![]() ![]() Irlanda, la Isla Esmeralda ✏️ Blogs de Irlanda
Recorrido de 21 días por un país verde, lleno de historia, ovejas y sobre todo, impresionantes paisajes. Incluye escapada a Irlanda del NorteAutor: Highlands_2003 Fecha creación: ⭐ Puntos: 4.9 (16 Votos) Índice del Diario: Irlanda, la Isla Esmeralda
01: Preparación del viaje
02: Llegada a Irlanda
03: Glendalough y Wicklow Mountains
04: Sur este de Irlanda: península de Hook
05: Kilkenny y alrededores
06: Rock of Cashel y la elocuencia de Blarney
07: Cobh y el anillo de Beara
08: El Anillo de Kerry y la península de Dingle
09: Península de Loop Head
10: Clonmacnoise, el Burren y los acantilados de Moher
11: Kinvara, Galway y la Abadía de Kylemore
12: Aughnanure, Downpatrick Head y Glencar
13: Mina Arigna, Carrowmore, Sligo y Gleniff Horseshoe
14: Donegal I: Glengesh y acantilados Slieve League
15: Donegal II: Crohy Head Sea Arch y Faro de Fanad
16: Irlanda del Norte I: Derry y la Calzada del Gigante
17: Irlanda del Norte II: la ruta de Juego de Tronos
18: Irlanda del Norte III: Belfast
19: Irlanda del Norte IV: Faro de St. John's y Tollymore Forest
20: Dublín y alrededores
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Etapas 10 a 12, total 20
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El despertador volvió a sacarnos de la cama a las 7h y tras asearnos y dejar recogida la habitación, bajamos a desayunar. La dueña, al oírnos entrar en el comedor, salió de la cocina para indicarnos cuál era la mesa que habían preparado para nosotros (y ya sería la misma el resto de mañanas). La buena mujer, le preguntó a Anna sí había cambiado de opinión con respecto al desayuno, pero la respuesta era que no había cambio de parecer. Dijo que le volvería a preguntar al día siguiente, por si acaso …. ¡pobre! ¡era una batalla perdida de antemano! . Casualidad que coincidimos con una familia italiana que también estuvo en el B&B de Killarney.
A las 9h dejamos el B&B y pusimos rumbo a nuestra primera del día. El complejo monástico de Clonmacnoise, en el condado de Offaly, a una hora de Kinvara. El termómetro del coche marcaba 10 °C con nubes y claros en el cielo. De Kinvara, salimos hacia el norte por la M18 hasta que nos cruzamos con la M6 (de pago 1,90€) a la altura de Athenry. ![]() A las 10h llegamos a Clonmacnoise y tras validar las entradas con nuestras tarjetas OPW, pasamos a una pequeña sala donde vimos un audiovisual con un resumen de la historia de este monasterio. El precio de la entrada si no se tiene la tarjeta OPW es de 8€ por persona. El parking es gratuito.
![]() ![]() ![]() Tras el breve video, dimos comienzo la visita en una sala anexa donde se encuentra una exposición con piezas originales como son la Cruz Sur y la Cruz de las Escrituras. La de la Escrituras (foto de la izquierda), de origen celta, es una de las cruces originales mejor conservadas de Irlanda. El pie y la corona, en forma de aro, se tallaron a partir de un bloque de arenisca alrededor del año 900 y en ella se pueden ver escenas religiosas como la crucifixión, el juicio final o Cristo en el sepulcro. ¡Una maravilla!
La Cruz Sur también de origen celta está tallada en piedra arenisca con adornos bastante abstractos entrelazados. En el pie de la cruz hay una representación de la crucifixión de Cristo, cosa extraña porque este tipo de escenas, se suelen colocar en la parte de la corona. Se cree que esta cruz pudo ser tallada en el siglo IX. ![]() Una vez que salimos al exterior, nos dedicamos a recorrer el complejo monástico. No habían llegado aún los grupos así que más o menos, pudimos hacer la visita sin mucho agobio.
