A la mañana siguiente nos levantamos prontito y nos dio tiempo a acercarnos al mercado Modelo antes de que nos recogieran los de Colonial. Este mercado, muy cerca de nuestro hotel, es famoso por tener una zona de curanderos donde puedes encontrar todo tipo de cosas raras. A nosotros no nos pareció nada del otro mundo.
Los de Colonial nos recogieron a la hora acordada y nos llevaron a la primera parada del día: el Museo Nacional Sicán, en Ferreñafe, a algo más de media hora de Chiclayo. Este museo se centra en la cultura Sicán o Lambayeque, posterior en el tiempo a la mochica (a la que pertenecía el Señor de Sipán) y más o menos de la misma época que la chimú, que se dio más al sur y que terminó conquistando a los lambayecanos. El museo tiene réplicas de las tumbas que se encontraron en Batán Grande, algunas muy enigmáticas como la del Señor de Sicán, que estaba enterrado boca abajo, en posición fetal y con la cabeza separada del cuerpo, acompañado de dos mujeres, una de ellas en posición de dar a luz y la otra una matrona:
Chiclayo: Museo Sicán
Además, el museo tiene montones de muestras de orfebrería, sobre todo máscaras funerarias, como esta donde se ven claramente los ojos alados de Naylamp, dios lambayecano:
Chiclayo: Museo Sicán
La siguiente parade eran las pirámides de Túcume, que aunque están relativamente cerca del museo Sicán, fuimos por un camino de cabras que se nos hizo eterno. Eso, junto con la decepción que supuso no poder visitar las pirámides porque lo único que se visita es un museo (muy nuevo, eso sí), hizo que pensáramos que esta visita era la que menos valía la pena. Es un viaje largo y creemos que perfectamente prescindible. El museo estaba bien pero tampoco era gran cosa, sobre todo después de los maravillosos museos que ya habíamos visto en los últimos tres días. Tenía algo de cerámica, paneles explicativos, y poco más. Había un panel en concreto, donde se representaban las distintas culturas de la historia de Perú en orden cronológico, que nos resultó muy interesante para entender mejor todo el follón que teníamos entre moche, sicán, sipán, chimú…
Chiclayo: museo Túcume
También pudimos ver una de las huacas o pirámides de Túcume por fuera, pero después de haber visto otras (la de la Luna y la del Sol, por ejemplo), tampoco nos pareció gran cosa:
Chiclayo: Túcume
Desde Túcume nos esperaban unos 40 minutos hasta el plato fuerte del día: el Museo Tumbas Reales de Sipán, pero antes paramos a comer por el camino. Le pedimos al conductor que nos llevara a algún sitio auténtico, y eso hizo. Comimos rodeados de peruanos, sin turistas, por S/41, pero no recuerdo dónde estaba exactamente.
El Museo Tumbas Reales es muy nuevo, inaugurado en 2002, y dicen que es el mejor de todo Sudamérica. Yo no puedo juzgar, pero la verdad es que está bastante bien. No se pueden hacer fotos dentro y no se puede pasar con mochilas ni bolsos (hay una consigna donde dejarlos). Se diseñó expresamente para albergar lo que se encontró en Huaca Rajada, que habíamos visitado el día anterior. Lo interesante es que según recorres el museo vas viendo los objetos en el mismo orden que se encontraron en las excavaciones: cerámicas, pendientes, narigueras, collares, tumis, placas pectorales… también una (otra) reproducción de la tumba, como la que habíamos visto el día anterior, hasta que por fin llegas al final y ves al Señor de Sipán, al Sacerdote, y al Viejo Señor de Sipán, todos ellos encontrados en Huaca Rajada. Es una visita imprescindible, a nosotros nos gustó mucho. Lástima que no se pudieran hacer fotos!
Chiclayo: Museo Tumbas Reales
Con esto terminaba nuestra excursión del día. Los de Colonial se portaron muy bien, y aunque los guías de Chiclayo no fueron tan buenos como la chica que nos llevó a la Dama de Cao en Trujillo, nosotros quedamos muy muy contentos y os recomendamos 100% hacer las visitas de Trujillo y Chiclayo con ellos.
Esa noche cenamos en otro de los restaurantes que nos habían recomendado los guías (Hebrón, S/40), y después de cenar volvimos al hotel para recoger las mochilas y coger un taxi a la estación de bus de Movil Tours.¡, donde cogeríamos el bus nocturno a Pedro Ruiz. Cuando llegamos al hotel, el encargado nos preguntó que qué tal nuestra estancia y le dijimos que bien, pero que el wifi no había funcionado en los dos días (estaban arreglándolo). Cuando nos acompañó al taxi con las mochilas, nos dijo que el trayecto corría de su cuenta, suponemos que como “compensación” por el wifi. Todo un detalle, la verdad.
El viaje iba llegando a su fin, pero primero nos esperaban Cuispes y sus cataratas gigantes!