Salida de Madrid en vuelo de Norvegian, destino Londres-Bergen, a las 8 de la mañana del lunes 29 de Junio de 2015.El viaje se desarrolló con total normalidad, lo único que yo creí que el avión era el mismo después de la escala de Londres, pero hubo que cambiar de avión, con un pequeño susto en el transbordo, pues no caí que en el Reino Unido es una hora menos que en España, y de prisa y corriendo para hacer el trasbordo, pensando que no llegaba, hasta que buscando la puerta de embarque en la pantalla me dí cuenta que allí era una hora menos y tenía tiempo de sobra. Un lapsus.
La llegada a Bergen fue a las 13,45, el horario previsto. Ya antes de aterrizar los islotes que se veían por la ventanilla y algún gran puente me llamaron la atención.
Momentos antes de aterrizar en Bergen.
Una vez pasado el control, como la mayoría de los pasajeros tomé el autobús que va al centro y se coge en las mismas puertas del aeropuerto. Muy fácil. ya en ese pequeño trayecto fui disfrutando de lo que era un paisaje verde y húmedo, tan distinto del árido que esa misma mañana había dejado en Madrid. Lo primero que hice al bajar del autobús fue dirigirme al hotel Basic Bergen para tomar posesión de la habitación. Tras un pequeño paseo, una preciosa y amable joven noruega en la recepción del hotel, me dio la tarjeta de la que era una limpia y coqueta habitación.
Una vez liberado de la mochila, -único equipaje con el que viajo, para poder moverme con facilidad , y en el que llevo únicamente lo imprescindible- tomé la cámara de fotos y a disfrutar de la ciudad.
Una ciudad pequeña, con un centro fácil de recorrer, y gran cantidad de turistas, en la que todo gira en torno al puerto, donde están la oficina de turismo, el mercado del pescado, y el Briggen.
Haciendo las primeras fotos ya me fui a tomar el funicular al monte Floyen, llamado Floybanen, desde donde hay una panorámica de la ciudad imprescindible de ver.
Yo saqué billete de ida y vuelta pero se puede hacer solo la subida y bajar andando si se dispone de tiempo. Aparte de las hermosas vistas, hay unos sitios preciosos para pasear. Esta es una visita imprescindible, como digo, en Bergen.
Una vez que bajé del monte Floyen, me fui hacia el Bryggen, y me adentré en sus estrechos pasadizos de madera, reconstruidos tras varios incendios tal y como eran en el siglo XII. Una joya. Y como no, para rematar la jornada una cena a base de salmón y otros sucedáneos marinos en el Mercado del Pescado, corazón de la ciudad. Como veis un día que dio mucho de sí,