Este día lo aprovechamos muy bien! Nos despertamos nuevamente sobre las 7:00, lo dejamos todo preparado para realizar el check out a las 12:00 en punto y bajamos a desayunar.
El desayuno estaba muy bien. Una vez más nos dimos cuenta que estábamos solos! Pero que pasaba? Pensamos que era por la hora tan temprana, aunque el Sol ya calentaba. Tras el desayuno nos fuimos a la piscina. Y es que la piscina era alucinante, pequeña pero muy bonita, con un encuadramiento paisajístico precioso, en medio de los peñascos y con la vegetación alrededor. Una gran belleza. Relajamos durante esas horas (unas 4) en la piscina, siempre solos. Muchas fotos sacamos haciendo el tonto y aprovechamos el momento de relax total, que hace mucho no teníamos con todo el corre corre aquí y allí.
A las 12:00 estábamos en la recepción, realizando el check out y solicitamos el shuttle gratuito que el hotel tiene para sus clientes, un transporte a la playa de Ao Nang. No tardó 5 minutos en llegar. La chica nos pregunta donde exactamente queremos ir y le digo que a Railay Beach. Ella nos explica que tenemos que coger un longtail en la playa de Ao Nang, y lo comunica al chofer que de inmediato nos lleva al puesto de compra de entradas a la barca y se despide de nosotros.
Compramos dos billetes para Railay Bay Resort&Spa, que se encuentra justo en Railay Beach, en la mejor zona, por 100 Bahts cada uno y aproveché para reservar una barca para las islas Hong que queríamos hacerlo el día siguiente. Nos cobraron por ir de 8:00 a 16:00 2000 Bahts. No sé si caro si barato… no comparé con ningún tour operador porque queríamos ir “solos” sin excursiones, por lo que me pareció un precio justo. Nos dieron un ticket que comprobaba el pago y nos dijeron donde esperar la barca el día siguiente (en la playa justo delante del hotel). Mi compañero tuerce la nariz, y empieza a decirme que vamos a ser timados. Yo es que no sentí ningún problema, me pareció algo norma que las cosas fueran así, por lo que me fié.
Al cabo de 15 minutos ya habían reunidos las personas suficientes para una barca (éramos 8) y allá nos fuimos, a Railay. El camino son 15 min, precioso, acantilados, vegetación salvaje, pequeños y grande hoteles en las calas separadas por más acantilados. Y es que solo se llegaba a esos hoteles de barca. Al final llegamos al nuestro, y aun eran las 12:30… solo podríamos hacer el check in a las 14. Bajamos de la barca, agua por las rodillas, maletas en la cabeza, en dirección a la recepción del hotel. Por el camino miraba la playa, y me esperaba encontrar muchísima gente, sin embargo, aunque había gente, no era una multitud como me había parecido al leer los comentarios en internet, había bastante espacio vacío, yo diría que muy poca gente (para lo que yo me esperaba) y eso se reflejó en lo que pasó de seguida.
Llegamos al check in y sabíamos que era bastante temprano, sin embargo tan solo nos pidieron 10 min más para preparar la habitación y nos recogieron en seguida. En este hotel no habíamos elegido una habitación y si una villa (por 100 Eur la noche) con un pequeño jardín particular y un jacuzzi. La villa estaba muy cerca de la piscina, que está justo delante de la playa, mirando hacia el mar. Era una habitación espectacular, grande, el jardincito encantador, el jacuzzi genial. Aquí nos quedaríamos 2 noches. No perdimos mucho tiempo en la habitación y nos fuimos en seguida a la playa. El entorno era espectacular, en la mejor zona de Railay. El agua, la temperatura, todo perfecto! Y relajamos toda la tarde, nos dimos un paseo en Kayak hasta Phra Nang Beach (que está al lado y que solo un hotel tiene el privilegio de allí estar emplazado, el carísimo Rayavadee). Después de todos los paseos que dimos en la zona, puedo afirmar, que para mí lo que más me gustó fue mi hotel y la playa de mi hotel, así que le doy 5 estrellas. La playa del hotel, Railay beach, está muy bien, arena blanca, agua transparente con un ligero color verde, calentita pero refrescante. Lo que me gustó!
A las 18:00 empezó un espectáculo que no volvimos a perder hasta que nos fuimos de Tailandia. Las puestas del sol son de una inmensa belleza, y desde todos los hoteles en que estuvimos, se veían preciosas e impagables.
Esa noche cenábamos en el restaurante del hotel (esto fue lo que hizo con que el viaje se quedase tan caro, cenamos siempre en hoteles a partir de aquí). Teníamos opción de unos chiringuitos en Walking street justo al lado de nuestro hotel, pero no queríamos probar nada más que una buena pizza. El mar nos había abierto el apetito, y es que el mar, como buen portugués que soy, me cura todo! Se me desapareció las nauseas que me traía desde las grande ciudades, y me quería comer el mundo… lo único que aquí las cosas eran muy caras, así que tampoco tuve oportunidad de engordar o ganar los kilitos que me perdí el tiempo antes jejeje.
Me acuerdo perfectamente, esa noche fue el principio de momentos espectaculares. El cielo estaba limpio, se veía una masa de estrellas. El sonido del mar. La arena en los pies. Me sentí como nuevo. Me sentí parte de aquello. Y es que la naturaleza tiene ese efecto mágico de calmar cualquier uno.
