Después de algunos imprevistos, finalmente el recorrido completo quedó así:
DIA 1. Mirador de la Bureba, Oña, Tobera y Frías. Noche en Oña. (relato en esta etapa)
DÍA 2. Cascada de Pedrosa de Tobalina, Herrán, Desfiladero del Purón (ruta a pie), Monte Santiago y Salto del Nervión (ruta a pie). Noche en Quincoces de Yuso. Relato aquí:

DÍA 3. Cueva Palomera, Soncillo-San Cibrían: Cascada de las Pisas (ruta a pie), Puentedey, Cascada de la Mea (ruta a pie). Noche en Espinosa de los Monteros. Relato aquí:

DÍA 4. Espinosa de los Monteros. Irus: calzada romana y cascadas del río Hijuela (ruta a pie), Nacimiento del río Cadagua (ruta a pie), San Panteleón de Losa, Cebolleros, Medina de Pomar, Desfiladero de las Palancas (ruta a pie). Noche en Orbaneja del Castillo. Relato aquí:

DÍA 5. Orbaneja del Castillo. Pesquera de Ebro. Mirador sobre las Hoces del Ebro. Desfiladero de los Hocinos en Valdenoceda (ruta a pie). Relato aquí: RUTA 5 DÍAS MERINDADES. DÍA 5. ORBANEJA DEL CASTILLO, PESQUERA DE EBRO...
Mapa de las Merindades

Habíamos tenido que suspender esta ruta por el norte de la provincia de Burgos en dos ocasiones anteriores, la última en el puente del Corpus de junio del año pasado por una muy triste circunstancia familiar. Por eso le teníamos muchas ganas a esta excursión, y también por las excelentes referencias que teníamos de la zona por parte de familiares y amigos. Al final pudo hacerse realidad con motivo de la festividad de San Isidro, Patrón de Madrid, el 15 de mayo, que se pasó al lunes por caer en domingo. Conseguimos añadirle dos días de vacaciones y resultó una escapada muy maja de cinco días, cuyo relato comienzo ya mismo.
La ruta prevista era aproximada ya que no sabíamos muy bien su distribución final, que dependía de la climatología y de cuánto tardásemos en hacer algunas excursiones porque circulando por carreteras desconocidas y queriendo realizar varias pequeñas rutas a pie es complicado ceñirse a un itinerario demasiado concreto. Sin embargo, teníamos claros algunos puntos condicionados por cuatro lugares donde íbamos a pernoctar, que eran Oña, Quincoces de Yuso, Espinosa de los Monteros y Orbaneja del Castillo. Por lo demás, un montón de apuntes y de sitios que teníamos muchas ganas de visitar.
La primera jornada tuvo este perfil de acuerdo con GoogleMaps:

Pero la ruta turística propiamente dicha de la primera jornada fue la siguiente:


Después de unos diez días de lluvias intensas, el sábado amaneció nublado, pero sabíamos que el tiempo tendía a mejorar y nos encontraríamos sol y buena climatología a partir del domingo a medio día. Así que no nos preocupamos demasiado cuando al llegar a tierras burgalesas nos recibió un cielo plomizo, poco prometedor. Por el camino nos encontramos extensas manchas de flores amarillas, de unos cultivos que (siento mi ignorancia) no sé qué son, pero que lucían realmente bonitos en el apagado panorama. Por el camino, vimos las torres de Lerma, junto a la carretera. Aunque estuvimos allí hace muchos años, apenas lo recordamos, así que habrá que dedicarle una escapada a no mucho tardar.
Imágenes de viaje, desde la sierra norte madrileña a la Bureba, pasando por Lerma.


Nuestra primera parada fue en el MIRADOR DE LA BUREBA, muy cerca de Poza de la Sal. Podíamos haber evitado la subida de este puerto yendo por otra carretera, pero yo tenía ganas de ver las vistas desde este mirador, ya que me lo había recomendado una amiga. En este lugar existe una escultura con un buitre, dedicado a la memoria del gran naturalista y reportero Félix Rodriguez de la Fuente, que nació en Poza de la Sal y murió en 1980 en Alaska en un accidente de avioneta, cuando estaba realizando uno de sus reportajes. Quizás a los más jóvenes no les suene tanto su nombre, pero los que ya tenemos cierta edad conservamos muy vivos en la memoria sus estupendos programas, al principio en blanco y negro, que teníamos fijos en nuestra escasa programación televisiva de la época. ¿Quién no recuerda “El Hombre y la Tierra” o “Planeta Azul”?.
Mirador de la Bureba y alrededores.


