Tocaba decir adiós a Cuzco y poner rumbo al Titicaca. La ruta entre Cuzco y Puno se conoce como Ruta del Sol y es un trayecto que se puede hacer en avión (caro), en tren (aún más caro) o en bus. Descartando las dos primeras opciones, quedaba decidir si el trayecto lo hacíamos nocturno para ganar un día, o diurno para disfrutar del paisaje y hacer alguna parada interesante por el camino. Decidimos lo segundo, y teníamos billetes reservados con una de las compañías que ofrecen el “trayecto turístico”, es decir, con paradas. Todas las empresas hacen la misma ruta, todas paran a comer en los mismos sitios, y todas tienen más o menos los mismos horarios. Nosotros habíamos reservado con Turismo Mer desde España pero fue un error, creo que es más recomendable reservar una vez en Cuzco para sacar mucho mejor precio. No os recomiendo Turismo Mer pues nos metieron en un bus peor de lo que anunciaban, y son muchas horas metidos ahí como para no estar cómodos. Inka Express es quizás la compañía más famosa para esta ruta, y la otra que vimos se llama Perú Wonder (y sus buses tenían muy buen pinta).
El bus nos recogía a las 6:30 en una parada justo al lado del monumento a Pachacutec que habíamos visto el día anterior. El taxi desde el hotel nos costó S/7 y a las 6:30 estábamos ya esperando, con un fresquito considerable. El bus se retrasó y nos tocó esperar un rato en la calle, y cuando por fin llegó vimos que no era para nada parecido al de las fotos de su web… en fin. No merecía la pena enfadarse.
Al montar al bus te dan la opción de comprar las entradas para los tres sitios donde se para, que no estaban incluidas en el precio del billete. Las paradas eran Andahuaylillas para ver su iglesia, Saqchi para ver las ruinas incas, y Pucara para ver un museo. Nosotros compramos entramos sólo para los dos primeros (S/15 cada uno, Pucara eran S/10). Además de estas tres paradas turísticas, hay una parada para comer (que sí está incluido) y otra en un paso de montaña, a 4335 metros, donde hay souvenirs y buenas vistas. El trayecto dura en total unas 11 horas, incluyendo las paradas. Al final se acaba haciendo un poco largo. ¿Merece la pena hacerlo de día y perder un día? Eso es algo muy personal, pero a mí la verdad es que no me entusiasmó. Los paisajes son bonitos pero quizás podíamos haber aprovechado más ese día en otro sitio.
La primera parada, Andahuaylillas, es un pueblo pequeño a una hora de Cuzco con una iglesia colonial hiper-barroca. La llaman “la capilla Sixtina de América”, lo cual es obviamente una exageración pero os da idea de cómo es. Lamentablemente no se pueden hacer fotos dentro, pero os dejo una de google para os hagáis una idea:

Ruta del Sol: Iglesia de San Pedro (Andahuaylillas)
La iglesia es bonita pero a esas alturas yo estaba ya un poco saturada de tanto arte religioso, así que dimos una vuelta y volvimos al bus. En un par de horas, y después de pasar paisajes muy chulos, llegamos a la segunda parada del día: las ruinas incas de Raqchi. Lo más famoso o conocido de estas ruinas es la pared enorme que queda del templo de Viracocha, que en su día era uno de los templos incas más importantes. El templo debía ser gigantesco, pero hoy solo queda en pie una pared y hay que imaginarse las columnas que soportaban el techo a más de 20 metros de altura. Aparte del templo, hay restos de viviendas y muchas colcas (almacenes), y hasta se ve la muralla que protegía la ciudad en lo alto de la ladera. Esta es posiblemente la visita que más me gustó del día.
Ruta del Sol: Raqchi
En Raqchi estuvimos casi una hora en total, ya que las ruinas son algo extensas. Después tuvimos otra ratito de bus hasta parar a comer en un pueblo llamado Sicuani, pero en lugar de parar en el pueblo nos pararon en un restaurante de esos horribles de carretera para turistas… era de esperar, pues la web decía que la comida era turística y de buffet, pero lo que no esperábamos era que el restaurante tuviera como 5 ó 6 llamas y alpacas en la parte de atrás, todas con su respectivo niño con traje típico, a la caza de la propina por las fotos. La comida no fue espectacular, pero tampoco era horrible, simplemente pasable.
