengo poquísima hambre entre la altura y el frío. A las ocho me he metido en mi tienda a sobrevivir. Lo chulo es que, al estar rodeados de glaciares y estar encima del glaciar, se escuchan constantemente desprendimientos. Parece cerca, pero el valle hace que retumben tanto que uno se imagina aplastado por una avalancha.
Me traje un medidor de la saturación de oxígeno para medirmela al despertar y al acostarme. Ahora, a 4.200 metros, un 93% con 60 pulsaciones en reposo. Ya se nota la altura bastante, pero lo que peor llevo es que se me coge una tos seca asquerosa. Pero mientras la saturación vaya bien, no debe haber problema.