Hay dos torres circulares dentro del monasterio. Una de ellas está anexa a los restos del Templo de Finghin. La Torre Circular (principal) perdió gran parte de la parte superior debido a la caída de un rayo en el año 1135. Aun así, sigue siendo un buen ejemplo de campanario, elemento típico de las iglesias irlandesas. La Catedral, que es la iglesia más grande de Clonmacnoise, fue construida en el año 909 por Flann Sinna, rey de Tara y por Colmán, abad de Clonmacnoise. Aunque el edificio está bastante deteriorado, tiene bien conservado el muro norte, construido con piedras de arenisca. Las cruces que se pueden ver en el exterior son réplicas de las expuestas en el museo del centro de visitantes y trasladadas a una atmosfera controlada para poder preservarlas de las inclemencias climatológicas y de los otros posibles deterioros. ![]() ![]() ![]() El 30 de septiembre de 1979, el Papa Juan Pablo II visitó Clonmacnoise y celebró una misa multitudinaria donde acudieron más 30000 fieles.
![]() Vimos que el recinto se empezaba a llenar de gente así que pensamos en volvernos al museo para poder ver el resto de piezas con tranquilidad. En las siguientes fotos se pueden ver algunas de las lápidas con inscripciones celtas.
![]() ![]() Para acabar la visita, una pasadita por la tienda para hacer alguna comprilla y tomarnos dos hot chocolates no muy buenos. Salimos hacia nuestra segunda parada del día sobre las 11:30, el Parque Nacional El Burren.
Tuvimos que deshacer gran parte del recorrido que habíamos hecho para llegar a Clonmacnoise, pagando de nuevo los 1,90€ para circular por la autopista M6 hasta Athenry. Paramos también en la intersección con la autopista M5, cerca de Vermont, para echar gasolina 27,95L x 1,449€ = 40,50€ y comprar la comida. Dos bocatas con refrescos por 13,00€. Como no queríamos perder mucho tiempo sentándonos a comer, lo hicimos de camino al Burren. Aprovechamos también para comprar la cena. Dos “wraps” y fruta por 14,40€. ![]() ![]() Una vez que abandonamos la autopista M8, y cogimos la carretera R460 en dirección a Corofin, pueblo donde se encuentra el centro de visitantes del Parque Nacional El Burren. Antes de llegar pasamos por el pueblo de Grot, y aunque no paramos, sacamos una foto desde el coche del monasterio del Kilmacduagh con su torre circular, una de las más altas de Irlanda y datada a finales del siglo XI.
Sabemos de la tradición católica y lo religiosos que son en este país. A nosotros nos sigue llamando la atención ver a la salida/ entrada de un montón de pueblos, estatuas de la Virgen en pequeños altares, o también puedes encontrártelas en rotondas como por ejemplo la de Corofin. ![]() A las 13h30 llegamos al centro de visitantes del parque y ¡qué casualidad! Estaba cerrado porque era la hora de comer. Como todavía quedaba media hora para que volvieran a abrir, decidimos que no merecía la pena esperar y nos fuimos al parking desde donde sabíamos que comienzan las caminatas.
El Burren abarca el 1% de la superficie terrestre de Irlanda y tiene tamaño aproximado de 360 kilómetros cuadrados. La mayor parte del Burren está protegido como un espacio especial de conservación por contener un hábitat extremadamente inusual. El Parque Nacional El Burren se encuentra en la esquina sureste del Burren y tiene aproximadamente 1500 hectáreas (15 kilómetros cuadrados) de tamaño. El terreno del Parque fue comprado por el Gobierno para la conservación de la naturaleza y el acceso público. Dentro del parque se pueden ver los principales hábitats del Burren: piedra caliza, pastizales calcáreos, bosques de cenizas/avellanas, lagos, y acantilados. De las diferentes rutas que se pueden hacer, nosotros elegimos la de color azul. La verdad es que quitando las rutas naranja y blanca, que no suben hasta la cima de Mullaghmore, las otras tres (roja, azul y verde) son bastante parecidas y lo que las diferencia es el camino de vuelta. La ruta roja no es circular y va hasta Coolorta. La verde, una vez en la cima, regresa por el mismo camino. Y la azul, después de coronar la cima, la rodea haciendo que el camino de vuelta sea algo diferente. Tenemos que avisar que las rutas verdes, roja y azul están marcadas como difíciles, con un recorrido entre 6,5 y 7,5 kilómetros y con una duración aproximada de unas tres horas. Nosotros, que nos consideramos sólo unos senderistas entusiastas, no tuvimos problemas para hacer la ruta azul, pero si tenemos que decir que, debido al tipo de roca, es necesario llevar unas buenas zapatillas de trecking. Y tomarlo con calma para disfrutar de lo curioso del paisaje y el entorno. ![]() ![]() Todo el recorrido está convenientemente señalado y es imposible perderse (por lo menos, con buen tiempo). Lo únicos que hay que hacer es no salirse de los caminos marcados con postes con los círculos de colores.
