Hoy toca rehacer maletas para dirigirnos a nuestro próximo destino, así que con pena de irnos de aquí, disfrutamos del último desayuno y cargamos el coche para ponernos en marcha. Como nos pilla de camino, y aunque no nos hace mucha gracia hacer las visitas con las maletas en el coche, decidimos parar en la playa de Oludeniz, a la que también llaman la Laguna Azul, y tras prepararnos unos bocatas salimos hacia allá.
El calor de hoy es inhumano ya desde primera hora, así que estamos deseando llegar a la playa para refrescarnos bañándonos. Llegamos perfectamente con el navegador, y según nos acercamos vamos viendo que es una zona muy turística, aunque ya nos lo imaginábamos. Aparcamos en un parking que anuncian poco antes de llegar a la playa que está a tope y en el que hay que dejar las llaves de los coches en la garita de entrada, lo cual no nos hace mucha gracia por llevar las maletas dentro.
Completamente asfixiados de calor, vamos dando un paseo para llegar a la playa y vemos que hay una zona al principio que tiene muy buena pinta y a continuación hay una valla de separación que marca la zona en la que hay que pagar. Decidimos pagar la entrada para poder ver la playa completa y llegar a la laguna. Como el calor es insoportable, algunos de nosotros preferimos entrar en la playa y buscar una zona donde quedarnos. La playa es muy bonita y el agua tiene un precioso color azul, pero la entrada es totalmente de piedras que hacen mucho daño al entrar.
Decidimos compensar a los chicos con alguna atracción acuática, así que tras mirar los precios y las alternativas, se montan todos juntos en la "banana".
Pensando en movernos luego a una zona de sombra para comer, me doy un paseo hasta la laguna para ver cómo es y vuelvo completamente horrorizada: en la laguna no cabe un alfiler, ni dentro ni fuera del agua y parece más un camping lleno de turismo local que una playa. Comparado con la zona en la que estamos nosotros, esto es una pesadilla, así que vuelvo a donde estamos y les digo que ni se les ocurra moverse de allí. Comemos parapetados en las sombrillas que tenemos que están medio rotas, y al cabo de un rato decidimos recoger y continuar viaje.
Llegamos a Kas a media tarde, para alojarnos en el hotel Hideaway. Por el camino pasamos por la Playa de Kaputas, que está en la carretera y se ve preciosa pero llena de gente. La llegada al hotel al principio nos decepciona un poco,ya que las habitaciones son pequeñísimas y la zona de piscina no vale nada. Viniendo del Jasmin Hotel que tenía un jardín cuidadísimo y una piscina preciosa, este nos parece bastante peor, pero la verdad es que aquí estuvimos cuatro noches súper a gusto y disfrutamos mucho de su terraza.
Tras instalarnos en las habitaciones y darnos una ducha, nos vamos a tomar una cerveza en su fantástica terraza y nos vamos a conocer el pueblo y a cenar.
En seguida comprobamos que el pueblo tiene mucho encanto, además de estar muy animado.
Cenamos en una terraza con ventiladores a tope y la comida está muy buena y a buen precio, ya que pagamos unos 105€ los 11. Después los chicos toman un helado típico turco de los que se compran por la calle y que siempre te vacilan un rato hasta que consigues coger el helado. La verdad es que tienen muchísimo arte para hacerlo y nunca se les cae al suelo.
Volvemos dando un paseo al hotel y nos vamos a dormir para poder seguir con nuestras visitas por la mañana temprano