Ayer pasé un rato agradable con Eprhem, tomando una mirinda en el patio del hotel. Acaba de montar su agencia de viajes y la conversación empezó por tema de negocios, porque desde que me trasladó al hotel por la mañana vio en mi un cliente potencial. Me ofrecía hacer una excursión con dos chicas más del hotel a Debre Damo y dos iglesias excavadas en la roca cercanas por 300 dólares los tres. Mejoró la oferta un poco cuando le dije” too much to my Budget”, pero aún así no consiguió hacer negocio conmigo.
En lugar de destinar el día entero a una excursión por la zona ayer tomé la decisión de visitar a fondo la ciudad. Tiene lugares arqueológicos suficientes para llenar una segunda jornada. He desayunado en el restaurante del hotel, que no está mal en instalaciones pero bastante básico en surtido. Ayer tuve que cenar una hamburguesa porque era lo único que había.
Hoy es viernes, día de mercado. Se nota desde que abandono la avenida principal y me voy acercando a la zona que el mapa de la guía marca como zona del mercado. Por aquí los carros tirados por burros superan a los tuktuk en número y las piedras sustituyen al poco al asfalto. La mayoría de ellos llevan mercancías “comestibles” como jaulas de gallinas y pollos, buenos fardos de cereal y, los menos, telas, cestas y otros enseres.
Poco a poco los edificios de piedra desaparecen dejando paso a algunos de paja y chozas varias, hasta que estos desaparecen también. Debería haber aprendido de la piedra con la que tropecé ayer y ha sido mi prioridad al prepararme la mochila. Botella de agua bien llena y otra de medio litro de emergencia, junto con un sobre de sodio hiposódico que en tantas caminatas y trekings me ha dado la energía suficiente para llegar a la meta. Para evitar el sol lo mejor salir cuanto más pronto mejor. Todo estaba solucionado de esta forma. Como el hombre es el único animal que cae dos veces en la misma piedra vuelvo a ponerme en ruta siguiendo el mapa sin escala que ayer me desesperó mientras subía hacía las tumbas. Hoy me va a suceder lo mismo.
Tardan mucho más de lo debido en aparecer a mi derecha unas piedras puntiagudas dispersas por unos campos de cultivo que acaban de ser recolectados. Otros circundantes se encuentran en ese proceso regalándome estampas desconocidas por mí. Y es que, en un país donde tener lavadora es un lujo no digamos tener un tractor. De eso aquí no hay. En su lugar la azada para la siega y el tridente – desconozco su nombre técnico – para juntarla y elevarla hasta el montículo más cercano son las herramientas básicas de los lugareños, muchos de ellos niños.
Entre tales imágenes accedo a la explanada por la única puerta que encuentro, salvando la alambrada que protege la zona. No hay mas, ni caseta alguna, seguridad, cartel..Son muchas estelas de piedra las que están distribuidas por la zona, sin ningún criterio aparente y sin lucir ningún tipo de talla. Otras muchas están por el suelo o luchan contra la gravedad por mantener cierto ángulo de inclinación que les acerca cada vez más al suelo. Completamente lisas, ninguna supera los dos metros de altura, a excepción de una de 22 metros. Una leyenda dice que esta señala la tumba de la reina de Saba.
Otra de ellas da nombre al recinto arqueológico, al que se conoce como campo de estelas de Yodith, la reina Judía fashala que en algún momento del primer milenio acabó con la represión que sufría su pueblo por parte del dominio cristiano y redujo la ciudad a escombros. Ningún dato histórico ni arqueológico consigue dar cierto rigor a esta afirmación, más bien lo contrario. En las escasas excavaciones que se han hecho en el lugar objetos datados en el siglo III DC hacen pensar que fuera un cementerio secundario para personas menos importantes que las del campo principal.