Tenía la idea de que junto al mirador se había instalado también una escultura del propio Rodríguez de la Fuente pero no la vimos por ninguna parte; al parecer, la han trasladado a Poza de la Sal. Señalar que el nombre de este pueblo viene dado por las salinas que aquí existieron, consecuencia de que estos lugares estuvieron bañados por el mar hace más de 200 millones de años, dejando sedimentos de cloruro sódico cuyos yacimientos serían después explotados por el hombre.
Vistas panorámicas desde el Mirador de la Bureba.


Donde está la escultura del buitre hay un panel informativo, pero el mirador se encuentra un poquito más arriba, siguiendo unos metros la carretera que sube hacia la central eólica hasta un indicador. Se puede subir andado. Allí nos encontramos con nuevos paneles informativos y un gran balcón desde el que se puede contemplar una amplísima extensión de territorio, que abarca la depresión del Castellar, las rocas salinas, el castillo de Poza de la Sal, Poza de la Sal y La Bureba, llegando al fondo hasta los Montes Obarenes y la Sierra de la Demanda. Pero, como ya he comentado, no era el mejor día para contemplar vistas panorámicas.
El castillo de Poza de la Sal desde el Mirador de la Bureba.


Seguimos nuestro camino, pasando junto al castillo de Poza de la Sal del siglo XIV, encaramado en un cerro. Se puede visitar y seguramente se contemplan unas vistas excelentes. No teníamos tiempo para detenerlos, pero no nos importó porque así podremos volver en otro momento y ver también Poza de la Sal y lo que parecía una antigua iglesia o monasterio en ruinas, antes de llegar al castillo, donde había varios coches parados y que tenía muy buena pinta. Como digo, queda para otra ocasión.
Vista de cerca del Castillo de Poza de la Sal.


Desde Poza de la Sal hasta Oña apenas hay 14 kilómetros que se hacen en poco más de un cuarto de hora. Las carreteras comenzaron a estrecharse conforme nos acercábamos al desfiladero de la Horadada. El paisaje se volvió más verde en muchos puntos, tomando una imagen típicamente norteña.
De camino hacia Oña.


Por cierto que Poza de la Sal y Oña no pertenecen en sí a las Merindades burgalesas, pero se suelen incluir en la ruta de las Merindades por razones de proximidad y similitudes históricas, y junto con Frías (ésta ciudad ya sí de las Merindades) forman la mancomunidad llamada “Raíces de Castilla”.
OÑA
Teníamos reserva para pernoctar en Oña, en el Hotel Rural El Rincón del Convento, situado justamente enfrente del antiguo Monasterio de San Salvador. Para acomodar mejor el horario de visita de la Abadía a nuestro itinerario, decidimos comer en Oña. Como era sábado y puente de San Isidro, decidimos no arriesgarnos y llamé para reservar mesa en el mismo hotel donde teníamos alojamiento. Y menos mal porque cuando llegamos el comedor estaba hasta los topes. Tomamos un menú de 15 euros que estaba bastante bien (elegimos alcachofas con hongos, judías pintas, paletilla de cordero asado y entrecot, más postres y cafés). Luego recogimos las llaves de la habitación, que no era demasiado grande, pero sí cómoda y muy bien decorada. La ventana daba directamente a la fachada del Monasterio. En la Plaza del Conde Sancho García había sitio de sobra para aparcar. La habitación nos costó 40 euros (sin desayuno), así que la relación calidad/precio me pareció excelente. El personal muy amable, además daban planos e información de rutas y lugares para visitar.
Vista de la habitación y la fachada del Monasterio que teníamos justo enfrente.


Después de comer fuimos a dar una vuelta por la localidad, para visitar a continuación el Monasterio, que abría a las cuatro de la tarde.

