Nos levantamos prontito, ya que habíamos quedado con Kike a las 8. Nos llevó a desayunar a Urubamba, y aunque no nos veíamos capaces, nos metimos un señor zumo, un bocadillo de pollo con patatas fritas y una limonada cada uno (total S/17.5). La idea era aguantar ya todo el día! Después de desayunar dimos una vuelta por Urubamba, donde vimos su plaza de Armas (muy bonita con las montañas al fondo) y un mercado.
Urubamba: Plaza de Armas
El tour de ese día lo hacíamos en la hippie van, la furgoneta VW restaurada de Hippie Tours. La verdad es que es una chulada!!! No corre mucho pero es preciosa, toda una experiencia. Aquí os dejo una de mis fotos favoritas del viaje:
Viajando con clase!!
La primera parada del día era Moray, con sus preciosos bancales perfectamente redondos y concéntricos. Parecen casi extraterrestres!! Son como un cuenco escalonado gigante, y al parecer los incas los usaban como laboratorio de cultivo ya que cada escalón tenía un microclima diferente. Increíble pero cierto (o eso dicen). Es un espectáculo curioso y diferente. La entrada está incluida en el boleto turístico de Cuzco.
Moray: bancales incas
Como veis, algunos están más restaurados que otros. Nos dimos un paseo (se puede bajar pero no entrar a los bancales en sí) y aprovechamos para ir al baño, y de allí pusimos rumbo a las salineras de Maras. Tanto el camino de acceso a Moray como especialmente el de las salineras son de tierra, y se levanta muchísimo polvo. La furgoneta era muy chula pero uno de los inconvenientes que tenía era que entraba todo el polvo del camino y acabamos perdidos, pero es parte de la gracia del cacharro. Vimos grupos que iban en motos o quads pero con todo ese polvo debe ser bastante incómodo.
Las salineras no están incluidas en el boleto turístico pero sí en el hippie tour, así que Kike compró nuestras entradas. Desde la carretera se tiene una primera vista panorámica antes de acceder:
Maras: salineras
Es un sitio muy curioso también, nunca habíamos visto salineras de cerca así que nos gustaron mucho. Según vas andando y adentrándote vas viendo cómo se encauza el agua para llenar una u otra poza, y ves a gente recogiendo sal de las que están ya secas. Esa sal luego la venden a los turistas en la entrada en bolsitas que yo creo que son más souvenir que prácticas.
Maras: salineras
La siguiente parada del tour era el pueblo de Chinchero. Allí hay unas ruinas incas (nada del otro mundo) que están incluidas en el boleto turístico, una iglesia con un interior muy bonito, y un centro de artesanía local que Kike nos contó que fue fundado por una belga con ánimo de promover el comercio local y justo. Bien, pues como no habíamos hecho compras todavía, le dijimos que nos llevara allí, pensando que ya que íbamos a comprar por lo menos que fuera en un sitio “auténtico”. Cuando llegamos al centro artesanal, lo primero que hicieron fue explicarnos todo el proceso de limpieza y teñido de la lana. El hecho de que hubiera una jarra enorme con la palabra “TIP” debería habernos dado una idea del carácter turístico de aquello, pero como íbamos recomendados por Kike no nos lo planteamos. La verdad es que la explicación está muy bien, y es curioso ver cómo lavan la lana y de dónde sacan los distintos colorantes naturales para teñirla. Al terminar la explicación nos enseñaron todas las variedades de patata que cultivan allí (a una de ellas la llaman algo así como “la que hace llorar a la nuera” en quechua, porque dicen que para casarte con un chico tienes que demostrarle a la suegra que sabes pelarla… a ver si adivináis cuál es en la foto!) y las alpacas que tienen. Nos dijeron que todo lo que vendían lo tejían ellas allí mismo, y que en el lugar vivían 9 familias y cada una vendía sus productos. Al no obtener beneficios conjuntos, aquello parecía un bazar donde cada uno intenta venderte lo suyo, y al final te acabas sintiendo mal por comprar a una y no a la del lado, sobre todo si la de al lado es la que te ha hecho toda la explicación de la lana antes… pero justamente la pobre chica no tenía nada que nos gustara.