Al otro lado de la carretera esta Dongar, conocido como el palacio de la reina de Saba descubierto en 1950. Aquí no hay que pagar entrada, solo hacer como que te interesan los suvenires que vende el segurata de la entrada para evitar su cabreo. De la construcción que fue solo quedan los cimientos pero son suficientes para hacerse a la idea de lo bien construido que estuvo y lo grande que era. Las paredes con inclinación para evitar el derrumbe, numerosas habitaciones con una distribución muy elaborada y los aposentos reales en la parte central y más elevada del complejo.
No se cree que tenga 3000 años pero sí que fue seguramente la residencia de algún rey o mandatario muy importante. El sistema de drenaje es avanzado y se puede observar en los aposentos principales desde donde salen varias hendiduras en las escaleras que comunican con las del siguiente piso que corren a lo largo de las enormes piedras que hacen las veces de baldosas.
Desde aquí las indicaciones que da la guía para llegar a la siguiente entapa de la excursión parecen sencillas. A unos dos kilómetros frente a una subestación eléctrica está la cantera de estelas donde se pueden ver varias sin terminar y los huecos de otras que se llegaron a extraer. Por el camino voy coleccionando pequeños amiguitos que se convierten al poco en un séquito más grande que el que en su día acompañó a Jerusalén a la reina de Saba. Al principio sin hablarme, solo con miradas. Después poco a poco, entonando la canción “one pen”,”one birr”. Muchas veces a coro, otras con hábil vocoders.
Llevo andado bajo el solazo el doble del camino que marcaba la guía y sobrepasado el lago que sale cercano al desvío a tomar. Me desespero un par de veces porque nada sobre el camino marca donde voy, ni parece que lo vaya a hacer, con lo cual no sé dónde voy. Si por una cosa no abandono es por la pérdida de tiempo que admitiré con ello. Menos mal que al poco rato viene por los campos del camino dando saltos una chica de unos 14 años a buscar a su hermano, uno de los chavales que van observando a este barbudo faranji raro, con su pañuelo palestino tapando la cabeza y ambos brazos envueltos en los extremos que cuelgan de la tela.
- ¿dendera Lion? - Me pregunta la chica sin vergüenza alguna
- Oooh yesss
Se ofrece a ser mi guía por un módico precio, 100 birrs. Acepto, lo que la hace más feliz que una perdiz e intuyo. Por lo poco que entiendo. la frase que les dice a los chavales de mi alrededor es algo como “¿veis lo necesario que es saber inglés?”
Lo que intento dejarle claro es que también quiero ver la cantera de estelas que hay de camino pero no hay manera de que me entienda, ni enseñándole las fotos ni haciendo un mimo digno de la final internacional del pictionary. En vez de seguir el camino me hace empezar a subir por la montaña pasando por campos de cultivo donde algunos chavales de mi séquito van desapareciendo en las chozas cercanas. Ya por estas elevaciones comienzo a vez grandes bloques de piedra naturales de los que se sacarían buenas estelas. El camino pedregoso se me hace más cuesta arriba de lo que es, teniendo que parar varias veces a recuperar la respiración. No solo eso se me hace interminable, cada vez que pregunto estamos ya muy cerca. Me siento niño sentado en la parte de atrás de un 600 de camino a Salou por la nacional en los años 70. Cuando estoy a punto de preguntarlo por enésima vez convencido de la mala idea que ha sido decidir visitar este lugar mi guía me señala en la lejanía y aún más alto de nuestra ubicación una piedra enorme y redondeada.
Este es el lugar donde está grabada la leona de Godebra. No se sabe cuál es la edad de la talla pero sí que hay una leyenda que explica su aparición. Fue el arcángel Miguel que, dando un paseo por el lugar, se encontró con un león al que repelió con tal fuerza que su silueta se quedó grabada en la roca. A diferencia de otras leyendas esta sí que me parece real porque lo mismo pasaba cuando el coyote se estampaba contra una piedra: su silueta se quedaba grabada claramente.