Pero antes de seguir, unos breves datos sobre Oña. Situada a 65 kilómetros de Burgos capital, fue un importantísimo enclave durante la Edad Media, especialmente en los tiempos del nacimiento del reino de Castilla. Aun con antiquísimos orígenes como demuestran los restos paleolíticos encontrados, su relevancia histórica comenzó en el siglo VIII como baluarte fortificado de acceso a los montes del norte de la península donde se habían refugiado los cristianos que huían de los invasores musulmanes. En 950, el primer conde independiente de Castilla, Fernán González le concedió privilegios, y su nieto, Sancho García, la convirtió en condal y en 1011 fundó la Abadía Benedictina de San Salvador, en torno a la cual iba a girar en lo sucesivo la vida de la villa hasta su exclaustración en 1835, ya que el abad del monasterio era igualmente su señor. Sus fueros y exenciones favorecieron el comercio y atrajeron a una numerosa comunidad judía, que se instaló en torno a la calle Barruso y alcanzó su máxima presencia a finales del siglo XIII; luego fue decayendo hasta su expulsión en tiempos de los Reyes Católicos.

Oña cuenta actualmente con algo más de 1.200 habitantes y su economía se está viendo favorecida por el turismo tanto cultural como el que busca naturaleza pues se encuentra en un hermoso valle, entre desfiladeros como el de la Horadada en dirección Trespaderne.
La Oficina de Turismo está en la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento. Pero si está cerrada (como fue nuestro caso), no hay que preocuparse porque en las inmediaciones hay un panel informativo con la ruta a seguir por el pueblo, cuyos principales puntos de interés son los que cito a continuación, en el orden en que, más o menos, los fuimos visitando. Decir que el casco histórico es pequeño y se puede ver tranquilamente en un par de horas.
Fotografía del panel informativo con el plano turístico de la villa.


Plaza del Ayuntamiento o Plaza Mayor.

Situados en ella podemos contemplar varios de los monumentos más importantes de la villa, como el Ayuntamiento, la Iglesia (bella portada del siglo XIII, de transición del románico al gótico)y la Torre de San Juan (antiguo campanario, donde actualmente está instalado el Museo de la Resina), el Arco de la Estrella y a un lado también alcanzamos a ver la Iglesia de San Salvador.
Iglesia de San Juan y Torre.


La muralla medieval data de los siglos XIV y XV. Tenía tres puertas de acceso de las que actualmente solo se conserva el Arco de la Estrella, que comunica directamente, a través de unas escaleras, la zona del río Oca con la Plaza del Ayuntamiento y el Monasterio de San Salvador, que se encuentra a unos pocos pasos.
Arco de la Estrella desde el exterior de la muralla, con la escalinata que baja al río Oca.


Río Oca.


En lacalle Barruso estaba ubicada la antigua judería, muy interesante de recorrer, tanto de día como de noche. También es conveniente llegar al final de la calle, donde sale un paseo que va a un mirador que ofrece buenas vistas sobre los desfiladeros, si bien las construcciones modernas, en especial un centro de tercera edad en primer plano, deslucen bastante la belleza del paisaje.
Panorámicas.

Arquitectura popular: casas blasonadas, abrevadero y lavadero.
Por un lateral de la Plaza del Ayuntamiento salimos a Plaza del Padre Cereceda, con una fuente en su centro. De camino, se pueden ver varias casas blasonadas y, saliendo por la Calle del Campo, se llega a los lavaderos y al antiguo abrevadero.



Jardín Secreto Benedictino: en la Plaza de Sancho García, a la derecha de la fachada principal del Monasterio de San Salvador, hay una puerta que da acceso al jardín benedictino, antigua huerta y vaquería monacal: un remanso de paz y silencio roto solo por el sonido del agua, por donde se puede dar un tranquilo paseo.
Foto del panel informativo con un plano y vistas del jardín.