![]() En la serie de fotografías que viene a continuación os enseñamos los paisajes que pudimos ver disfrutar mientras hicimos el recorrido. Para hacer los 7,5 kilómetros de la ruta azul, nosotros tardamos aproximadamente dos horas y media y eso que somos de los que paramos para sacar fotos. Eso sí… como parte de la vuelta era terreno conocido, volvimos más “ligeritos”.
![]() ![]() ![]() ![]() Las vistas desde la cima de Mullaghmore nos dejaron sin respiración ¡literal!, aunque igual era porque el último tramo de subida fue “complicadillo”, jejeje. En cualquier caso, eran impresionantes.
Tenemos que decir que el Burren era un lugar que no habíamos visitado en 2006 y la verdad es que nos gustó mucho. Supongo que también tuvo que ver que tuvimos un día perfecto: buena temperatura para caminar, nada de lluvia y unas bonitas nubes salpicando el cielo de las fotos. ![]() Terminado el recorrido y de vuelta en el coche nos pusimos en movimiento. Tras una breve parada técnica cerca de Doolin, llegamos al aparcamiento de los Acantilados de Moher sobre las 17h15. El precio de la entrada es de 8€ por persona, aunque creemos que lo que se paga es el parking y el acceso al centro de visitantes (donde están los baños, por cierto), porque cuando se accede a la zona de los acantilados, no hay nadie que te pida la entrada. Una forma de ahorrarse unos €urillos es sacar las entradas anticipadamente por internet ya que el descuento es del 50%. El precio de la entrada da acceso durante un tiempo limitado y te avisan de que, si vas fuera de tu hora, te pueden exigir pagar 4€ adicionales. Nosotros, como teníamos claro que queríamos visitar los acantilados al atardecer, sacamos nuestras entradas para la franja comprendida entre las 16h y las 19h (hora a la que cierra el centro de visitantes). Nosotros teníamos miedo de que cerraran también el parking, pero preguntamos y nos dijeron que el parking no cierra para que los visitantes puedan irse a la hora que quieran.
Los precios de las entradas se emplean para cubrir los gastos derivados de mantener y mejorar las instalaciones, además se realiza una importante contribución a la preservación del medio ambiente. ![]() ![]() Los Acantilados de Moher son la atracción natural más visitada de Irlanda. Se extienden a lo largo de ocho kilómetros y la altura máxima es de 214 metros. El nombre de los acantilados viene de las ruinas de un fuerte llamado “Mothar” y que fue demolido durante las guerras napoleónicas para dejar sitio a la torre de señales en Hag’s Head.
Hace 320 millones de años (casi nada…), durante el periodo denominado “carbonífero superior”, la zona era mucho más cálida. Estaba situada en la desembocadura de un gran río que fluía arrastrando gran cantidad de barro y arena que fueron acumulándose a las orillas del cauce formando las capas de rocas que pueden verse en la actualidad. Los acantilados son el hogar de la mayor colonia de aves de Irlanda y en ellos anidan unas 20 especies de aves, entre la cuales están los araos aliblancos, fulmares y hasta una pareja de halcones peregrinos. Además, también hay una colonia bastante abundante de nuestros amigos, los frailecillos, que anidan en Goat Island. Desgraciadamente, en septiembre estas aves ya han partido hacia el norte. Cuando visitamos los acantilados en 2006 estaba todo como más “virgen” y no había tantos visitantes. Incluso había una plataforma de piedra que hacía las veces de mirador. Esa plataforma no tenía ningún tipo de protección y suponemos que habrá habido algún que otro accidente, razón por la cual, ya no se puede acceder (sin saltarse la normas, claro). La zona más concurrida de los acantilados está protegida con unas losas de piedra (que tampoco había antes) situadas de forma que impiden que los visitantes se acerquen demasiado al borde. Esta zona es famosa por los fuertes vientos, que pueden provocar caídas inesperadas. Pero siempre hay gente a la que el riesgo “le mola”. Es una batalla perdida por que los selfies “al límite” son lo más … ![]() Mientras llegaba la hora del atardecer, aprovechamos para dar un paseo a lo largo de los acantilados. Primero hacia la torre O'brien, el punto más alto y después hacia el lado opuesto, hacia la zona conocida como plataforma sur.
