SALAR DE ANTOFALLA. SALAR DE ARIZARO Y CONO DE ARITA.
La jornada de hoy era bastante intensa pues casi que abarcamos dos rutas en una. Si bien algunas paradas no se hicieron y eludimos alguna visita.
Una de las metas que tenía en este viaje era ver el Cono de Arita. Era una idea fija que tenía en mente.
Con todas las empresas y guías con los que estuve tratando las rutas me indicaban que para visitar el Cono de Arita había que hacer noche en el pueblo de Antofalla. Esta empresa de Sekun me la plantearon en un solo tirón y me pareció mejor idea. Pero fue algo paliza, sobre todo para nuestro conductor que tuvo que lidiar con horas y horas de conducción en caminos de huella y ripio poco amigables. Casi 350 km., según Google. Pero creo que está acostumbrado a ello.
A las 7.00 en punto nos estaba recogiendo en el hotel. Aún era de noche.
La laguna Sulfatera la pasamos en penumbra, su nombre indica la función que tuvo. De la misma se extraía sulfato hasta 1984. Y no parece estar en los circuitos turísticos, al menos yo no he visto su nombre en ninguno de ellos. Quizá sea la Laguna Colorada y Ulises la conoce por el otro nombre. Da igual porque poco pudimos ver de ella.
Por lo alto de la Sierra de Calalaste apenas si asoman los primeros rayos de sol comenzando a iluminar las plantas amarillas del coirón que le dan nombre al lugar. Calalaste en dialecto antiguo quiere decir eso, amarillo. Y a una pequeña manada de vicuñas que huyen a nuestro paso.
En esta quebrada de Calalaste hay un bofedal, o vega, como les llaman por acá, con el mismo nombre, y en la misma vive una pequeña comunidad, la familia Morales, que cultiva quinoa y pastorea llamas. Tienen la tradición de marcar las orejas de las llamitas con flores coloridas en una fiesta comunitaria.
También en este paraje se celebra en ocasiones ”El Chaku” captura de vicuñas.

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En la Puna de Catamarca las vicuñas son las reinas del paisaje. Está prohibida su caza. Pero si esta permitido, y es aconsejable, esquilarlas, quitarles su apreciado vellón de lana. Ese vellón se convierte en hilado y en preciados tejidos. El guía nos explicaba cómo se realiza la reagrupación de los animales y las zonas más apropiadas para ello.
La sucesión de montañas y colores es un verdadero festín para la vista. Pasamos el paraje Los Colorados, con las montañas que le dan nombre, otro bofedal.
Un cartel nos ha dado la bienvenida a la Comunidad Kolla Atacameña e indica 4.635 m.s.n.m.
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El auto sube ligero por una montaña, una más, y se detiene en la cima. Un cartel indica “Mirador Salar de Antofalla”. Uno de los Balcones del Salar. No estábamos alertados de lo que allí nos aguardaba. Un choque visual del que no creo que nos olvidemos fácilmente. Uno de los mejores momentos del viaje. Impactante y emocionante.
Este mirador te ofrece una de las vistas panorámicas más increíble y bella de toda la Puna de Catamarca, el Salar de Antofalla. Y no hay foto, por muy panorámica que sea, que pueda abarcar esta inmensidad.
Es un gran salar con una altitud media de 3900 m.s.n.m. y tiene una forma alargada y dicen que mide 150 kilómetros y una superficie de 500 km2
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Preside este paisaje inmutable de millones de años el volcán Antofalla, de 6409 m., con su cumbre nevada. El tercero más alto y activo del mundo. Lo acompañan otros vecinos de menos altitud pero que superan los 5000 ., Juntos forman la precordillera anterior a los Andes, el cerro Botijuela, el Conito de Antofalla, cerro de la Aguada..
Es un terreno árido, sin agua ni vegetación. Y aun así en un lateral, y al inicio de una quebrada, alberga una pequeña localidad, el pueblo de Antofalla, en donde habita la comunidad Kolla que vimos anunciada. Un pueblo con su propio cacique en el que se administran las atracciones de la zona.
Descendemos a nivel del salar y nos comunica que pararemos a ver Laguna Verde. El nombre no nos dice mucho, hay tantas lagunas con el nombre de Verde, Azul…; y de primeras solo vemos un pequeño charco y no parece que pueda ser una visita muy interesante. Nada que ver con la primera apariencia. Fue otro festival de cosas bonitas.
Laguna Verde
Área resguardada por la comunidad indígena de Antofalla. Sitio de Interés comunitario, científico y turístico.
Hay un letrero bajo una techumbre de madera que indica lo anterior. Explica algo de los microorganismos que allí habitan.
Investigaciones científicas han demostrado que existen microorganismos extremófilos, los fósiles más antiguos del planeta. Los que comenzaron a liberar O2 e iniciaron la creación de la capa de ozono. Científicos del CONICET le dieron a esta zona el nombre de Bosques del Salar.
En el letrero mencionado indica además que estos microorganismos soportan grandes cantidades de sal y radiaciones, pero que no soportan la contaminación que produce el hombre.
(Pues resulta que posteriormente a nuestro viaje, no hace mucho, leí una noticia en algún medio, que no recuerdo, indicando que esta atracción de Laguna Verde quedaba clausurada, hasta nuevo aviso, porque algunos turistas de un grupo organizado se habían bañado en una de estas lagunas. Y había hasta fotos. Lamentable. Su situación actual, la desconozco. Me imagino que se habrá restablecido la normalidad.)
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La Laguna Verde no es la laguna normal que acostumbramos a ver. Es otro concepto.
Consta de varias secciones que son como huecos en el salar rellenos de agua y festoneadas sus orillas por costras de sal que parecen pequeñas nubes de espuma por allí desparramadas. El agua puede presentar distintas tonalidades, verdosa, turquesa, azulona, ocre, marrón.. En varias de ellas el agua calmada hace como de espejo y refleja parte de las montañas, incluida la del pico nevado.
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Los circuitos normales continúan su andadura hacia el inicio de la quebrada en la que está el pueblo de Antofalla y luego el resto de visitas que se hacen en este Salar de Antofalla.
Nosotros no entramos en el pueblo y continuamos camino para salirnos del Salar, (al que más tarde volveremos) y tomar dirección hacia la frontera con la provincia de Salta y en ésta alcanzar el Salar de Arizaro.
Largo camino de huella que atravesamos en solitario, pero acompañados por un cielo azul despejado y cerros grises, marrones o coloristas que forman parte del Cordón de Calalaste que se alarga hasta Tolar Grande