Iglesia y antiguo Monasterio de San Salvador.
Se visitan conjuntamente y la entrada está subiendo las escaleras que llevan a la Iglesia de San Salvador. El horario es de 10:30 a 13:30 y de 16:00 a 18:30 y la entrada cuesta 3 euros. Si se quiere visita guiada hay que apuntarse en la Oficina de Turismo, pero también se puede hacer visita por libre, con audio-guía, opción que nosotros elegimos. Eso ya va en gustos. No se permite hacer fotos excepto en el claustro.
Me gustó mucho el Monasterio, en realidad lo que se ve es la Iglesia, las capillas, la Sacristía, la Sala Capitular y el Claustro, puesto que las restantes dependencias del antiguo Monasterio están dedicadas una parte a museo y otra albergaba un hospital geriátrico que aunque no estoy segura, creo que actualmente se encuentra cerrado.
Me gustó mucho el Monasterio, en realidad lo que se ve es la Iglesia, las capillas, la Sacristía, la Sala Capitular y el Claustro, puesto que las restantes dependencias del antiguo Monasterio están dedicadas una parte a museo y otra albergaba un hospital geriátrico que aunque no estoy segura, creo que actualmente se encuentra cerrado.

La Iglesia comenzó a construirse a principios del siglo XI y se finalizó en 1174, aunque fue ampliándose entre los siglos XIV y XVIII, por lo que existe una mezcla de estilos: frescos románicos, sillería gótica, altares barrocos… La verdad es que impresiona el tamaño de la iglesia y su riqueza. A los lados del Altar Mayor se encuentran los féretros de ocho condes y reyes castellanos (el primer Panteón Real de Castilla), realizados en madera de nogal y bog tallada en estilo gótico-mudéjar. También me gustaron mucho un fresco románico del siglo XIV, con secuencias de la vida de Santa María Egipciaca, y los arcos románicos con policromía original y escenas de la Última Cena del siglo XII que se encuentran en la Sala Capitular.



El claustro gótico-renacentista diseñado por Juan de Colonia en el siglo XV es una auténtica joya. Allí se encuentran los sepulcros de los Condes de la Bureba y del Obispo de Osma.


Por la noche, cenamos unos pinchitos muy ricos en el Hotel (al estilo vasco o navarro) y dimos otra vuelta por el pueblo. Aunque el paseo nocturno fue al final de la jornada, lo pongo aquí junto con las fotos porque prefiero mantener un poco de coherencia del relato y cada visita en su lugar.



Por la tarde, a continuación de la visita del Monasterio de San Salvador, cogimos el coche y enfilamos en dirección a Tobera, cruzando desfiladeros y campos verdes, y pasando junto a pueblos como Penches, Barcina de los Montes, la Aldena y Ranera.
TOBERA.
Aunque más o menos sabía lo que me iba a encontrar, la verdad es que me sorprendió la llegada a Tobera. Apareció como de golpe: un sitio que inevitablemente atrae la atención, con unos cuantos coches parados en un aparcamiento junto a la carretera, donde había varios paneles informativos. Y, a la derecha, sobre un río que corría con gran estruendo, una ermita colgada de un alto, entre las rocas. Cuando paramos (había que detenerse para ver aquello) me di cuenta de que estábamos en Tobera, lo que veníamos buscando. El lugar (obviando los coches y la carretera) era realmente espectacular, muy bonito, con la Ermita de Santa María de la Hoz y el Humilladero del Cristo de los Remedios presidiendo el panorama en lo alto. En la Edad Media era hospedería de peregrinos y hoy, ascendiendo una corta pero empinada escalinata, nos brinda unas imágenes de postal desde su galería exterior porticada. La puerta estaba cerrada, ignoro si su interior se puede visitar en algún momento.


La ermita se encuentra a las afueras de Tobera, que dista un par de kilómetros de Frías, a cuyo término municipal pertenece. Está dividido en dos por el río Molinar, que desde los Montes Obarenes desciende por la pared rocosa que se eleva entre un bosque de quejigos en su camino hacia el Ebro, formando innumerables cascadas, algunas de una impresionante belleza. Naturalmente la espectacularidad de las cascadas está condicionada al caudal del río, por lo cual en verano no será posible contemplarlas como nosotros las vimos. Precisamente desde puente romano-medieval que está a los pies de la Ermita sale un pequeño circuito de poco más de un kilómetro, perfectamente señalizado y acondicionado, que presenta varios miradores y baja por escaleras y pasarelas hasta el puente del pueblo, donde se aprecia el deambular impetuoso del río y a cuya altura hay que buscar un pequeño sendero que, de frente, lleva a otra de las cascadas “premium”.
Fotografía del panel informativo con la pequeña ruta de las cascadas.
Tobera y alrededores.
Las cascadas.

