Cogemos el tren a Viena. En esta ocasión vamos tranquilos porque hemos reservado los asientos así que después de comer a bordo llegamos a la estación del inicio de nuestro viaje y nuestro hotel para una noche está justo al lado de la estación y del apartamento que tuvimos. Comodísimo.
Tras soltar lastre cogemos unos billetes sencillos de metro y vamos directos a la plaza María Teresa ya que mi marido quiere visitar el museo de Historia del Arte. La plaza está presidida por el monumento a la emperatriz y a ambos lados los edificios gemelos: el museo de Historia del Arte y el museo de Historia Natural.

El Museo de Arte tiene una de las colecciones de pintura renacentista y barroca más impresionantes del mundo, comparable al Museo del Prado. Todo amante de la pintura no debe perdérselo.
Cuando sale paseamos hacia Holfbrunn por la plaza de los héroes y recorremos las distintas plazas con una luz muy diferente a la vez anterior, así da gusto, incluso nos parece más bonita.

Tras recorrer el Holfbrunn vamos hacia el Ring, al barrio de la catedral. En definitiva todo el recorrido turístico del primer día en un paseo. Al concluir entramos en el metro porque nos sobra algo de tiempo y ya hemos visto lo esencial, así que por curiosidad nos acercamos al Prater, la zona del parque de atracciones. Tras dar un paseo por el parque, dejar al niño jugar en los columpios y recorrer algo del interior del parque de atracciones (la entrada de paseo es gratuita) decidimos poner punto y final al día y con ello al viaje. Mañana por la mañana al aeropuerto directamente.
