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Aunque siempre solemos empezar el relato de un nuevo día con un: “El día amaneció…” la verdad es que, esta vez, el día empezó antes de que el sol saliera por el horizonte. Y es que, como teníamos que coger el ferry a Labrador a las 8h y nos pidieron que estuviéramos 1 hora antes, nos levantamos a las 4h45.
Desde el alojamiento había unos 100 km (1h15) hasta la terminal del ferry y queríamos ir con algo de margen por si surgía cualquier imprevisto. El termómetro no subía más allá de los 4 y caía, lo que en el norte llamamos xirimiri (lluvia fina persistente que parece que no moja, pero que cuando te das cuenta, vas calado hasta los huesos, jejeje).
Desde el alojamiento había unos 100 km (1h15) hasta la terminal del ferry y queríamos ir con algo de margen por si surgía cualquier imprevisto. El termómetro no subía más allá de los 4 y caía, lo que en el norte llamamos xirimiri (lluvia fina persistente que parece que no moja, pero que cuando te das cuenta, vas calado hasta los huesos, jejeje).

Siempre habíamos oído que los mayores momentos de actividad de los animales son al amanecer y al atardecer y lo pudimos comprobar por nosotros mismos cuando en cuestión de 30 km nos cruzamos con cuatro parejas de moouses (madre y cría) y una pequeña manada de caribúes. De los mousses no tenemos fotos porque no había mucha luz y tampoco queríamos liarnos, porque nos conocemos y el ferry no iba a esperar por nosotros.
También tuvimos un pequeño susto con un conejo/liebre que nos encontramos por el camino. Estaba en la mitad del carril contrario y justo, cuando estábamos llegando a su altura, se asustó (suponemos que las luces del coche, le cegaron) y echó a correr hacia nuestro carril. Menos mal que habíamos reducido la velocidad y le pudimos esquivar.
A las 6h30 llegamos a la terminal de ferry y ya había coches haciendo cola para embarcar. Sólo tuvimos que enseñar el correo que nos habían enviado con el código QR y listo. Rápido y sencillo. Nos asignaron una de las filas de embarque y nos dijeron que no nos alejásemos mucho del coche porque el embarque empezaría a las 7h. Mientras esperamos la llamada, aprovechamos para desayunar y yo para tomar la biodramina para el mareo.
También tuvimos un pequeño susto con un conejo/liebre que nos encontramos por el camino. Estaba en la mitad del carril contrario y justo, cuando estábamos llegando a su altura, se asustó (suponemos que las luces del coche, le cegaron) y echó a correr hacia nuestro carril. Menos mal que habíamos reducido la velocidad y le pudimos esquivar.
A las 6h30 llegamos a la terminal de ferry y ya había coches haciendo cola para embarcar. Sólo tuvimos que enseñar el correo que nos habían enviado con el código QR y listo. Rápido y sencillo. Nos asignaron una de las filas de embarque y nos dijeron que no nos alejásemos mucho del coche porque el embarque empezaría a las 7h. Mientras esperamos la llamada, aprovechamos para desayunar y yo para tomar la biodramina para el mareo.

A las 7h en punto, empezamos a ver movimiento de personal en la “boca” del ferry y comenzamos a embarcar. Fue curioso ver cómo la gente, en vez de ir a reservar sitio para el viaje, fue directamente a la cafetería a pedir el desayuno y no precisamente un café con leche (ya nos entendemos).

Con puntualidad canadiense, a las 8h zarpamos del puerto de St. Barbe hacia Blan Sablon, en la provincia de Quebec. ¡Nos vamos a Labrador!

Del viaje, nada especial que contar. El mar estaba bastante tranquilo, y como además me había tomado “la pastilla mágica” no tuve ningún síntoma de mareo. Aprovechamos la tienda de suvenires del ferry para comprar unas camisetas bien chulas de Labrador y algún que otro recuerdo más.
A la altura de la Ile au Bois, pasamos bastante cerca de un ferry que estaba a la deriva. No era tan grande como el ferry, pero era bastante grande. Y poco antes de las 10h llegamos a Blanc Sablon. Como curiosidad, contar que el reloj de coche se volvió un poco loco ya que, como hemos dicho, Blanc Sablon pertenece a la provincia de Quebec y tiene un huso horario diferente a Terranova y Labrador.
A la altura de la Ile au Bois, pasamos bastante cerca de un ferry que estaba a la deriva. No era tan grande como el ferry, pero era bastante grande. Y poco antes de las 10h llegamos a Blanc Sablon. Como curiosidad, contar que el reloj de coche se volvió un poco loco ya que, como hemos dicho, Blanc Sablon pertenece a la provincia de Quebec y tiene un huso horario diferente a Terranova y Labrador.

Tal como nos ocurrió en 2015 al atravesar parte de la provincia de Quebec para ir de Florenceville-Bristol (New Brunswick) a Toronto (Ontario), nos llamó la atención que las señales de tráfico pasaran a estar principalmente en francés (algo lógico, dado que Quebec es una provincia francófona).


Poco antes de entrar de nuevo en Terranova y Labrador, hicimos una parada técnica y también aprovechamos para comprar unos hot chocolates y algo para untar $8 (5,14€). De nuevo, el reloj del coche sufrió un pequeño shock al tener que volver al huso horario anterior. Seguro que pensó que estábamos dando vueltas en círculo, jejeje

Como solo íbamos a estar un día en Labrador y queríamos hacer muchas cosas, decidimos que lo mejor era ir al sitio que estuviera más lejos del alojamiento y luego ir acercándonos a medida que pasara el día. Por eso, pusimos rumbo a Red Bay, situado a unos 84 km (1h15).


Antes de seguir con el relato de la visita a la Estación ballenera vasca de Red Bay, tenemos que hacer un pequeño paréntesis y hablar sobre los astilleros Albaola en Pasai San Pedro (Gipuzkoa).

Albaola no sólo es un museo, es un astillero (o una factoría como reza en su página web) en funcionamiento donde se construyen embarcaciones históricas siguiendo técnicas tradicionales. En nuestra visita, pocas semanas antes de viajar a Terranova y Labrador, pudimos ver a artesanos trabajando en tiempo real, algo muy poco común en centros culturales marítimos. El objetivo central es rescatar y poner en valor técnicas navales antiguas, muchas de ellas casi desaparecidas. Esto incluye carpintería de ribera, herrería naval, diseño de cascos tradicionales y métodos de navegación históricos.
En la exposición dedicada a los balleneros vascos conocimos la historia de aquellos intrépidos marineros que recorrían miles de kilómetros hasta las costas canadienses para cazar ballenas y convertir su grasa en “oro líquido”.
En la exposición dedicada a los balleneros vascos conocimos la historia de aquellos intrépidos marineros que recorrían miles de kilómetros hasta las costas canadienses para cazar ballenas y convertir su grasa en “oro líquido”.

El proyecto más importante ha sido la construcción de una réplica a escala real del ballenero hundido en Labrador (Canadá) en 1565. Se emplearon los mismos materiales y técnicas del siglo XVI: madera de roble labrada a mano, alquitrán vegetal y sogas de cáñamo tradicionales. Esta reconstrucción está abalada por la UNESCO.


...continuará
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