Junto a la talla del animal hay otra de una cruz, para la que también existe una leyenda. La esculpieron unos caballeros templarios que pasaban por allí. Quizás habían quedado con el arcángel.. o perseguían al correcaminos
Tomadas unas fotos y descansado lo suficiente para afrontar el descenso a la carretera y llega el momento de pagar, antes de lo esperado. Lo intento hacer con discreción para que el resto de acompañantes no reclamen una propina, un lápiz o cualquier cosa que hayan recordado su nombre en inglés durante el resto del camino. Parece que la cantidad que le doy con la que ella me pidió no concuerda me pide nada más y nada menos.. que un cero más!! Con lo que la llevo durante un buen rato dándome la brasa, en inglés, sobre lo acordado, lo dicho, lo que falta, lo que debería ser, lo que ha hecho por mi… mientras modosamente el resto de chicos empiezan a pedir lo que ya sabía que pedirían: one birr, five birr, one pen, ten birrs..
Como el cansinismo de la chica no tiene límites le pongo en la mano 20 birrs mas, mucho menos de lo que pide, pero parece que se queda contenta, se despide con un simple “bye” y desaparece de mi visión tan rápido que no me da tiempo a responder. Manos mal que el resto de chavales sigue alrededor mío porque la bajada de la montaña la tengo que ir haciendo sobre la marcha, sin nadie que me indique y con la carretera a Axsum como meta. Una vez en ella, sabiendo la caminata que me espera de vuelta me desespero, llegando a desear encontrarme con el arcángel para que me repela empotrándome en el primer muro de Axum.
Sé que esto no va a pasar; comienzo a hacer autostop de todos los vehículos que pasan y, por fin, a la media hora de caminata para una van compartida. Los dos chavales que comparten el asiento del conductor le ordenan al chavalín que va en el canto del asiento del copiloto que se levante pase a atrás para dejarme esa esquina y una vez tengo medio culo apoyado en el asiento él se sienta en la rodilla de mi otra pierna. En la parte de atrás también se apiñan unas 20 personas en 8 asientos creando un curioso tetris humano. No cabe ni un pedugo de 6 años.
Me deja por 10 birrs en el parque Ezana, desde donde ando al hotel, como y echo una siesta bien merecida. La última visita arqueológica del día es a la tumba del rey Basen, con lo que se queda cumplido el planin completo de hoy. Este emplazamiento arqueológico guarda la tumba del rey Basen, que según la cronología etíope fue contemporáneo de Cristo. El lugar no está marcado pero siguiendo el plano de la guía llego a una puerta donde un señor octogenario se pone en pie nada más verme. Con chanclas milenarias y báculo vernáculo, fiel a la moda de los seguratas abisinios, me invita a entrar en el recinto.
Un pequeño campo deja a los pies de una montaña desde donde entras en una especie de gruta que desciende varios metros hacia el subsuelo. El señor, esmerándose en dar un servicio integral a este viajero solitario, enciende hábilmente los dos conos de material que me alumbrará durante la bajada. Estoy casi seguro de que es papido. La hendidura esta tallada toscamente, sin haberse esmerado en dejar las paredes lisas o pretender crear un túnel mínimamente estético. Contrasta en mi mente con las tumbas del campo de estelas que, siendo no muy lejanas en el tiempo a esta –supuestamente - , lucen en las paredes unas tallas perfectas sobre rocas enormes. A mitad del túnel aproximadamente, a ambos lados, se abren dos salas y al fondo del túnel existen otras tres salas similares. Sin rastro de tumbas por ningún sitio…
A la salida me hace gestos con su báculo de Gandalf de seguirle a la ladera de la montaña, desde donde se ven otros huecos a modo de tumbas muy similares a los de las iglesias excavadas en las iglesias de Lalibela. Tras esta salida toca pagar, dos billetes de 10 birr sin recibo a cambio. El hombre cierra la puerta tras de mí y se marcha para su casa, ya casi no queda vela para otra visita.
