Vais a perdonarme que el título de esta entrada copie parte de las palabras con las que Samaranch designó Barcelona como sede olímpica para el 1992. Pero es que una oye el número 92 y es lo primero que le viene a la cabeza. Será porque yo estaba en una edad muy influenciable cuando eso pasó o simplemente porque tenía la cabeza tan hueca, que entonces todo quedaba dentro. Sea como sea, esta mañana hemos llegado a Kunming, el final del trayecto del tren que hemos tomado en Chengdu.
Hemos llegado antes de las 8 de la mañana, pero hasta las 9 no nos pasan a recoger desde el hostal. Esperamos desayunando y como suele pasar con las leyes de Murphy, Mónica llega en el mismo momento en el que yo he ido a mirar si había otro Dico's en la estación (el lugar en el que hemos quedado).
Nada más llegar al hostal, hacemos lo más importante para mí en el día a día: desayunar como jabatas, como si fuera nuestra última comida.
Salimos por los alrededores del hostal, pero nuevamente el calor y sobre todo, un dolor de espalda descomunal, me dicen que lo que debemos hacer a gritos es volver a nuestro pequeño refugio. Así que sin pudor alguno, nos volvemos a echar una siesta, sobretodo porque necesitamos el sueño después de los traqueteos del tren y segundo porque es una bonita manera de hacer pasar el tiempo.
Yo me levanto con un dolor de espalda aún mayor. La cama del hostal es de las peores que he visto en mi vida, solo tengo un colchón de escasos centímetros y está tan desgastado que es como si durmiera directamente sobre los tablones que hacen las veces de base de la cama. Ni en Mongolia, dormí peor.
Así que echa un guiñapo aún mayor que el que era esta mañana, me bajo al bar del hostal a realizar las siguientes reservas de hostales y acabando de cuadrar los (escasos) días que nos quedan. El verdadero fastidio de este hostal es la excelente terraza y bar/restaurante que tienen, que invitan a quedarse todo el día admirando las vistas del centro de la ciudad. Por un día no importa demasiado ya que tengo trabajo atrasado que realizar. Y de hecho, el propósito de ralentizar al final un poco el viaje es el de darnos más momentos de simple placer y respiro.
Esa noche decidimos amontonar todos los colchones en una de las camas, a ver si conseguimos hacer de dos camas una decente y como mínimo que esa noche yo pueda recuperar mi espalda. Mañana pediré que me cambien el colchón.
Hemos llegado antes de las 8 de la mañana, pero hasta las 9 no nos pasan a recoger desde el hostal. Esperamos desayunando y como suele pasar con las leyes de Murphy, Mónica llega en el mismo momento en el que yo he ido a mirar si había otro Dico's en la estación (el lugar en el que hemos quedado).
Nada más llegar al hostal, hacemos lo más importante para mí en el día a día: desayunar como jabatas, como si fuera nuestra última comida.
Salimos por los alrededores del hostal, pero nuevamente el calor y sobre todo, un dolor de espalda descomunal, me dicen que lo que debemos hacer a gritos es volver a nuestro pequeño refugio. Así que sin pudor alguno, nos volvemos a echar una siesta, sobretodo porque necesitamos el sueño después de los traqueteos del tren y segundo porque es una bonita manera de hacer pasar el tiempo.
Yo me levanto con un dolor de espalda aún mayor. La cama del hostal es de las peores que he visto en mi vida, solo tengo un colchón de escasos centímetros y está tan desgastado que es como si durmiera directamente sobre los tablones que hacen las veces de base de la cama. Ni en Mongolia, dormí peor.
Así que echa un guiñapo aún mayor que el que era esta mañana, me bajo al bar del hostal a realizar las siguientes reservas de hostales y acabando de cuadrar los (escasos) días que nos quedan. El verdadero fastidio de este hostal es la excelente terraza y bar/restaurante que tienen, que invitan a quedarse todo el día admirando las vistas del centro de la ciudad. Por un día no importa demasiado ya que tengo trabajo atrasado que realizar. Y de hecho, el propósito de ralentizar al final un poco el viaje es el de darnos más momentos de simple placer y respiro.
Esa noche decidimos amontonar todos los colchones en una de las camas, a ver si conseguimos hacer de dos camas una decente y como mínimo que esa noche yo pueda recuperar mi espalda. Mañana pediré que me cambien el colchón.