![]() Como queríamos tener un buen sitio donde disfrutar del atardecer, regresamos a la zona de las escaleras y “nos plantamos” junto a uno de esos catalejos que suele haber en las zonas turísticas. El peldaño nos servía para tener un punto de vista un poco más alto. Según se iba acercando la hora del atardecer, las escaleras se fueron llenando de visitantes y nosotros aprovechamos para cenar tranquilamente.
Pocos minutos antes de las 20h, el sol comenzó a ocultarse por el horizonte y el cielo se tiñó de dorado. Sí a todo esto le unes el sonido de una gaita irlandesa sonando de fondo, el momento resultó un precioso espectáculo. ![]() Y espectáculo, el que montó también un grupo numeroso que llegó en los últimos momentos y que iban a cenar en el centro de visitantes. Con gran alboroto y follón, gritos y carreras de un lado a otro para sacarse selfies sin ton ni son, rompieron un poco la magia. Rematándolo todo con subidas a las losas y haciendo que los vigilantes acudiesen a pedirles que bajasen. Tal cual llegaron en montonera, marcharon. Un grupo de percusión estuvo por los alrededores amenizando y entreteniendo al personal.
Camino del parking la luna casi llena, estaba especialmente grande y de un color amarillo intenso. ![]() ![]() Sobre las 21h nos despedimos de los acantilados y regresamos al B&B. Por el camino paramos a comprar unos cafés para ir con el estómago calentito a la cama, jejeje. Cuando llegamos a la casa y mientras descargábamos las fotos, hicimos una valoración de un día que resultó ¡redondo!
*** final del día 10 ***
. Etapas 10 a 12, total 20
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En vista de que el castillo de Dunguaire no tenía hora de apertura hasta las 10h, nos levantamos con algo más de calma. En el comedor, nuestra anfitriona volvió a intentarlo con el desayuno de Anna, pero le salió rana. En la mesa de al lado, un matrimonio de California, con los que estuvimos entretenidos charlando un buen rato.
A las 9h nos montamos en el coche, y aunque el cielo está despejado, soplaba un poco de brisa y esos 11ºC que marca el termómetro, se nos hacen un poco más frescos. Paramos un momento en Kinvara para comprar algo de comida y para sacar dinero del cajero. Por despiste, no habíamos tenido en cuenta que este alojamiento había que pagarlo en efectivo. (Aplicaron un 3% de comisión a la operación). Realmente hasta el castillo, se puede ir andando desde el pueblo. Pero sí vas a marchar a otro sitio de seguido, hay un pequeño parking gratuito habilitado para las visitas. ![]() ![]() El castillo de Dunguaire fue construido en el año 1520 y debe su nombre al rey Guaire de Connaught que vivió en el siglo VII. Aunque se conservan restos medievales, el actual castillo data del siglo XVI. Tras pasar por varios dueños, en 1954 el castillo fue adquirido por Christabel, Lady Ampthill quien completó la restauración en 1966. En 1972 el castillo pasó a manos de la Compañía para el desarrollo del área de Shannon. El comedor se alquila para la celebración de actos y banquetes amenizados con música celta. El precio de la entrada es de 8€ por persona y la visita es auto-guiada. No entra dentro de la Heritage Card.
![]() Aunque se le llama castillo de Dunguaire, no es un castillo como tal sino una “casa torre” típica del siglo XVI. Las casas torres eran residencias fortificadas construidas por nobles o granjeros adinerados.
![]() ![]() Durante nuestra visita coincidimos con un grupo de monjes budistas, con sus túnicas color mostaza. Al subir a la última planta de la torre, se puede acceder a la balconada exterior, muuuuuuyyyyyy estrecha donde tuvimos la oportunidad de charlar unos minutos con uno de los monjes a través de su intérprete. Y al retirarse para bajar la escalera de caracol, hicimos una foto que a nosotros nos gusta mucho. Quizás por el contraste del gris y el naranja. En fin, que nos desviamos y queríamos deciros que, desde arriba, se tiene una bonita vista de Kinvara, con las azules aguas de la bahía de Galway en primer plano.
![]() ![]() Fuera ya del recinto, sacamos una última foto del castillo y pusimos rumbo hacia nuestra siguiente parada del día, la catedral de Galway.
