Nunca había pasado tanto tiempo en una cola frente a los mostradores de facturación de una arolínea. Más de una hora de espera en la que a menudo tenían que "colar" a gente que podía perder sus vuelos.
El avión de Vueling despegó a las 12.40, más o menos a la hora prevista. Tuvimos un viaje tranquilo pese a los avisos de tormenta eléctrica en Croacia. Aterrizamos al cabo de 1 hora 50 minutos, 25 antes de lo que preveíamos. El tiempo en Dubrovnik es caluroso pero nublado.
El control de pasaportes y certificado covid fue rápido y al llegar a la cinta de equipajes ya salían las maletas.
Fuera nos estaba esperando Mariano, guía argentino-croata, que nos informa que esa mañana efectivamente ha caído una gran tormenta sobre la ciudad.
El aeropuerto de Dubrovnik está a una media hora del centro pero la complicada orografía hace que la única carretera sea muy estrecha, lo que provoca bastante colapso de coches.

Antes de ir a dejar las maletas a nuestro alojamiento, vamos a ver una panorámica de la ciudad. Hay quien opina que el Monte Srd, a 417 metros sobre el nivel del mar, es el mejor de los miradores. Arriba hay una gran cruz de piedra blanca y el Fuerte Imperial, una estructura defensiva construida por los franceses en 1810 durante las Guerras Napoleónicas.
El monte está cubierto de bosques de robles que los lugareños llamaban dubrava (de la antigua palabra eslava dub , "roble"); de ahí el nombre de la ciudad de Dubrovnik. Se puede subir en coche (como nosotros) o en un carísimo teleférico.

Desde allí es posible ver la ciudad amurallada de Dubrovnik, la isla de Lokrum y el mar Adriático. Muy cerca de la terraza del teleférico se encuentra el Museo de la Guerra de la Independencia de Croacia. El museo narra la independencia del país (1991-1995) y el asedio que sufrió Dubrovnik con 500 objetos.
Desde arriba vemos bastante uniformidad en la ciudad, con todos los tejados rojos, estén o no dentro de las murallas. Dubrovnik no cuenta con grandes rascacielos y los edificios dan la impresión de estar un poco dispersos.

Después de pasar unos minutos en el mirador, Mariano nos acompaña al hotel Porto.
El Porto no se encuentra en la zona amurallada, ningún hotel lo está, pero tampoco en la más alejada Lapad (aunque está tocando a esta zona). Está muy cerca del puerto, próximo a Gruz. Tanto Lapad (con sus playas- es la zona hotelera por excelencia) como nuestro hotel están bien comunicados.

Se trata de un hotel de nueva construcción con habitaciones amplísimas (31 metros cuadrados, con habitación, cuarto de baño, salón y balcón). No ofrecen cambio de divisas pero enfrente hay un banco de cuyo cajero sacamos las primeras kunas.
La agencia nos compra una tarjeta para el móvil pero no llegamos a usarla.
El hotel Porto está muy bien comunicado con el centro. A muy pocos pasos hay una estación de autobuses. El 6, 1A y 1B llevan junto a la puerta de Pile. El precio de un billete es de 15 kn si se compra en el bus o 12 en taquilla (cerrada ese día).
El trayecto no es muy largo (apenas 3 paradas) y nos bajamos en el final. No hay pérdida.
La ciudad amurallada de Dubrovnik tenía dos puertas de entrada y salida que han permanecido casi intactas desde su construcción en los siglos XVI y XVII: Pile y Ploče. Pile es la primera que nos encontramos y que atravesamos, no sin antes observar la figura de San Blas, patrón de la ciudad, con la maqueta en las manos. La estatua actual es obra del escultor Ivan Mestrovic y la hizo en 1992. Hablaré mucho de este artista.
Cada noche, las puertas de la ciudad se cerraban para que nadie pudiera entrar ni salir de la ciudad y la llave se entregaba al rector de Ragusa. Hoy nos puede sorprender ver que hay tres puertas pero se ha hecho así por pura logística. La Puerta de Buža es la más reciente de todas. Se construyó recientemente y sirve para dar acceso a la ciudad desde esa parte.
A estas puertas también hay que añadirles las dos entradas marítimas que se encuentran en el Puerto Viejo: la Puerta del Puente y la Puerta de la lonja de pescado.
La Puerta de Pile es el principal acceso a la ciudad amurallada de Dubrovnik. Fue construida en 1537 en el lado occidental de las murallas y fue durante muchos años la única entrada a la República de Ragusa. El puente levadizo que precedía a la puerta se cerraba cada noche para que nadie pudiera entrar ni salir de la ciudad. Hoy el antiguo foso es un parque.
Aún nos quedará atravesar otra puerta.
Justo al lado hay una pequeña tienda donde se compran los tickets para subir a la muralla. Cuesta 200 kn por persona (30 euros), se puede pagar en tarjeta y no admiten euros.
El precio de esa entrada es el más caro de todo el viaje, excesivo, pero saben que la experiencia vale la pena y que nadie dejará de subir, cueste lo que cueste.