El desayuno estaba muy bien. Una vez más nos dimos cuenta que estábamos solos! Pero que pasaba? Pensamos que era por la hora tan temprana, aunque el Sol ya calentaba. Tras el desayuno nos fuimos a la piscina. Y es que la piscina era alucinante, pequeña pero muy bonita, con un encuadramiento paisajístico precioso, en medio de los peñascos y con la vegetación alrededor. Una gran belleza. Relajamos durante esas horas (unas 4) en la piscina, siempre solos. Muchas fotos sacamos haciendo el tonto y aprovechamos el momento de relax total, que hace mucho no teníamos con todo el corre corre aquí y allí.

A las 12:00 estábamos en la recepción, realizando el check out y solicitamos el shuttle gratuito que el hotel tiene para sus clientes, un transporte a la playa de Ao Nang. No tardó 5 minutos en llegar. La chica nos pregunta donde exactamente queremos ir y le digo que a Railay Beach. Ella nos explica que tenemos que coger un longtail en la playa de Ao Nang, y lo comunica al chofer que de inmediato nos lleva al puesto de compra de entradas a la barca y se despide de nosotros.
Compramos dos billetes para Railay Bay Resort&Spa, que se encuentra justo en Railay Beach, en la mejor zona, por 100 Bahts cada uno y aproveché para reservar una barca para las islas Hong que queríamos hacerlo el día siguiente. Nos cobraron por ir de 8:00 a 16:00 2000 Bahts. No sé si caro si barato… no comparé con ningún tour operador porque queríamos ir “solos” sin excursiones, por lo que me pareció un precio justo. Nos dieron un ticket que comprobaba el pago y nos dijeron donde esperar la barca el día siguiente (en la playa justo delante del hotel). Mi compañero tuerce la nariz, y empieza a decirme que vamos a ser timados. Yo es que no sentí ningún problema, me pareció algo norma que las cosas fueran así, por lo que me fié.
Al cabo de 15 minutos ya habían reunidos las personas suficientes para una barca (éramos 8) y allá nos fuimos, a Railay. El camino son 15 min, precioso, acantilados, vegetación salvaje, pequeños y grande hoteles en las calas separadas por más acantilados. Y es que solo se llegaba a esos hoteles de barca. Al final llegamos al nuestro, y aun eran las 12:30… solo podríamos hacer el check in a las 14. Bajamos de la barca, agua por las rodillas, maletas en la cabeza, en dirección a la recepción del hotel. Por el camino miraba la playa, y me esperaba encontrar muchísima gente, sin embargo, aunque había gente, no era una multitud como me había parecido al leer los comentarios en internet, había bastante espacio vacío, yo diría que muy poca gente (para lo que yo me esperaba) y eso se reflejó en lo que pasó de seguida.
Llegamos al check in y sabíamos que era bastante temprano, sin embargo tan solo nos pidieron 10 min más para preparar la habitación y nos recogieron en seguida. En este hotel no habíamos elegido una habitación y si una villa (por 100 Eur la noche) con un pequeño jardín particular y un jacuzzi. La villa estaba muy cerca de la piscina, que está justo delante de la playa, mirando hacia el mar. Era una habitación espectacular, grande, el jardincito encantador, el jacuzzi genial. Aquí nos quedaríamos 2 noches. No perdimos mucho tiempo en la habitación y nos fuimos en seguida a la playa. El entorno era espectacular, en la mejor zona de Railay. El agua, la temperatura, todo perfecto! Y relajamos toda la tarde, nos dimos un paseo en Kayak hasta Phra Nang Beach (que está al lado y que solo un hotel tiene el privilegio de allí estar emplazado, el carísimo Rayavadee). Después de todos los paseos que dimos en la zona, puedo afirmar, que para mí lo que más me gustó fue mi hotel y la playa de mi hotel, así que le doy 5 estrellas. La playa del hotel, Railay beach, está muy bien, arena blanca, agua transparente con un ligero color verde, calentita pero refrescante. Lo que me gustó!
A las 18:00 empezó un espectáculo que no volvimos a perder hasta que nos fuimos de Tailandia. Las puestas del sol son de una inmensa belleza, y desde todos los hoteles en que estuvimos, se veían preciosas e impagables.
Esa noche cenábamos en el restaurante del hotel (esto fue lo que hizo con que el viaje se quedase tan caro, cenamos siempre en hoteles a partir de aquí). Teníamos opción de unos chiringuitos en Walking street justo al lado de nuestro hotel, pero no queríamos probar nada más que una buena pizza. El mar nos había abierto el apetito, y es que el mar, como buen portugués que soy, me cura todo! Se me desapareció las nauseas que me traía desde las grande ciudades, y me quería comer el mundo… lo único que aquí las cosas eran muy caras, así que tampoco tuve oportunidad de engordar o ganar los kilitos que me perdí el tiempo antes jejeje.
Me acuerdo perfectamente, esa noche fue el principio de momentos espectaculares. El cielo estaba limpio, se veía una masa de estrellas. El sonido del mar. La arena en los pies. Me sentí como nuevo. Me sentí parte de aquello. Y es que la naturaleza tiene ese efecto mágico de calmar cualquier uno.