![]() Sí nos preguntáis qué visteis de Galway, qué os gustó más, etc, etc…. pues no tenemos respuesta. Nuestra visita fue única y exclusivamente a la Catedral. Habíamos visto algunas fotos del interior y nos habían gustado. Alguno pensará que vaya pérdida de tiempo o por qué no visitar la ciudad ya de haber llegado hasta allí. Pero sí habéis leído algún otro diario nuestro, no somos amigos de las ciudades porque te hacen perder mucho tiempo y las evitamos a no ser que sea imprescindible. Pero es un tema muy personal, claro está.
![]() Total, que como sólo queríamos visitar la catedral, no nos preocupamos de buscar aparcamiento y fuimos directos al parking de la catedral (1,50€). Aunque la entrada es gratuita, “sugieren” una donación de 2€ por visitante que se dedican para la conservación de la propia catedral.
La catedral de Galway es relativamente nueva y ocupa los terrenos de la antigua prisión de la ciudad que fue derribada en la década de 1940. En octubre de 1957, el arzobispo de Armagh, el cardenal D’Alton bendijo el lugar y puso la primera piedra. Como datos curiosos, la catedral tiene una longitud de 92 metros y una altura máxima en la zona de cúpula de 39 metros. ![]() La catedral se inauguró oficialmente el 15 de agosto de 1965 con una misa oficiada por el Cardenal Cushing, arzobispo de Boston. La cúpula, los pilares y los arcos son de estilo renacentista, pero también se pueden ver otros estilos como los del rosetón y los mosaicos.
![]() La catedral es de piedra caliza procedente de la cantera de Anglingham y el suelo, hecho con paneles de color negro y sepia son de mármol de Connemara. Además de la cúpula, una de las cosas que más nos gustaron, fueron las vidrieras en los laterales de la catedral.
![]() ![]() Pasado el mediodía, dejamos Galway y tomamos la carretera N59 en dirección al Parque Nacional de Connemara donde íbamos a visitar la abadía de Kylemore, además de recorrer todo lo que nos diera tiempo. Mientras pasábamos por Oughterard, pudimos ver una manifestación a favor de la conservación de los lagos de salmones. Parecer ser que habían introducido otras especies en los lagos de la zona que estaban haciendo desaparecer las especies autóctonas como las truchas y salmones. ![]() ![]() A las 13h30 hicimos una parada técnica a la altura de Maan Cross. Y resultó ser una visita muy entretenida. Los baños están dentro del hotel porque la gasolinera no tiene. No nos pusieron ningún problema, aunque pasas por delante de la recepción. Y alrededor de la gasolinera pudimos ver que había bastante alboroto, trajín de camionetas y gente de un lado para otro. Incluso alguna furgoneta vendiendo artículos vintage de segunda mano. Nos picó la curiosidad y aparcamos el coche para seguir los murmullos y darnos de bruces con un pabellón lleno de ovejas y paisanos. El revuelo y el bullicio, era considerable. Estábamos en una feria de ovejas y pudimos presenciar en directo cómo se hacía la subasta. Echad un vistazo al video y el que consiga entender la suma de dinero por la que venden el lote, está invitado a unas cervezas. Jejeje…
![]() Cuando consideramos que ya habíamos cotilleado suficiente, un food truck estaba instalado en las inmediaciones y muy a mano. Así que caímos en la tentación de cogernos unas patatas con queso (4€) que nos sirvieron como aperitivo a lo que ya habíamos comprado a la mañana.
![]() Unos kilómetros después giramos a la derecha hacia la carretera R344 en dirección a Kylemore. Aunque todavía no estábamos dentro de los límites del Parque Nacional de Connemara, entre lagos y montañas, los paisajes que nos fuimos encontrando iban dándonos una idea de increíblemente bonito que es este paraje.
![]() ![]() La historia de la Abadía de Kylemore ha sido bastante convulsa y abarca más de 150 años de tragedia, romance, innovación, educación y espiritualidad. Construido como un imponente castillo en 1868, ahora es la abadía y el hogar de la comunidad de monjas benedictina.