Chinchero: centro textil artesanal
Acabamos comprando varias cosas después de regatear bastante: una manta (S/150), un jersey y un gorro (S/90) y unos guantes (S/20), todo ello de lana de alpaca (se supone!) y pensando que era todo súper original y justo y tejido allí mismo y blablabla. Bien, pues os adelanto que a lo largo del viaje fuimos viendo exactamente la misma manta, jersey y gorro por precios muy parecidos sin empezar a regatear. Moraleja: no os fieis de quien os diga que es hecho a mano y único en el mundo, lo más probable es que se fabrique en talleres de Lima y haya cientos iguales por el país.
Al terminar, nos disfrazaron con ponchos, sombreros y hasta un bastón de mando y nos hicieron unas fotos. Pista número dos del carácter turistada del asunto. La pista número tres fue cuando nos acompañaron a la furgoneta que estaba aparcada fuera y se pusieron a cantarnos una canción… yo creo que con intención de propina, que no les dimos porque aquello ya nos pareció demasiado.
En fin, nosotros nos íbamos contentos con nuestras compras, y desde allí dimos un paseo rápido por las ruinas y la iglesia del pueblo (también incluido en el boleto turístico). En la iglesia nos pilló un funeral, y vimos la procesión del féretro por las calles de Chinchero con medio pueblo detrás.
Con esto terminaba el tour y fuimos directos a Cuzco, donde dormíamos esa noche. Como no habíamos comido, le pedimos a Kike que nos dejara en la plaza de San Francisco y desde allí buscaríamos algún sitio para comer, aunque eran más de las cuatro. Al llegar a Cuzco pagamos el tour ($110, bastante caro para solo dos personas pero un capricho muy chulo y recomendable, sobre todo si vais en grupo, porque en la furgoneta caben bastantes) y nos despedimos de Kike. Acabamos comiendo en Los Toldos Chicken, que habíamos visto recomendado en el foro y también venía en la Lonely. Comimos un cuarto de pollo asado cada uno con ensaladas, riquísimo, con un par de limonadas, por S/38.
Después de comer teníamos pensado ir a ver el Museo Inca de una vez, pero al ser sábado había cerrado pronto. Qué pena! Nos quedábamos con las ganas, otra vez. Vimos que en el boleto turístico teníamos incluido el monumento a Pachacutec y decidimos ir hacia allá antes de que se hiciera de noche. Fuimos andando y tengo que decir que se nota muchísimo el cambio de ambiente según te acercas al final de la Av. El Sol… no nos sentimos inseguros pero tampoco queríamos volver andando por allí si se hacía de noche. Todo un mundo de diferencia con la zona más turística de Cuzco, y eso que está muy cerca.
Cuzco: Monumento a Pachacutec
El monumento es una torre con una estatua gigante de Pachacutec en lo alto. Pachacutec fue posiblemente el inca más importante, quien convirtió al estado inca en todo un imperio (Tihuantinsuyo, con esa bandera que parece la del orgullo gay), y que se cree que ordenó construir el Qoricancha, Machu Picchu y Sacsayhuaman. En el interior del monumento hay una especie de mini museo – exposición sobre su figura, pero quizás lo más llamativo de la visita es subir a lo alto y disfrutar de las vistas de Cuzco desde los pies de Pachacutec. La verdad es que si os sobra tiempo y tenéis boleto turístico está bien acercarse, pero no es imprescindible si vais con tiempo justo en Cuzco.
Al salir ya era casi de noche así que cogimos un taxi al hotel (S/4). Allí nos esperaban nuestras mochilas y la misma habitación que habíamos dejado tres días antes. Desde recepción encargaron un taxi que nos llevara a la parada de Turismo Mer (con quien haríamos la Ruta del Sol al día siguiente hasta Puno) a la mañana siguiente, que curiosamente estaba justo al lado del monumento que acabábamos de visitar. Al día siguiente nos esperaban muchas horas de bus para terminar en el Titicaca!