29 octubre – El Calafate: Minitrekking y pasarelas del Glaciar Perito Moreno
Salimos muy temprano de El Calafate por la ruta 11 porque teníamos nuestra cita para el minitrekking en el Puerto Bajo las Sombras a las 8:45h. y nos habían indicado que estuviéramos un cuarto de hora antes. Fuimos los primeros en este día en pagar la entrada al parque. Bordeando la península de Magallanes nos volvemos a reencontrar con el Lago Argentino en lo que se conoce como Brazo Rico. Todo este camino es muy bonito con vegetación de bosque andino (lengas, ñires) mezclado con matorrales de calafate y notro.
Antes de llegar al puerto te topas con la que llaman “curva de los suspiros” dónde hay un mirador en el que ya se ve el glaciar. Un anticipo de lo que te espera.


Llegados al muelle no había nadie, dos embarcaciones ancladas y al rato abrieron una caseta en la que nos dijeron que esperáramos a que llegara el autobús con el resto de visitantes. Y es que habíamos llegado con bastante antelación.
Estamos en el Brazo Rico del lago Argentino y este muelle ha llegado a estar en ocasiones cubierto de agua.
El Glaciar Perito Moreno es famoso internacionalmente debido a sus procesos de ruptura. El glaciar avanza a una velocidad media de dos metros por día. El frente del glaciar al llegar y chocar con la península de Magallanes cierra el paso de las aguas del Brazo Rico y produce una especie de embalse con un desnivel entre un brazo y otro del lago que puede llegar a 30 metros aumentando la presión de estas aguas contra el hielo, lo que va generando filtraciones y socavando el hielo originando un túnel debajo del hielo. Este túnel llega un momento en que ya no aguanta más y se derrumba provocando uno de los fenómenos naturales más sobrecogedores. Pero yo creo que también es famoso porque puedes acceder a él de forma fácil, cualquiera que visite las pasarelas tiene una amplia visión del glaciar sin necesidad de hacer navegaciones ó trekking y porque es de los pocos glaciares que no se encuentra en retroceso.
Cuando el autobús llega con el resto de las personas de la excursión, nos embarcan y cruzamos este brazo del lago hasta la costa opuesta. Es el momento de hacer infinidad de fotos de la pared sur del Perito Moreno en la gélida cubierta del barco, poco a poco todos los intrépidos fotógrafos van regresando al interior de la nave.


Después del desembarque nos dirigimos a un refugio de madera que tiene a su entrada muchas plantas de calafate que ahora se encuentra en flor, para guardar allí las pertenencias de cada uno. Aquí hay gente para todo, personas mayores, dos señoras que llevan un pic nic en una cesta como si fueran al campo, otras mujeres con falda, con zapatos finos. El caso es que te avisan de lo que es aconsejable llevar pero…. Finalmente nadie se quedó sin hacer la marcha. Desde el refugio se inicia una marcha corta entre un bosquete similar a los muchos que ya hemos visto, hasta unas rocas justo enfrente del glaciar que es dónde hacen los grupos en base a no se sabe qué, lo cierto es que luego todos los grupos no hacían la misma marcha, unos quedaban abajo y otros subíamos hasta bastante más arriba. Nos ponen los crampones ya muy cerca de dónde se inicia la marcha y ¡eh voilá!.


Al principio vamos todos andando como las muñecas de famosa pero al poco ya le vas cogiendo el truquillo y hasta gusta oír como cruje el hielo bajo tus pies. Lo que no me esperaba es la fisonomía que tiene el glaciar una vez que estas desplazándote por encima de él. Pensaba que era una masa de hielo irregular que subía y bajaba pero tiene otras muchas atracciones. En esta marcha puedes apreciar distintas formaciones del hielo, sumideros y grietas más grandes y pequeños, algunos azulados otros de distintos tonos de blanco, grandes seracs con formas puntiagudas, pequeñitas cascadas y lagunas, si, pequeñas lagunas que pueden variar de tonalidad yendo desde el blanco transparente hasta el azul profundo y el turquesa. Subimos y bajamos, subimos y bajamos, pisoteando el hielo y los charcos, contentos como niños con zapatos nuevos. La verdad es que el tema lo tienen muy controlado y se lo curran bien los dos guías que nos acompañan, están pendientes de todos y van dos porque uno de ellos tiene que abrir caminos en ocasiones ya que las rutas que tienen marcadas no se mantienen por el avance del glaciar. Y ya conocéis la celebración final, un vaso de whisky con hielo del glaciar, que sabe a rayos, y algunos alfajores.



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Regresamos al refugio dónde nos comemos el bocata con unas vistas privilegiadas y luego tuvieron el detalle de darnos un café caliente con leche en polvo. Volvemos de nuevo al Puerto Bajo las Sombras en barco y el grupo se dirige a las pasarelas de los miradores del glaciar en el autobús y nosotros igualmente en nuestro coche. Es una gran ventaja acercarte a las pasarelas en vehículo propio porque puedes estar todo el rato que quieras sin el agobio de los horarios que imponen las agencias.
Para recorrer las pasarelas hay varios circuitos, creo que eran cuatro distintos identificados por colores y con distinta dificultad y duración. Los hicimos todos ya que no teníamos prisa por volver y estábamos encantados con lo que estábamos viendo, que siempre era lo mismo, el Perito Moreno, pero desde distintos ángulos y posiciones.
Comenzamos por el circuito verde que se interna por en medio del bosque, y aunque la visión del glaciar es menor tiene el encanto añadido del bonito bosque andino, destacando los matorrales de Notro con sus flores rojo brillante comenzando a florecer. En el circuito inferior parece como si tuvieras el glaciar al alcance de la mano y muy cerquita el canal de los Témpanos, taponado totalmente, y varios metros desde el glaciar, dentro del lago, cubierto de muchos trozos de hielo.



Apenas si hay gente en esta pasarela, el viento se va calmando a ratos prolongados, el sol quiere calentarnos, así que la recorremos tranquilamente, parándonos cada poco. El gigante nos tiene hipnotizados, no podemos quitar la vista sobre él, expectantes, al acecho de cualquier movimiento o ruido para que no se nos pierda ningún desprendimiento. El gigante ha estado bramando durante todo el día, pero o bien eran rugidos internos ó eran desprendimientos en otro sitio distinto del que estábamos, el caso es que no quiso deleitarnos con ningún desprendimiento importante delante nuestra. Y eso que mentalmente lo invitábamos a ello, ¡aquella arista está a punto de caerse!, venga ¡cáete!, pero solamente nos ofreció algunos pequeños desprendimientos que, aún siendo pequeños, formaban gran oleaje. Ver un gran desprendimiento tiene que ser una experiencia verdaderamente impactante.


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Al igual que el glaciar el tiempo se nos había congelado, se nos pasaron las horas mirándolo y haciéndole fotos hasta que llega un momento en que el hechizo se rompe porque hay que volver ya que cierran las pasarelas. Su imagen permaneció largo rato en nuestra retina pero de seguro que perdura en nuestra memoria. Cuando volvíamos y como premio de consolación el gigante quiso ofrecernos un espectáculo algo raro (según nos comentaron), emergiendo de las aguas del lago con gran estrépito y fuerza, parecía que se levantaban las aguas como en un geiser, apareció un bloque de hielo de tamaño mediano de un azul maravilloso y allí se quedó flotando.