En la frontera entre la provincia de Salta y Catamarca observamos en medio de estos paisajes áridos unas manchas verdes y alguna vivienda. Ulises dice que es Antofallita. Habitada solo por dos hermanos, un hombre y una mujer y que se llevan muy mal y ni se hablan. Es como un oasis en el desierto. En la parte de la mujer se observan más cultivos y un cierto esmero en la disposición de los mismos. Más adelante nos cruzamos con el hermano y su rebaño de ovejas.
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Al poco y a lo lejos creo que ya nuestro objetivo se deja ver en la lejanía.
El Salar de Arizaro tiene una superficie de 1600 kilómetros y dicen que es el mayor salar de Argentina.
Su mayor atracción es el Cono de Arita, precisamente la meta de esta gran desviación. Situado en el extremo sur del salar, más cercano a la zona catamarqueña.
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El Cono de Arita parece una pirámide, pero en realidad es una geo forma cónica, casi perfecta. Compuesta de rocas volcánicas y sal. Tiene una altura de 200 metros, 800 metros de diámetro y 2.4 kilómetros de perímetro.
Hay varios estudios realizados por geólogos que llegaron a la conclusión de que se trata de un volcán que no pudo explosionar. Por ello no tiene cráter ni coladas de lava. Lo que le rodea es sal negra. Las estrías que resaltan en sus laderas son producto de la erosión.
Su perfecta forma cónica resalta precisamente porque se encuentra solitario en medio del salar, como una isla. La magia que desprende tiene mucho que ver con esa forma de cono perfecto y la soledad absoluta que lo convierten en el actor principal de la escena.

Desde el letrero que señala la atracción se puede caminar, por encima del salar, hasta su base, pero está prohibido escalarlo.
Por restos encontrados se cree que el cono pudo ser un centro ceremonial
Allí mismo y sobre el capot de la camioneta (y con estas vistas del Cono), nos tomamos la tortilla de patatas que nos habían preparado en el hotel. La compartimos con Ulises pues él no se había llevado nada para comer. Con lo grande que es, a ver si se nos desmaya.
En este Salar también han llegado las explotaciones mineras. Cerca se ve movimiento de ello y la ruta que nos ha traído hasta su cercanía es obra de la minera que lleva a cabo el proyecto Lindero, una mina de oro a cielo abierto.
Desandamos camino y volvemos al Salar de Antofalla.
Nuestra siguiente visita es otra atracción de este salar, son los llamados Ojos del Campo.
Pequeñas lagunas interconectadas que tienen coloración diferente. Se lee por varios sitios que una es azul, otra negra y otra anaranjada. Reciben agua subterránea de características muy diferentes en salinidad y componentes químicos. Esto lo explica en un cartel que, además, advierte que el agua contiene arsénico. Y también indica que dicha atracción esta resguardada por la comunidad indígena de Antofalla.
En realidad hay más de tres lagunitas o pozas, son 12, y su coloración puede ser cambiante. De hecho la de color anaranjado, que son dos huecos formando casi un ocho, ya no tiene ese color. Ulises comenta que lo perdió después de que unos científicos experimentaran en la misma con algún componente. A saber…. Precisamente esa era la más emblemática y decían que su color anaranjado tenía su origen en el alga llamada dunaliella.
Hay quien dice que estos llamados Ojos de Campo son geiseres de agua salada apagados.
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Por la zona abundan los arbustos y el coirón o paja brava. Entre los arbustos había uno que los nativos llaman copa copa, es oloroso y sirve bastante para despejar la nariz y se utiliza como remedio para el mal de altura. Lo más incómodo es que tienes que dejarte la ramita en la nariz, pero es cierto que funciona. También se hacen infusiones con esta hierba con la misma finalidad.

En el camino de regreso a Antofagasta nos topamos con el Cono Salar de Antofalla, otra forma cónica casi perfecta. Sus tonalidades son mayoritariamente grises y no se alza sola como una isla en el salar. Por ello quizá no le hace ninguna sombra al Cono de Arita.
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Luego Ulises iba dirección el paraje de Botijuela. Pero el pobre llevaba ya conduciendo muchas horas y le dijimos que nos regresábamos. Que tampoco ver otro bofedal, o “vega” y una pileta con aguas termales, nos iba a reportar mucho más que todo lo que habíamos ya disfrutado a lo largo de nuestra travesía.
Pero la travesía aún nos tenía que ofrecer otras lindas postales de cerros y volcanes alrededor del salar, el cual atravesamos para regresar a Antofagasta, pasando por la Quebrada del Diablo.


El día había sido muy completo. No se podía pedir más.