Ayer me quedé con las ganas de disfrutar y ver más de cerca la enorme higuera que hay en la plaza de camino al campo de estelas principal. Por la zona también hay tiendas de suvenires pero ninguna tiene nada que despierte mis ganas por comprarla. La inmensa explanada que hay junto a la higuera sirve como campo de futbol para una multitud de chiquillos. Me acomodo para ver un rato cómo esta el nivel de futbol callejero en el país. Se entretienen con sus carreras y jugadas hasta que una zancadilla mal puesta hace que el partido de futbol se convierta en una auténtica batalla campal de puñetazos, patadas y pedradas.
Ha llamado mi atención en el lugar la hermosa y recargada cruz que corona la cúpula de la catedral de Tsion Maryam. Doy varias vueltas explorando sus alrededores por las callejuelas que la circundan intentando encontrar algún lugar por donde acceder o tener una visión del lugar que me evite pagar los 10 dólares que me pidieron ayer. Sólo se ven los edificios desde una cerca, pero nada accesible con lo que no me queda más remedio que asumir el entrar por la puerta principal. Está abierta y la taquilla cerrada con lo que tiro ligero para adentro. Oigo una voz que me llama como ayer pero me hago el sueco y sigo mi camino. Vuelvo a oírla una vez más y ya, creo que me he colado.. La catedral es moderna y está llena de gente rezando por todas las paredes y esquinas, como ví hace unos días en Addis.
Este edificio está ubicado en el mismo lugar en el que un día estuvo la primera iglesia de Etiopía que construyo el rey Ezana halla por el siglo XV. Las tradiciones orales no se ponen de acuerdo si la destruyó la reina Jodith o los musulmanes, como la mayoría de las veces. Hay también una misa en directo en uno de sus laterales exteriores, donde un radiocasete de los años 80 hace de amplificador de la voz del predicador. Por detrás del edificio es donde están los otros dos más pequeños, donde cuenta la tradición que esta el recipiente que Yahvé mando construir a Moisés para guardar y transportar las tablas de los mandamientos. Me meto en el papel de explorador en busca del arca encontrada y veo, mientras hago fotos del lugar desde la verja, que la puerta que cierra el paso está abierta. Oh may god!!
Es traspasarla con un pie y empezar a oír unos gritos tremendos desde una puerta lateral del recinto que antes no he encontrado. Por un momento he creído que venían del cielo. Veo hacia mi corriendo un hombre con gorra y creo que una porra en la mano. Efectivamente es una porra, menos mal que su sonrisa forzada quita un poco de tensión al momento de llegar a mi situación, pero reconozco que se me han subido un poco a la garganta… que no puedo estar aquí, que vamos saliendo por el lugar que señala su artilugio disuasorio.. A mandar
Para cenar me voy a dar un capricho y voy a cenar en el restaurante del mejor hotel de la ciudad que esta al fondo de la calle de al lado del mío. Con garita de seguridad en la puerta, control de metales, barrera para coches para el acceso. Cené completamente solo una pizza buenísima – muy cara - y hacer maleta.
GASTOS EN AXUM:
África hotel 200 x 2 noches – 400 birr
Entradas estelas – 50 birr
Bolsita de incienso – 2 $ (pedía 100birr)
Bolsita de mirra – 2$ (pedía 100 birr)
Piedra rellena de cristal – 30 birr (pedía 100)
Café en casa particular – 20 birr
Comida: arroz con carne 35 + patatas 35 + zumo 15 + 3 cervezas 60 – 145 birr
Cena ark hotel restaurant – hamburguesa 50 + agua 20 – 70 birr
Servicio “guía” hasta leona dendera – 120 birrs
Colectivo hasta Axum – 10 birr
Café en el hotel 5 birr
Comida: espaguetis + agua fresca – 36,5 birr
Sim etíope 60 birr + recarga de 20 birr
Cena: pizza tutiplén + agua – 125 birr