Las monjas benedictinas llegaron a Kylemore en 1920 después de que su abadía en Ypres, en Flandes, fuera destruida en los primeros meses de la Primera Guerra Mundial. Originalmente, los terrenos donde hoy se encuentra la abadía, eran un coto de caza y se cuenta que Mitchell Henry y su esposa Margaret Vaughan visitaron Connemara durante su luna de miel. A Margaret le gustó tanto Connemara que su marido volvió y compró las 6000 hectáreas como regalo y muestra de su amor, creando uno de los castillos más hermosos de Irlanda. Desgraciadamente Margaret no pudo disfrutar mucho tiempo de Kylemore ya que, durante un viaje a Egipto, enfermó de disentería y murió 16 días después. En su honor, su marido trasladó el cuerpo de Margaret hasta Kylemore donde fue enterrada en un mausoleo dentro de los terrenos de la abadía. Mitchell Henry murió en noviembre de 1910 con 84 años en Leamington, Inglaterra. Tras su incineración, sus cenizas fueron trasladadas a Kylemore y descansan junto a su esposa. ![]() Las entradas para visitar Kylemore cuestan 14€ por persona, aunque hay un descuento del 5% si se compran anticipadamente a través de la página web. La entrada da derecho a visitar el castillo (las habitaciones restauradas de la planta baja), el mausoleo, la iglesia neo-gótica y los jardines victorianos amurallados.
Las visitas son auto-guiadas, aunque dan charlas gratuitas a las 11h30, 13h00 y 15h00 sobre la historia de la abadía y duran aproximadamente 20 minutos. No sirve la Heritage Card. En nuestra visita anterior a Irlanda, solo la habíamos visto desde la carretera. Sacamos “la foto”, pero no la visitamos. Esta vez sí queríamos hacerlo. ![]() ![]() ![]() Nosotros empezamos por el castillo visitando todas las estancias abiertas al público. Desde un salón dedicado a la historia de las monjas benedictinas, la biblioteca (fotos a continuación), la sala de estar o el comedor. ¡Todo lleno de detalles!
![]() ![]() ![]() ![]() La sala de estar era la habitación preferida de Margaret y la sala principal para el entretenimiento y para recibir a los invitados. Esta era la habitación donde se retiraban las señoras después de cenar a disfrutar de “pasatiempos típicos de las damas”, como la lectura o la costura. Entre los objetos de interés de esta habitación se encuentra una chimenea de mármol de Carrara y una réplica de un deslumbrante vestido rosa de Margaret.
![]() ![]() La habitación que quizás, más nos gustó, fue el comedor con su chimenea de mármol negro y su aparador acristalado de estilo gótico en el lado opuesto de la habitación. Por supuesto, no podía faltar una gran mesa donde se debieron servir opulentos banquetes. Entre platos, bajo platos, copas y cubiertos, dan para varios lavavajillas, jejeje.
No os dejéis engañar por las fotos sin gente. Es un sitio muy visitado. Nosotros tenemos muuuuuuchaaaaa paciencia para esperar a que no haya nadie cuando no nos interesa. jajaja ![]() ![]() ![]() Tras la visita al castillo, fuimos dando un paseo hasta la iglesia neo-gótica, que está considerada como una catedral en miniatura y fue construida por Mitchell Henry en memoria de su esposa Margaret.
![]() ![]() Nuestra siguiente parada fue los jardines victorianos amurallados. Aunque se puede llegar andando, hay un autobús (gratuito) desde el centro de visitantes. Nosotros, como no teníamos demasiado tiempo, sacrificamos el paseo por poder dedicar más tiempo a los jardines.
![]() Lo primero que tuvimos ocasión de ver, fueron unos curiosos inquilinos de los jardines, la cerda Gloria y el cerdo Ken. Los nombres se los pusieron unos grupos de niñas y niños que visitaron la abadía y los jardines durante la pascua de 2018.
![]() Ubicado en medio de un pantano irlandés, el jardín victoriano de Kylemore fue construido en la misma época que el castillo y llegó a contar con 21 invernaderos climatizados y un grupo de trabajo de 40 jardineros. Debido a su grandeza, los jardines de Kylemore fue comparado en magnificencia con Kew Gardens en Londres. Como dato curioso, decir que en los jardines sólo hay plantas y flores introducidas en Irlanda antes de 1901.
![]() ![]() ![]() Con el paso de los años, el jardín se fue descuidando y quedó completamente cubierto, con zarzas y árboles que ocultaban todos los rastros de su antiguo esplendor. Las monjas benedictinas iniciaron un amplio programa de restauración en 1995 y en el año 2000 el jardín fue abierto al público. El proyecto de restauración de los Jardines de Kylemore ganó el prestigioso Premio Europa Nostra en 2001 y ahora atrae a visitantes de todo el mundo.
![]() ![]() La última parte de nuestra visita la dedicamos a la casa de los jardineros que, además de almacén de herramientas, tenía habitaciones para descansar y también estancias dedicadas al estudio de las plantas.