Tobera y alrededores.


Las cascadas.



Sin embargo, en ese punto todavía queda por contemplar quizás la más hermosa. Hay que seguir la dirección de las casas, a la izquierda, hasta encontrarnos, otra vez a la izquierda, con un sendero desde el que se divisa el campanario de una ermita al fondo, ya en el campo. A la derecha sale un senderito que bja al río, donde unas piedras a modo de pasarela nos conducen a un rincón bellísimo pero un tanto escondido. Sin embargo,parece que no mucha gente encuentra este sitio porque había bastantes personas sobre el puente, pero en la cascada solo estábamos nosotros dos y otra pareja, si bien curiosamente veíamos a las personas sobre el puente y ellas nos veían a nosotros. No se os olvide llegar aquí, son los puntos 5 y 6 del mapita.


En estos momentos, lamentaba no tener la habilidad o los conocimientos suficientes para captar la foto de esta cascada como tiene que ser. Algún año de estos tendré que aprender.

FRIAS.
Frías es de esos pueblos (perdón, ciudades) que, como suelo decir, se comen las carreteras, de los que sorprenden de improviso, como una brusca pero hermosa aparición, no en vano es Conjunto Historico-Artístico y está considerada una de las poblaciones más bonitas de España. Se encuentra encaramada al llamado Cerro de la Muela, muy cerca del curso del río Ebro. Precisamente de ahí viene su notoriedad histórica y comercial, tanto en época romana como medieval, ya que era un importante núcleo de paso y unión entre el Cantábrico y la Meseta, además de baluarte defensivo en las luchas entre Castilla y Navarra durante el siglo IX.

Seguramente sus orígenes son muy anteriores, pero fue Alfonso VIII en el siglo XII quien ordenó la construcción del que hoy conocemos como Castillo de los Velasco o de los Duques de Frías, que de manera imponente preside la ciudad. Sí, la ciudad, porque ese título se lo concedió el rey Juan II de Castilla en el siglo XV al tiempo que se la entregaba a la familia Fernández de Velasco para intercambiarla por Peñáfiel. Sus habitantes se opusieron a esa entrega y hubo enfrentamientos y un asedio que finalizó con el acatamiento del nuevo señor; así los Reyes Católicos nombraron Duques de Frías a la familia Fernández de Velasco. Lo curioso es que por este hecho Frías quizás sea actualmente la ciudad más pequeña del mundo con sus 350 habitantes.

Después de reponernos de la impresión que produce verla por primera vez, dejamos el coche en uno de los aparcamientos gratuitos que hay en torno al castillo. Viene muy bien aparcar aquí porque así ya se tiene parte de la cuesta hecha, lo cual no es moco de pavo como comprobé después.
En el mismo aparcamiento hay un panel informativo con la ruta recomendada. Lo primero, seguimos el paseo de ronda, pasamos por la Puerta del Postigo y fuimos hasta el castillo, cuya entrada cuesta 1,5 euros. El horario es de 11:14:00 y de 16:00 a 20:00 todos los días. Por cierto, para quien le interese, hay visitas guiadas por la ciudad, de las que informan en la Oficina de Turismo que está junto al acceso al castillo, donde nos atendieron muy amablemente y nos entregaron varios mapas y folletos. Nosotros preferimos ir por nuestra cuenta.
En el mismo aparcamiento hay un panel informativo con la ruta recomendada. Lo primero, seguimos el paseo de ronda, pasamos por la Puerta del Postigo y fuimos hasta el castillo, cuya entrada cuesta 1,5 euros. El horario es de 11:14:00 y de 16:00 a 20:00 todos los días. Por cierto, para quien le interese, hay visitas guiadas por la ciudad, de las que informan en la Oficina de Turismo que está junto al acceso al castillo, donde nos atendieron muy amablemente y nos entregaron varios mapas y folletos. Nosotros preferimos ir por nuestra cuenta.
Foto del panel informativo que se halla en el aparcamiento.