El trayecto tiene una sola dirección y se empieza en dirección al mar. Las vistas son impresionantes, para mí las mejores de la ciudad. Eso sí, no es muy accesible y la parte final tiene unas cuantas escaleras y se tiene que subir un poco. Tampoco es muy práctica para días muy calurosos ya que no hay ni un resquicio de sombra.
La impresionante muralla, que puede recorrerse entera, fue construida en el siglo XII pero fue reforzada posteriormente primero tras la independencia de la República de Venecia y luego en el siglo XVI de la mano del arquitecto florentino Micchelozzo di Bartolomeo para proteger la ciudad frente a la amenaza otomana tras la caída de Constantinopla en 1453. Los bombardeos del asedio que vivió Dubrovnik durante el conflicto de la guerra con Serbia y Montenegro dañaron parte de la estructura de murallas, mucho más que el terremoto de 1667. La reconstrucción ha sido impecable.

El perímetro mide casi 2 kilómetros, las paredes alcanzan una altura máxima de 35 metros y tienen un grosor impresionante, incluso hasta 6 metros.
Toda la fachada marítima de la antigua Dubrovnik está protegida también por altas murallas, aunque su espesor es menor que el de las murallas exteriores (entre 2 y 5 metros). Está especialmente fortificada la zona del puerto viejo, la más vulnerable en caso de ataque naval.
A finales del siglo XV el ingeniero Paskoje Miličević diseñó el sistema defensivo del puerto, incluyendo el rompeolas de Kaše.
La Fortaleza Bokar era la torre que protegía los posibles ataques de la puerta de Pile, que con el foso y el puente levadizo contaba con la Torre Mircella en el extremo opuesto como soporte para los dos flancos. Tiene forma circular y se construyó en el siglo XV. Para verlo mejor no es necesario entrar al paso de ronda de las murallas. Se ve desde fuera. En sus dos plantas se conservan cañones antiguos y balas de piedra.
Al lado hay muchos kayacs que la gente contrata para dar un paseo. Nos comentaron que en ese punto se grabaron escenas de Juego de tronos.

Desde el bastión de Bokar (también llamado Zvjezdan), se obtienen unas magníficas vistas de la Fortaleza Lovrjenac, de la que ya hablaré.
La Fortaleza de San Juan (Sveti Ivan en croata) era la defensa sur del puerto. Actualmente se ha reformado para albergar el Museo Marítimo y el Acuario.

Más allá está el Fuerte Revelin. Aunque no está anexo a las murallas, formaba parte del engranaje defensivo para proteger la Puerta de Ploče y el puerto. La obra fue encargada al también italiano Antonio Ferramolino quién entre 1538 y 1549 levantó el fortín, que alberga hoy en día el Museo Arqueológico. Su nombre deriva de la palabra italiana revellino, que antiguamente designaba las fortificaciones levantadas cerca de una puerta de acceso de una ciudad. Protegía la puerta Ploče y el puerto.

La Fortaleza Minčeta es quizá la más espectacular en el punto más alto de las murallas. El nombre proviene del linaje de la familia Menčetić que donó el terreno para construir la torre. Sus muros son los más gruesos de todo el perímetro.

Casi ochenta años después de la construcción de la Puerta de Pile se levantó una segunda puerta en la parte este de las murallas: la Puerta de Ploče. Está protegida por la fortaleza de Revelin y también alberga una escultura de piedra del patrón de la ciudad, San Blas.