![]() ![]() ![]() A las 17h45 salía el último autobús hacia el centro de visitantes, así que estuvimos atentos para no perderlo porque si no, nos hubiera tocado volver andando y a esas horas sí que ya no apetecía.
![]() A las 18h dimos por finalizada la visita y, como no teníamos más visitas programadas, decidimos hacer un recorrido en coche por los alrededores de Connemara siguiendo las carreteras N59, R341 y R342.
![]() Mientras tuvimos luz, fuimos haciendo varias paradas cuando alguna cosilla del paisaje nos llamaba la atención. En la foto de arriba, aunque parece un lago, realmente es el final de fiordo en la bahía de Streamstown. De camino al B&B, paramos en Clarinbridge en un supermercado que seguía abierto y compramos la cena (10,15€).
![]() ![]() Llegamos al B&B sobre las 22h y mientras cenamos, descargamos las fotos del día, saludamos a la familia y dimos un repaso a las actividades para el día siguiente. Como venía siendo habitual en este viaje, no nos fuimos a la cama antes de la media noche.
*** final del día 11 ***
. Etapas 10 a 12, total 20
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Hoy nos despedíamos de nuestra querida Kinvara y seguiríamos nuestro camino hacia el norte. Antes de bajar a desayunar, dejamos todo más o menos preparado para no perder mucho tiempo a la hora de marchar. Echamos un vistazo por la ventana y el suelo está mojado (habíamos oído llover por la noche), el cielo encapotado y 15ºC.
Degustamos otro magnífico desayuno y nos despedimos de nuestra peculiar, pero a la vez simpática anfitriona para ponernos en camino. En el primer sitio que encontramos, paramos a echar gasolina (25,26L x 1,409€ = 35,60€). Al acercarnos por la circunvalación de Galway el cielo se cerró y se puso a llover copiosamente. Aunque no lo teníamos planificado, el día anterior vimos el cartel del castillo de Aughnanure y como nos “pillaba” de camino, decidimos visitarlo. ¡Total! ![]() ![]() ![]() El castillo de Aughnanure, fue construido por los O'Flaherty’s en el siglo XVI y se encuentra en un entorno pintoresco, cerca de las orillas del lago Corrib. Situado en lo que sería una isla rocosa, el castillo es un ejemplo particularmente bien conservado de una casa torre irlandesa.
El precio de la entrada es de 5€ por persona y es válida la tarjeta OPW. ![]() Aunque existe la posibilidad de hacer visitas guiadas gratuitas, se tienen que formar grupos de por lo menos, veinte personas, y como ya había un tour en marcha, decidimos no esperar y hacer la visita por nuestra cuenta. Los paneles explicativos están en inglés, pero en la entrada nos dieron unos folletos en español, con lo que pudimos comprender mejor la historia del castillo.
![]() Durante toda la visita no paró de llover, pero afortunadamente, de vez en cuando nos daba una tregua y pudimos dar un breve paseo por los exteriores de la torre.
![]() A las 11h seguimos camino y a la altura de Oughterad, al igual que el día interior, nos encontramos una manifestación reivindicando la conservación de las especies autóctonas en los lagos de la zona. También nos encontramos con una prueba ciclo-turista que nos hizo perder algo de tiempo porque con las carreteras tan estrechas era imposible adelantar a las bicis con seguridad.
![]() ![]() Sobre las 13h, cerca de Ballinrobe, hicimos una parada técnica y aprovechamos para comprar la comida (9€). También probamos una especie de morcilla negra que, como os podéis imaginar, no tenía nada que ver con la que podemos comer en España. Era bastante más seca, pero siendo sinceros, no tiene mal sabor.
![]() Llegamos a Downpatrick Head pasadas las 14h y aunque durante todo el viaje no había parado de jarrear, según nos bajamos del coche, mágicamente, la niebla baja se disipó y aunque el cielo seguía teniendo un tono gris amenazante, podíamos ver el paisaje a nuestro alrededor. Nos sorprendió (a medias) que junto al cartel explicativo, había una ikurriña (bandera de Euskadi).
![]() Después de un breve paseo de diez minutos, llegamos al borde de los acantilados y sólo podemos decir que nos quedamos asombrados. Lo primero que nos llamó la atención, fue el terreno con un color verde intenso como pocas veces hemos visto. Además, en determinadas zonas, el terreno estaba como almohadillado. Muy curioso de ver y pisar.