La Puerta del Postigo.


Cruzamos el foso hacia el interior castillo, del que solo se conserva el continente como digo yo, ya que el contenido casi no existe como tal pues solamente queda el patio y el pozo. Sin embargo, las extraordinarias vistas de Frías, de las tierras del Ebro y de los Montes Obarenes que se tienen desde sus almenas y torreones bien valen la visita, o eso entiendo yo, que soy una enamorada de las vistas panorámicas. La Torre del Homenaje es el elemento más destacado, está separada del resto con su propio sistema defensivo y no paras de preguntarte cómo es posible que se mantenga en pie prácticamente haciendo equilibrios sobre la roca, sobre todo cuando la contemplas más abajo, desde el caserío. Después supe que se derrumbó tres veces en el pasado, la última con motivo de unas voladuras de los ejércitos franceses, durante la Guerra de la Independencia.




Muy bonitas me parecieron también los tres juegos de ventanas dobles (ajimeces) con esculturas románicas que datan del siglo XIII y son los elementos más antiguos del castillo. El resto del conjunto que vemos hoy es de los siglos XV y XVI.



Después seguimos el itinerario aconsejado, caminando por la calle, digamos, de arriba, pasamos la Puerta de Medina y llegamos a la Iglesia de San Vicente Mártir y San Sebastián, que data del siglo XIII y cuyos orígenes fueron defensivos en adición al castillo. A principios del siglo XX se hundió la torre y parte de la iglesia y se vendió el pórtico románico para, al parecer, financiar la reparación de la torre. Una parte del pórtico se encuentra actualmente en el Museo de los Claustros de Nueva York. La iglesia estaba cerrada, pero merece la pena verla por fuera y también son impresionantes las vistas a su alrededor.

Muy cerca se encuentra el Mirador de las Casas Colgadas y el Ayuntamiento, además del conjunto de caserío medieval de piedra, muy vistoso.


Sin embargo, las mejores vistas del conjunto (no de los alrededores) se obtienen desde la parte baja de Frías, donde nos topamos con la formidable estampa del castillo y su torre en un inaudito equilibrio de un lado y las casas colgadas del otro.



Además, hay otros puntos de interés como la antigua Judería, la Iglesia de San Vitores, con una bella portada de los siglos XIII y XIV, y el Convento de Santa María Vadillo, abandonado tras la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX.

Lo malo de bajar es que luego hay que subir y eso mismo tuve que hacer puesto que me vi obligada a abandonar mi intento de atajo hacia el Puente Medieval por culpa de un perro al que no le gustaron mis intenciones... y a mi mucho menos las suyas. Y es que una de mis habilidades es encontrarme con canes malhumorados, ¡menudo plan!
Así que tuve que dar media vuelta, subí de nuevo al castillo, volví al aparcamiento y tomé la pista que lleva hacia el puente. Será como un kilómetro o poco más, y se puede ir perfectamente en coche pero habíamos decidido ir andando, así que alcancé a mi marido que había ido por otro lado y nos dimos otra buena caminata para ver el Ebro y su bonito puente medieval, de 143 metros de longitud y nueve arcos. Su origen es romano y se reconstruyó varias veces en la Edad Media, ya en el siglo XIV se le dotó de una torre central defensiva con saeteras, almenas y matacanes, y también servía para cobrar el llamado “pontazgo” ya que su paso era de pago (el peaje, vamos, que hace mucho que se ha inventado). Por el pasaba (y pasa) la calzada romana que comunicaba el Cantábrico con la Meseta. Merece la pena acercarse a verlo pues constituye uno de los mejores ejemplos de puentes fortificados de España.



El regreso hacia Oña lo hicimos por otra carretera, la BU-530 que va a Trespaderme, tomando después la N-629 y por fin la N-232 hasta Oña, pasando por el desfiladero de la Horadada. Un bonito paisaje en cualquier caso.
Impresionante estampa de Frías desde la carretera.

Había sido un día muy interesante y la cosa prometía mucho más.
Continúa en la etapa siguiente de este diario.