San Miguel del Monte, Argentina — lunes, 22 de abril de 2013
SAN MIGUE – Vacilando.
Un domingo, el ultimo de mi estadía en esta capital de provincia, fuimos con el hijo de mi amigo, a ver lo jugar en su equipo de futbol y dirán que hijo de gato caza ratón, porque su padre fue muy buen jugador en sus años mozos.
El partido estuvo de lo mejor y el muchacho, anotó dos goles.
De perlas, pero yo había visto, o más bien mi amigo me señalo un lugar en la Avenida Sarmiento 2424 donde había una gran nave o lonja, o sea un gran galpón.
Y en su entrada ponía REMAR.
Esta es una organización que trabaja por voluntariado y participa de obras sociales.
Los domingos, por lo que vi están cerrados y tan solo tenían dos personas jóvenes de género masculino; dos chico, que ni tan chicos, cuidando por ahí.
En el intermedio del partido, yo había ido a visitarles y les pregunte que si podía regresar el lunes a tomar unas fotos, pues ya para el miércoles 17, salía de viaje.
Y así quedamos.
El lunes me presente con mi cámara y:
Fui muy afortunado, había un ambiente familiar.
Conocía a Jorge Basualdo, la persona encargada, que estaba ahí. Con su esposa e hija.
Le conté mi idea de sacar algunas fotos y se mostro entusiasta con la idea, facilitándome mucho las cosas.
Ellos le dan merienda a un grupo muy grande de niños y chicos que salen de las escuelas locales, aun con sus guardapolvos, como los de Mafalda.
Los niños eran muy entusiastas y como los voluntarios(as), se encargaban de dirigirlos, las mamas, podían acudir a unas charlas que les daba una psicóloga, también voluntaria, en el mismo amplio lugar pero un poco más alejados de los niños.
Esa tarde hablaron del tema de la violencia de género.
Aunque solo la escuche en parte, me pareció muy explícita, e interesante, porque si entendí bien, factores pequeños en su sumatoria generan efectos colaterales agresivos, algo así como el “Efecto Mariposa”, supongo.
Una de las noches, ellos estaban participando de un instituto bíblico y pude sacarles algunas fotos al respecto.
Luego, casi al final, preparan mucha comida, para las personas que tengan a bien ir con sus potes y recipientes a por la cena.
Siempre les va mucha gente.
En eso seme fueron los dos últimos días de mi gira.
A la mañana siguiente, me despedí de mis amistades y tome el tren más bien temprano, para capital.
Había comparado pasaje con casi dos semanas de antelación en PLUMA, y resultó que el equipo de dos persona de la tarde son muy amables y eficientes y me trataron muy bien, además que me orientaron mucho.
Porque en las mañana llega una con un carácter atípico, pero en fin.
Si va a PLUMA, Buenos Aires, valla después de las 2pm, al menos, por ahora.
Y… voila, se me volaron mis vacaciones, luego ahora, les cometo el regreso.
Aun tenía que llegar a Sao Paulo.
Les dejo un enlace relacionado con el tema y espero les guste;





