Las cascadas de Kravice son muy desconocidas en el extranjero pero en Bosnia es una de las principales atracciones y son muy visitadas.

Se encuentran apenas 30 kilómetros de la frontera con Croacia. La población más próxima es Ljubuski, pero no muy lejos tampoco Medjugorje.
Hay un gran aparcamiento y se debe pagar una entrada (unos 5 euros). Olvidé mencionar que en Bosnia, aunque su moneda es el marco convertible, se puede pagar en euros. Es más, muchos precios están indicados en nuestra moneda.
Para llegar a las cascadas tienes una bajada de unos 15 minutos por escaleras. No es complicado bajar ni subir pero en verano puede hacer mucho calor.
Se trata de una gran cascada de toba en el río Trebizat. Como pasaba en la casa de los derviches de la que ya hablé, las formaciones son kársticas.

La altura de las cascadas es de unos 25 metros. Caen a un lago cuyo radio es de unos 120 metros. Las paredes de roca están llenas de musgo y líquenes; hay hasta árboles. Se ha instalado una pasarela de madera para poder pasar.
Allí podemos encontrar algunos locales de comida sencilla (platos a la parrilla básicamente), alquiler de barcas o de kayaks. Está permitido el baño.
Igual que pasa en Plitvice, la mejor época para visitarlas es en primavera, cuando hay mucha más agua. Al contrario que pasa allí, aquí te puedes bañar.

El propietario de la cascada era un famoso concejal, terrateniente, benefactor y filántropo de Ljubuški , Zaim-beg Selimić.
Se trata de un sitio muy bonito aunque algo repleto de gente.