Ruta del Sol: alpacas caza-turistas
Aquí aprovechamos que había una llama solita y nos hicimos el primer llama-selfie del viaje. Cuando se lo mandábamos a la familia pensaban que era de mentira!
Aproximadamente 45 minutos de viaje más y estábamos en Abra la Raya, el paso de montaña que separa Puno de Cuzco, a 4335 metros. Era el punto más alto del viaje hasta ese momento, pero no notamos nada raro, será porque fue una parada cortita. Eso sí, hacía bastante rasca, y se veían montañas nevadas. Desde aquí hasta Pucara, última parada del viaje, teníamos casi otra hora y media. En Pucara se visitaba un “museo lítico” pero nosotros estábamos ya cansados y sólo queríamos dar una vuelta para estirar las piernas. Lo más conocido de Pucara son sus “toritos” cerámicos, que se colocan en los tejados de las casas cuando se construyen. Dicen que te los tienen que regalar, y que al ponerlos en el tejado te traen prosperidad. Los habíamos visto ya en algunos tejados de Cuzco, y aquí aprovechamos para comprar uno de recuerdo (S/8). Nos tomamos un helado y dimos una vuelta por la plaza, con cuatro o cinco señoras vendiendo souvenirs, esperando al último bus de turistas del día para poder irse a casa. Hay una iglesia pero estaba cerrada, así que tuvimos que conformarnos con ver sus toritos desde fuera:
Ruta del Sol: Pucara
A partir de Pucara ya se hace todo del tirón hasta Puno, un par de horas más de bus que se hacen muy largas. Se atraviesa Juliaca, una ciudad horriblemente fea y por lo visto nada segura, que vive del contrabando con Bolivia. Cuando llegamos a Puno era ya casi de noche así que no tuvimos grandes vistas del Titicaca ese día. En la estación de Turismo Mer nos estaban esperando para recogernos los del hotel que habíamos cogido en Puno, el Cantuta Inn, que muy amablemente nos llevaron en coche hasta el hotel. Cuando al hacer el check in yo mencioné que tenía un dolor de cabeza espantoso, mezcla de la altitud y de las horas de bus, el señor muy amablemente me ofreció la botella de oxígeno para que respirara un rato. La verdad es que en este hotel se portaron de maravilla, sólo puedo recomendarlo. Lo único malo que tenía la habitación es que el baño era muy frío porque tenía una ventana que no cerraba bien, y entraba mucho frío, pero la habitación era grande, cómoda y estaba muy limpia, y tenía calefacción. Nos dieron un mapita con indicaciones de cómo llegar a la plaza de Armas (menos de 10 minutos andando), y aunque al principio yo tenía mis miedos sobre Puno porque había leído que no era muy segura, la verdad es que no nos sentimos nada inseguros, y fuimos y volvimos andando a cenar las dos noches. Lo poco que vimos de la ciudad en esos dos días fue la plaza de Armas y la calle peatonal que sale de ella, Jiron Lima, llena de comercios y restaurantes y donde incluso aprovechamos para sacar dinero en un cajero BCP. Esa noche, después de un primer intento en uno de los múltiples restaurantes de Jr. Lima en el que tardaron tanto en servirnos que acabamos yéndonos, terminamos cenando en Mojsa, uno de los restaurantes más recomendados tanto en el foro como en tripadvisor. Cenamos bien pero creo que es uno de esos sitios que cría fama y luego aprovecha para subir los precios, pues a mí me pareció algo caro (S/68). Pedimos una sopa criolla con la que no tuvimos mucha suerte (estaba buena pero le faltaba algo) y una truchicausa que debería ser el plato estrella de la casa porque está de muerte: es una causa (patata) con guacamole y trucha asada.
Gastronomía peruana: truchicausa
Al llegar al hotel nos habían subido un termo con agua caliente y unos mates de coca a la habitación, para combatir el mal de altura y el frío de la calle, porque madre mía qué frío hacía en Puno!! Frío de invierno, de gorro y guantes! Mi móvil decía que unos 2-3 ºC… A la mañana siguiente nos recogían pronto para el tour por el lago, y seguro que iba a hacer fresquito también…