![]() Pero lo más fotografiado de Downpatrick Head es sin duda el farallón conocido como “the broken fort” que se eleva hasta 50 metros por encima del mar y a tan sólo 80 metros de la costa. Tal y como se indica en la información de los carteles, en la superficie del farallón son visibles aún las ruinas de un antiguo fuerte que estaba unido con la costa a través de un puente que un huracán derribo en el siglo XIV.
![]() En un promontorio cercano también pudimos ver un monumento y un “pozo sagrado” que está dedicado a veinticinco irlandeses que huyeron de los soldados británicos durante el levantamiento. En 1795 huyeron a las cuevas de Downpatrick Head, pero perecieron cuando llegó la marea e inundó las cuevas antes de que pudieran salir.
![]() ![]() Como suele pasar cuando te lo estás disfrutando, el tiempo pasa volando y nos dieron las 16h sin apenas darnos cuenta. Así que decidimos volver al coche y sacar unas últimas fotos de la costa. Cuando pusimos en el GPS nuestro siguiente destino, el círculo megalítico de Carrowmore, Google nos dijo andábamos muy mal de tiempo y que no íbamos a tiempo de visitarlo. What????
![]() Sopesamos las alternativas. Como no queríamos andar deprisa y corriendo como pollos sin cabeza, decidimos dejar la visita para otro día y poner rumbo a otro destino que no tenía horario, a tan sólo 30 minutos del nuevo alojamiento. Por el camino, hicimos una parada técnica y aprovechamos para merendar (2 cafés + 2 croissants = 9,90€)
![]() La cascada de Glencar tiene unos 15 metros de altura y está situada en el lago Glencar y sirvió como inspiración para el William Butler Yeats, poeta y dramaturgo irlandés de los siglos XIX y XX. La cascada es mencionada en su poema 'The Stolen Child'.
"Donde el agua errante brota
de las colinas por encima de Glen-Car, en las piscinas entre las prisas que apenas podrían bañar a una estrella" Hay un área de picnic, parque infantil, centro de información turística (cerrado), baños públicos (abiertos), cafetería (cerrada) y el parking bastante grande, prácticamente para nosotros solos (gratuito).
A la cascada se accede a través de un bonito, corto y sencillo paseo entre árboles, adaptado para personas con discapacidad o movilidad reducida. Sí ha llovido recientemente, tiene una bella caída. ![]() A las 19h45 llegamos a Strandhill, un pueblo costero (muy ligado a la práctica del surf) cerca del aeropuerto de Sligo. A pesar de llegar ya casi de noche, no nos costó encontrar el alojamiento ya que estaba en la calle principal. El alojamiento está dividido en dos edificios: un hostel y un lodge (con habitaciones privadas). Nosotros elegimos la segunda opción.
Aunque cuando hicimos la reserva en booking.com ponía que se podía pagar con tarjeta, al llegar, la chica que nos atendió nos dijo que tenían problemas con el datafono y nos preguntó si no nos importaba pagar con “cash”. Le dijimos que, si había cajero en el pueblo, no había problema en acercarnos a sacar dinero. Mientras localizábamos el cajero, vimos el pub The Strand que tenía buena pinta por fuera y decidimos que podía ser un buen sitio para cenar. De vuelta al alojamiento, preguntamos si había alguna lavandería en el pueblo. Habíamos visto que sí que había en una gasolinera cercana. La chica que nos atendió nos dijo que por 8€ nos podía hacer ella la colada en las máquinas que tenían para el local. Así que decidimos aprovechar la oportunidad para lavar un montón de camisetas y ropa interior que ya se estaba acumulando y que empezábamos a necesitar limpia. Después de pagar el alojamiento e instalarnos en nuestra habitación, salimos a dar un paseo hasta la playa y fuimos a cenar. Dos pizzas + refrescos por 31,05€. ![]() ![]() ![]() Lo mejor de todo, fue que cenamos con música en directo y no queremos decir que las pizzas no estuvieran buenas, ¡qué lo estaban! Esa noche en el escenario una pareja interpretó versiones de canciones muy conocidas y también repertorio popular irlandés. Como nos habían permitido sacar fotos y grabarles en video durante la actuación, en uno de los descansos aprovechamos para acercarnos a saludarles.
![]() Pasadas las 22h volvimos al alojamiento y nos pusimos con las tareas diarias. Tampoco conseguimos meternos en la cama antes de la media noche… si es que no tenemos remedio. Nos reímos de los que dicen que las vacaciones son para descansar.
*** final del día 12 ***
. Etapas 10 a 12, total 20
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