Hemos dormido bastante bien. De hecho, M constata lo que yo le he venido diciendo. Que se duerme mucho mejor arriba que abajo. Hay menos ruidos, menos traqueteos, menos calor y sobretodo, menos luz, cuando sale el sol.
Nos traen cerca de las 11.30h (hora local) una bolsita de papel marrón con agua, una chocolatina, cubiertos, café y té. Es la bolsa que contiene los utensilios para la comida que nos servirán una hora más tarde.
La llegada de la comida se hace esperar una hora más. Antes han pasado a preguntar que queríamos para comer. Una de las dos señoras ha estirado su generosidad y nos ha preguntado si queríamos pescado o carne en inglés. Cada una de nosotras ha elegido una de las opciones.
Yo he flipado con el primer plato. ¡Han traído sopa! cuando he visto a la provodnitsa traer una bandeja con cuatro cuencos de sopa bamboleándose por el pasillo del tren, no he podido más que sonreírme ¡Menuda dificultad la que nos ponen! Yo me como la sopa de pie aunque M acaba sentándose en la litera de abajo en una puntita para no levantar las iras de las dos bruj… La sopa está buena o por lo menos así nos sabe: lleva cebolla, patata, especias y algo de zanahoria.
De segundo nos traen algo de arroz con 4 guisantes (literalmente, cuatro), para mi algo de carne y para M un trozo de salmón. Es mejor elección la mía que la suya, aunque ambas dos rebañamos el recipiente que lo contiene.
Pasamos la tarde leyendo y viendo corretear a los niños. Hay al lado nuestro una bebé muy graciosa de unos 14 meses (la estimación es de M), con su hermano mayor de unos 6. Al lado de ellos, una rubita platino con unos mofletes que dan ganas de estrujarlo, y al inicio del vagón, una simpática pelirroja que va siempre con un conejo pegado bajo el brazo. Se divierten sacando la cabeza en alguno de los compartimentos. Como yo les saco siempre la cabeza y les saludo, acaban viniendo a nuestro compartimento con mayor asiduidad que al resto. Ni si quiera sus risas y sus juegos reblandecen a la pareja de abajo. Ains..¡qué rancias!
