Este día el programa incluía dos visitas típicas en los cruceros del Nilo. En nuestro caso, al ir de Luxor a Asuán, primero tocaba Edfú y luego Kom Ombo. No recuerdo a qué hora nos citó nuestro guía para la primera salida, pero nos dio tiempo a desayunar tranquilamente aunque fue temprano. Nos habíamos habituado a madrugar y nos despertábamos antes de que sonara el móvil.
El templo de Edfú no está muy lejos del lugar donde amarran los barcos, pero hay varias circunstancias por las que no resulta recomendable ir por libre: la principal, que la escala de la motonave es muy ajustada y te puedes quedar en tierra. En nuestro caso, un empleado entregaba una tarjeta a cada pasajero que bajaba del barco y la requería a su regreso. Así, antes de zarpar, el total de las tarjetas entregadas tenía que coincidir con las recibidas.

Las agencias suelen hacer la excursión en coche, en calesa o en autobús. Nuestro guía nos llevó en tuc-tuc. Y fue una buena elección, pues aprovechamos para hacer un interesante recorrido por el centro de la población, viendo a la gente ocupada con sus cosas, los mercados, las casas, las mezquitas… Incluso tomamos un zumo recién hecho con trozos de muchas frutas que estaba de vicio. Obsequió de nuestro guía, por cierto. Me gusta mucho reflejar la vida cotidiana de las personas (con todo el respeto del mundo), así que hice un montón de fotos.
Imágenes de Edfu.








Templo de Horus en Edfu.
Horario: abre a las 07:00 am, salvo domingos y miércoles, que abre a las 06:00 am; última entrada a las 04:00 pm.
Precio: adultos, 550 EGP; estudiantes, 275 EGP.

Situado a mitad de camino entre Luxor y Asuán, es uno de los templos mejor conservados del antiguo Egipto y el segundo más grande, superado solo por Karnak. Se empezó a construir durante el reinado de Ptolomeo III Evergetes en el año 237 a.C. y se finalizó 80 años después. Durante las campañas napoleónicas estaba sepultado unos doce metros bajo la arena y su excavación la inició el egiptólogo francés Auguste Mariette en 1860.


Tras el pilono, de 36X74 metros, se accede a un gran patio rodeado de columnas, al final del cual, flanqueando la entrada a la sala hipóstila, hay dos estatuas de 3,2 metros de altura que representan al dios halcón, Horus, coronado con la doble corona del Alto y Bajo Egipto. Según la mitología egipcia, en este templo tuvo lugar un feroz combate entre Horus y su tío Seth, que había asesinado a su hermano Osiris, el padre de Horus.



La sala hipóstila está sostenida por 18 columnas monumentales, extraordinariamente decoradas; los muros cuentan con gran cantidad de relieves con las imágenes de los monarcas ptolemaicos y en los techos hay representaciones astronómicas. Es interesante que te vayan explicando lo que significan las escenas, ya que las hay muy curiosas.




Los números.

Una segunda sala hipóstila era la antesala del santuario, donde se encontraba la barca sagrada y el monolito de granito donde se hallaba la imagen de oro del dios Horus. En esta zona, se suele apiñar la gente para tomar una foto. El grueso suelen ser grupos, así que lo mejor es esperar unos minutos a que se retiren y regresar después. Yo lo hice así y a la vuelta no había nadie.


Después de recibir todas las explicaciones oportunas por parte de nuestro guía, estuvimos casi una hora recorriendo el recinto: corredores exteriores, escaleras, murallas, etc. Hay muchos detalles interesantes en los que fijarse, si bien nosotros al ser nuestra segunda vez ya teníamos bastante trillado el templo. En cualquier caso, fue un placer verlo de nuevo.



Escalera.

