Jueves, 10 de marzo de 2022
Hoy nos toca otro madrugón pero bueno ya estamos acostumbrados y es que en Egipto amanece muy pronto y anoche pronto también por lo que no es bueno que se peguen las sábanas demasiado
Desayuno abundante ¡que dejen de sacar cosas!, hacemos un amigo felino y nos ponemos en marcha sobre las 7:30 h.
El Valle de los Reyes está en un paraje recóndito en las entrañas de la montaña tebana, en una zona de dificil acceso en la antigüedad y que podía ser fácilmente vigilado. Fue el lugar de enterramiento de la gran mayoría de los faraones del Reino Nuevo y estuvo en activo en torno a unos 500 años. Hasta la fecha se han encontrado un total de 65 tumbas de todos los tamaños, formas y estilos lo que nos permite conocer la evolución de estos enterramientos.

De estas 65 tumbas, en estos momentos (marzo 2022) sólo se pueden visitar 11:
- KV1 Ramsés VII
- KV6 Ramsés IX
- KV8 Merenptah
- KV9 Ramsés V y VI
- KV11 Ramsés III
- KV14 Tausert y Setnakht
- KV15 Seti II
- KV16 Ramsés I
- KV17 Seti I
- KV47 Siptah
- KV62 Tutankamón
Cómo llevamos la Luxor Pass y vamos por libre las visitamos todas empezando por las del fondo del valle y acabando por la KV1, la más cercana a la entrada.
Empezamos por la KV14, KV47 y KV15 donde nos sorprende el tamaño y delicadeza de la decoración de la KV14; el enorme deterioro de la KV47 y las imágenes de las capillas que formaban el ajuar funerario de los faraones representadas en la KV15
Bajamos hacia el centro del valle y es el turno de la KV11, la tumba de Ramsés III. De un tamaño considerable, aquí ya se nota la afluencia de turistas por la cercanía a la entrada. Destaca la decoración y sobretodo el incidente que ocurrió durante su construcción debido a la colisión con la vecina KV10 por lo que tuvieron que cambiar el eje ligeramente. En la entrada algo único en el valle, ¡a cada lado de la puerta de acceso dos pilares coronados con una cabeza de toro!
Hacemos una parada en el bar que hay justo en el centro del valle para comprar un poco de agua fresca y tomar algo antes de seguir. El día está genial, ni frío ni calor, la temperatura justa. El trasiego de gente a esta hora ya se va notando.
La KV16 de Ramsés I es una tumba pequeña y profunda que fue recientemente restaurada y vuelta a abrir al público. La única sala decorada es la cámara funeraria y es una completa maravilla que debe ser una parada obligatoria cuando se visita el lugar.
La siguiente tumba a la que fuimos es a la KV17, la tumba de Seti I y sin duda la tumba más bonita del valle sino es que de todo Egipto. De este lugar poco se puede decir porque básicamente no hay palabras para describir la grandeza, la belleza y el estado de conservación tan increíble en el que se encuentra, lo que hace que su visita sea un experiencia única. No recuerdo el tiempo que estuvimos allí, admirando cada detalle y sorprendiéndonos a cada paso. Sin palabras.

La siguiente parada es la KV9 de Ramsés V y Ramsés VI, otra obra maestra del arte egipcio y del Valle de los Reyes. La decoración sobre fondo blanco nos resulta de lo más elegante y entre escenas de libros funerarios llegamos a la cámara funeraria que es imponente y en la que destaca el techo astrónomico en forma de bóveda, una pasada.

Y llega el momento más esperado del día, la visita a la tumba de Tutankamón (KV62) sobre la cual he fantaseado durante toda mi vida, he leído y releído los relatos del descubrimiento de la tumba por Carter y que ahora no me creo que esté aquí a tan solo unos metros. Con los cincos sentidos puestos y recordando en mi mente las palabras y vivencias de sus descubridores nos adentramos en ella. Los famosos 16 escalones, el corredor y finalmente la antecámara donde en la actualidad reposa la momia del joven faraón. Y la cámara funeraria que aunque pequeña me emociona especialmente. Y de pronto en este pequeño lugar del valle es donde se hace palpable la historia, los siglos y milenios transcurridos. Quisiera estar aquí todo el día, en silencio, pero empiezan a llegar más turistas con los sentimientos menos a flor que los míos por lo que toca grabar este momento tan especial en mi mente y seguir.
Hacemos una parada a la sombra de unos minutos. Beber un poco de agua y seguir. Nos quedan 3 últimas tumbas por ver.
Ya en el camino de salida nos paramos a visitar la KV6 Ramsés IX, la KV8 Merenptah y la KV1 Ramsés VII. La KV6 impresiona la altura de sus techos y lo monumental de su entrada. Al parecer la tumba estaba a medio construir cuando el faraón murió por lo que la cámara funeraria se tuvo que improvisar en lo que debía ser un corredor. La tumba de Merenptah es grande y se adentra a una profundidad considerable en la montaña. La decoración no se encuentra demasiado bien conservada debido a que antiguamente se inundaba durante las lluvias torrenciales que azotaban el valle, de hecho algunas cámara aún se encuentran llenas de sedimentos. La última tumba que visitamos es la KV1 de Ramsés VII que es de un tamaño bastante reducido en comparación con las tumbas de sus antecesores y sucesores debido a que el faraón murió cuando aún se estaba construyendo la tumba por lo que tuvo que adaptar para el entierro tal y como estaba en ese momento.

Salimos ya del valle en dirección al trenecito que nos deja en el centro de visitantes, en total hemos estado aquí unas 4 horas y apenas nos hemos enterado
Regateamos para coger un taxi y que nos acerque a la casa de Howard Carter que se encuentra al inicio de la carretera que lleva al valle. En esta casa es donde el arqueólogo británico residía durante los largos años que estuvo trabajando en el valle en la excavación de la tumba de Tutankamón. Si bien los muebles y demás elementos que podemos ver hoy día en la casa no son originales si que nos podemos hacer a la idea de como sería en los días en que Carter residía aquí. Al salir nos acercamos a la réplica de la tumba de Tutankamón que hay cerca de la casa y que fue fabricada por una empresa española, Factum Arte.

Tras salir de la casa de Carter nos dirigimos a la última parada de la jornada, el templo funerario de Seti I que se encuentra muy cerca.
Sin duda se trata de uno de los grandes desconocidos del West Bank, en la entrada el guardia y otros dos hombres charlan a la sombra y siguen a lo suyo. En el templo estamos nosotros dos y otra persona. Silencio absoluto solo alterado por el piar de los pájaros, es un oasis de tranquilidad.
El templo en su día debió ser impresionante pero a nuestros días solo ha llegado una pequeña parte, lo justo para imaginarnos lo grandioso que debió de ser.

Ya vamos de regreso y paramos a comer en el Marsam de nuevo, le hemos cogido el gusto
