SALAR DEL HOMBRE MUERTO. MINA INCAHUASI.
En este día salimos a las 8.00 y volvimos pronto a la tarde. El trayecto de la ruta del día era menor que los otros días y transitaba por la RP 43, la misma que nos trajo a la Puna desde El Eje. Esta carretera, de ripio, llega hasta la frontera con Salta y desde allí continua con la numeración 17 de la provincia de Salta. Actualmente hay proyecto de su asfaltado total.
La primera parada que hacemos es el Mirador de Paicuqui que se encuentra a 3700 msnm. Desde el mismo se distingue una bonita perspectiva de la “vega” con pastizales por la que discurre el río Punilla. En ese río se pueden pescar truchas. Y a esa veguita nos encaminamos.
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La ruta pasa por entre una serie de formaciones rocosas, un campo de rocas ignimbritas, que han sufrido erosión y por ello le llaman la quebrada del Leoncito por una roca que parece recordar ese animal. Claro que echándole imaginación… Me vinieron a la memoria unas rocas parecidas en el Altiplano de Bolivia.
Lo del leoncito no lo he visto figurar por ningún lado, quizá sea una “figura” e interpretación particular de esta empresa.


Campos amarillos de la paja brava, mas formaciones rocosas, “veguitas” con bonitas zonas verdes. Alguien, que estaría muy apenado, escribe en grande en una roca “Antoniella Traidora”. No nos enteramos de la trama de este desamor, como tampoco la reacción de la tal Antoniella

La carretera va bordeando el Salar del Hombre Muerto, con vistas parciales del mismo. En algunas panorámicas sobresalen afloramientos rocosos que asemejan islas en medio de un mar blanquecino.
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El Salar del Hombre Muerto es uno de los salares grandes de la Puna, 588 km2, a una altitud media de unos 4000 msnm. El salar es alimentado por las aguas del río de los Patos que, a su vez, ha recogido las aguas termales mineralizadas del río Aguas Calientes que tiene su nacimiento en los faldeos del Volcán Galán.
Junto con el salar de Uyuni y el de Atacama forman el llamado “triángulo del litio” que concentra el 65% de las reservas mundiales de ese mineral.
El Salar está siendo explotado por varias mineras, Al parecer debajo de su costra de sal tiene una salmuera de buena calidad para obtener litio y otros derivados. Para obtener estos materiales de la salmuera es necesaria mucha agua. Agua que no abunda en una zona árida y con escasez de lluvias. Algunos arroyos ya se han secado, como el Trapiche. La polémica está servida y no ha hecho más que comenzar. Es como el dicho “pan para hoy y hambre para mañana”. Solo que el pan para hoy es para unos cuantos solamente.
El Salar del Hombre Muerto además de ser un ecosistema vital es un lugar sagrado para la Comunidad de Atacameños del Altiplano. Al borde del salar y junto a una de las pistas se encuentran dos tumbas, una corresponde a un hombre que fue encontrado muerto en 1930 y enterrado allí mismo, dándole al salar su nombre tan curioso. Junto a ella está la tumba de Don Bernardo Guitián, que es el señor que lo encontró, murió en 1970 y pidió ser enterrado junto a él. Convirtiendo este lugar en un espacio de memoria para los habitantes del salar. Este Bernardo es el bisabuelo de un actual cacique, Román Guitián, que está luchando para que los camiones de las mineras no destrocen este lugar histórico de enterramiento.
Alcanzamos la zona donde se ubica la antigua Mina Incahuasi. De la época de los Incas, que es lo que dice su nombre. Lugar que ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.
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En esta mina se extraía oro. Además de los Incas, explotaron estas minas los españoles, los jesuitas y una última utilización realizada por argentinos en el período de 1938 a 1954, en que ya fue abandonada.
Las ruinas por tanto tienen restos de períodos antiguos y de la última utilización. Se pueden ver varios socavones dónde extraían el material, restos de pabellones y viviendas, horno de fundición, la capilla de los jesuitas.
También están los restos del antiguo cementerio utilizado en varios períodos.
Estuvimos caminando por entre los restos y se notaba la altitud en la que se encuentra.

Particularmente es una atracción que a mí no me dijo nada.
(Foto anterior de la empresa)
Si que me gusto la siguiente visita, la Laguna del Salar del Hombre Muerto. Esta laguna tiene varias superficies de agua que funcionan como un perfecto espejo en el que se doblan las montañas del horizonte. Los restos de sal no son muchos y parecen como sucios. Es como si algunas superficies del salar se hubieran ido reemplazando por pastizales en los que pastan varias vicuñas. También se podían ver algunos flamencos en la lejanía, pero no eran muchos.
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Ya de regreso pasamos por un paraje que llaman la Aguadita. Se ven unas ruinas de una antigua escuela, que también servía como albergue en épocas de mucho frío. Al parecer hay un proyecto para restaurarlo o construir un nuevo albergue con similar finalidad.
No muy lejos, en este mismo paraje de La Aguadita, nos detuvimos en una placeta delante de una pequeña casa de adobe. Una pareja joven atiende a los visitantes y les vende algunas bebidas y, posiblemente, algunas viandas. Hay unas rústicas mesas y taburetes donde sentarse y tomarse el bocadillo que nos habían preparado en nuestro hotel, “milanesa” de pollo.
Se nos acercó una pequeña vicuña que se había quedado huérfana y la pareja anfitriona estaba amamantando con biberón. Por ello esta vicuña no es salvaje y está acostumbrada a la presencia de humanos. En nuestro rato de estancia vimos como también alimentaron a otras crías de cabra y llamas. Una escena bastante tierna.
Por los alrededores se veían algunos cultivos que ellos mismos cuidan.
En este lugar suelen detenerse los viajeros que realizan los tours turísticos, como nosotros, y también los viajeros de paso hacia las minas. Coincidimos con una par de ellos que transportaban tuberías a una minera.
En este caso, tanto el turismo como lo relacionado con la minería favorece la forma de vida de esta gente.


Reanudando camino se pasa por la Laguna Caro antes de llegar a Antofagasta de la Sierra.

La ruta de este día fue más corta en recorrido y por la tarde tuvimos algo de tiempo para darle una vuelta al pueblo y hacer algunas pequeñas compras.
Como la hierba “pupusa” para hacer infusiones que ayudan a controlar los síntomas del “mal de altura”.
Ulises no había dejado de recordarnos, en los dos días que estábamos con él, que en la ruta del siguiente día, el Volcán Galán, se alcanzaba una altitud muy cercana a los 5.000 msnm. Y daba la impresión de que no confiaba en que nosotros lo podríamos soportar.
La pupusa es una planta que crece por encima de los 5000 metros y puede resistir las inclemencias climáticas de esta altitud, como nieve y hielo. Es de uso medicinal y se utiliza para varias dolencias, entre ellas mitigar los síntomas del apunamiento. Se toma normalmente en infusiones.
Una bolsita parecía tener un coste alto, pero si se tiene en cuenta que hay que subir a los montes de más de 5000 metros a recolectarla, pues ya no parece tan cara.





