Hoy toca Versalles. Tengo muchas ganas de verlo, pero no sé por qué. Recuerdo que tenía un juego de ordenador que era sobre un ladrón que entraba en Versalles. Tú misión era entrar, robar las joyas y conseguir salir sin ser detectado. Era ya de la época de los cd’s y por lo menos tenía 10 de éstos para ir cargando a medidas que pasabas pantallas. No me preguntéis cuál era porque yo juegos de verdad sólo recuerdo el nombre de: el manic miner en mi adorado spectrum 48K, la saga de los monkey island (y sus concursos de escupitajos) y la saga de Lara Croft que introdujo a la mujer como protagonista en el mundo de los vídeo juegos de aventura gráfica.
Bueno, el caso es que ese juego tenía (o al menos en esa época me lo pareció), muy buenos gráficos! y entre eso y que ha sido escenario de numerosas películas de época, pues me picaba la curiosidad de ver qué se esconde detrás de la verja dorada. He dicho “ver” no “robar” lo del vídeo juego era un párrafo introductorio a modo de cortinilla…una pequeña madalenita Proustiana.
Para ir hasta allí se ha de coger un tren de cercanías, el C ramal 5, que acaba en el mismo castillo de Versalles. El billete son unos 3.25€ por cada trayecto. Yo he tenido suerte, porque a los 6 minutos de mi llegada pasa uno . El viaje son unos 35-40 minutos.
Una vez allí, no hay pérdida. Yo voy dónde Vicente, como dicen en España. Es decir, hacía donde veo que va la gente.
Una vez atravesada la verja de hierro que parece que tiraron en la Revolución francesa para tomar el castillo, a mano izquierda se compran los billetes. La mayoría de gente de la multitud que hay (y no son ni las 10!) son autobuses de viajeros que deben tener ya su billete, y por tanto somos pocos los viajeros individuales que no tenemos el Paris Pass.
(Nota sobre el Paris Pass: yo hice números con el precio de las entradas de lo que quería visitar, del número de días en que quería hacerlo y sumándole un cierto número de billetes de metro que estimaba iba a coger, no me salía a cuenta, pero si venís a Paris haced números y decidid)
Me explican que hay dos entradas. El Palacio & los jardines y luego eso añadiendo los jardines de Maria Antonieta, son 15 € y 18 € respectivamente. Pregunto a información si merece la pena visitar los jardines de Maria Antonietta con el día tan terrible que hace. Me dice que sí que es precioso, pero algo dentro de mi me dice que no me apetece visitarlos con el paraguas en la mano. (Sorry Fred, pero tu consejo me llegó tarde!). Así que me decido por la entrada primera.
La cola para acceder una vez tienes la entrada, no tiene desperdicio. Aquí el idioma que más se oye es el español, con diferencia, y los que más intentan colarse son los Indios. Así en plan, “yo soy más listo que tu
Dentro hay una consigna pero no me dejan dejar el ordenador. Lo que más les preocupa es que entres comida . “¿Yo? ¿comida? mon Dieu! qué cutre! que soez! qué de pobre! ¿que los españoles si podemos nos traemos el bocata de jamón de casa? no sé por quién me ha tomado! yo viajo a tutti plenni. Bueno, pues como solo me ha preguntado por lo que llevaba en la mochila del ordenador y no ha querido cogerla, pues te jorobas y entro el tabulé que compré ayer en el Día %, y el resto de cosas para comer cuando me entré el hambre.:p ” (esto es uno de esas conversaciones que una tiene con su ser más interior, por supuesto que al señor le dijo “no, no es comida” y paso la siguiente habitación.
Una vez dentro me entregan la audio guía Ésta, en la primera planta, se activará automáticamente cuando en las salas que proyecten vídeos y luego en la planta superior ya he de marcar el numerito correspondiente. Me parece curioso lo de que se active automáticamente y celebro la ocurrencia. Pero el mayor inconveniente es ¡empezar la visita con vídeos! todos nos aglomeramos en las primeras salas y el fluir de la gente es muy lento. De hecho, los escolares se disputan los pocos asientos libres y los empujones al resto de visitantes son constantes. Si yo fuera un dibujo animado a mi me estaría saliendo humito de la nariz o por las orejas.
Los vídeos repasan brevemente la historia del palacio. desde que empezó como una pequeña casa de caza hasta ser lo que nos ha llegado hasta ahora. Los Reyes de la casa (nunca mejor dicho) iban haciendo reformas, ampliaciones y demoliciones constantemente. La explicación de la audio guía no desvela grandes secretos dignos de ser mencionados y la visita se me hace hiper corta para lo que podría tenerse abierto al público.
Una vez fuera, faltan los jardines. El día parece aclararse y aprovecho para tomar algunas fotos. Empiezo a perderme (hoy sí en el sentido literario del término), por los puntos mencionados en el mapa que llevo y ¡Oh Mon Dieu! las fuentes están todas secas, los parterres levantados, Las figuras del jardín todas, absolutamente todas, cubiertas. Y por si fuera poco aparecen nuevamente unos nuvarrones a lo lejos y se levanta un aire frío y helador.
Aprovecho el espacio que ofrece el jardín para comer en uno de los momentos que el sol ha salido de su madriguera. La verdad es que al final tanto caminar me he alejado bastante del Palacio y de la entrada Principal. No es que me alejara pensando que iban a sonar las alarmas cuando sacará mi tabulé, pero es que he ido caminando (con mi ordenador a cuestas) y como aquel que no quiere la cosa he llegado hasta el otro jardín.
Me da mucha pereza hacer el camino de regreso, pero lo hago porque hoy por hoy el transportador espacial aún no existe y por tanto no tengo más remedio.
Desandar el camino me lleva su tiempo. Planteo sentarme en alguno de los cafés que rodean (¡cachis! aquí no puedo usar “pululan”) la estación antes de regresar a París. Por el camino entro en alguna tiendecita de souvenires, pero no compro nada, porque todo lo que compre significará más peso en mi maleta. Los cafés están atiborrados y desprender un olor a comida rápida que me tira atrás. Así que cruzo hacia la estación pensando que allí encontraré algún que otro establecimiento dónde tomar algo caliente. Pues no lo hay, pero veo que en 3 minutos sale un tren de regreso a París. Han pasado ya más de 8 horas desde que he salido del albergue y me toca descansar, así que 40 minutos sentada en el tren me dejan aplataná! Bajo en los Inválidos para verlo ni que sea de lejos. A medida que nos acercábamos a París las nubes eran más negras y vuelve a llover.
No tengo batería ni en la cámara ni en mi cuerpo. Así que creo que pasaré a descansar por el hostal para luego explorar París de noche. En cualquier caso aquí acabo de exponer lo que pasa en el día de hoy.