32. De camino al Salar de Uyuni. Segundo día. Parte 2.

Llegamos a Alota para almorzar. Es una pequeña villa con unas pocas casas de adobe y una carretera asfaltada, eso sí, por el centro. Es una ruta por donde pasan muchos camiones a la ciudad de Uyuni, que queda cerca.

El restaurante, una vez más, una sorpresa. En una casa familiar en construcción, la planta superior está habilitada como restaurante y debe ser el salón de eventos de Alota a juzgar por la infraestructura y la decoración con fotos de fiestas de final de curso, trabajadores en la fotos oficiales de empresas, etc.. Justo enfrente, hay un gran patio y se oye una orquesta. Leon nos dice que llevan toda la semana del 15 de agosto de fiesta mayor, y como hoy es sábado, es el día final. Y claro, son poco más de la 1 y todos los que están allí llevan unas cuantas-muchas cervezas. Y no hay ninguno que pueda caminar en linea recta. Y el olor corporal es de haberse duchado con " jabón" de cerveza. Visto lo visto, amablemente declinamos las invitaciones que recibimos cuando paseamos por allí, y nos vamos.

Carretera y manta y esta vez, llegamos a Julaca, donde está prevista una larga parada para comprar artesanía y beber o comprar cervezas de sabores curiosos

Julaca formaba parte de la ruta en tren que llega a Uyuni. Y todo el pueblo, que son unas 60 casas, están articuladas a lo largo de la via del tren. Lástima que el mercado solo abre por las mañanas porque hubiera sido interesante. Julaca recuerda mucho a las películas del oeste, desierto, los matojos rodando excepto por las casas de adobe.

Por altitud, estamos a 3500 metros, pero también algunas chumberas rodando por esas calles desérticas en mitad del desierto de Julaca. Me imagino que si hay tormentas de arena, como sucede a menudo, debe ser un panorama conducir por aquí.
En esta parada hay tres tiendas abiertas. Todas viven del turismo. En un día con muchos coches y muchos turistas, seguro que se monta un buen jolgorio porque la gente se pone a bailar en la calle gracias al potente altavoz de uno de los bares que ameniza la calle, y aquí se pueden probar cervezas de sabores como cactus o quinoa. Básicamente es una parada para comprar y hacer una pausa lavabo en el camino. Lavabo de pago, por cierto, solo en bolivarianos.