Como dice la Lonely Planet: La Paz es una gran aventura desde el momento en que aterrizas.
Todavía es muy temprano pero ya empieza la actividad.
El museo de la coca abre tarde así que me acerco, caminando despacio, a la Plaza San Francisco donde una señora con una mesa de camping y un taburete dicen que da el mejor cambio de moneda.

Aunque las reformas urbanísticas lo dejaron en una cuarta parte de lo que fuera el monasterio durante los siglos XVI y XVII, la basílica es enorme.
Como se está celebrando un oficio prefiero no molestar y opto por visitar el museo y subir al tejado y campanario.
La visita es guiada pero se agradecería una explicación más completa ya que muchos apuntes históricos se quedan en el tintero.
El corazón de la ciudad es un inmenso mercado. TODO se vende en la calle, desde las frutas a las lavadoras.
El sol ya calienta y me acerco al mal llamado mercado de las brujas o de la hechicería.

Este siniestro nombre viene de la incomprensión de las tradiciones milenarias de estos pueblos andinos.
Los fetos disecados y los polvos de huesos ni se comen ni son para preparar pociones; son ofrendas a la Pacha Mama (la Madre Naturaleza).
Cuando contruyen edificios pueden molestar a la Pacha Mama y para que ésta no se enfade hay que darle una ofrenda para que siga protegiendo la tierra.

Por supuesto que hay leyendas negras sobre desapariciones de personas solitarias que han desaparecido. Una gran obra precisa de un gran sacrificio y las almas humanas son las preferidas de Pacha Mama.
Los yatiris son los chamanes/curanderos capaces de arreglar un mal de ojo, curar penas de amores, vigor sexual o mantener la boca cerrada de nuestros enemigos.

Es cuanto menos curioso que ningún occidental compráramos nada más allá de un pequeño amuleto y que los verdaderos clientes fueran bolivianos.
¿Será que funciona? No sé... quizás es todo tan exótico que parece irreal.
La espiritualidad andina es tan antigua y poderosa que ha sobrevivido a todas las culturas e invasiones, incluído el cristianismo, y que crea un sincretismo religioso del que La Paz es su reflejo.
Tras un breve descanso entre los murales, los artesanos y joyeros callejeros y los músicos de estas 4 calles me dirijo al punto de encuentro del tour que he reservado para el Valle de la Luna.
Hace mas de 50 años, en plena carrera espacial hacia la luna, la NASA hizo muchos experimentos en Bolivia por sus condiciones de clima extremo, altitud y falta de oxígeno. Dicen que fue el propio Neil Armstroing quien bautizó este valle con el nombre de Valle de La Luna.
No es gran cosa, sinceramente.
Una formació rocosa que los elementos han ido erosionando hasta dar forma de pináculos y cráteres que al atardecer se tornan rojizos.

Y una visita a La Paz no estaría completa sin pasar por la Calle Jaén.
De día es una pintoresca calle colonial, con casonas nobles, balcones, azulejos y flores.
Su pavimento empedrado nos recuerda que fue parte de un mercado de animales andinos.
Pero de noche... ay de noche!! Nadie osa caminar por esta calle al caer la noche.
Muchas son las leyendas sobre apariciones y ruidos de cadenas de los esclavos que suplican por su liberación.
Las más conocidas, la de la viuda descalza que abraza a los hombres y la del soldado que conversa sobre antiguas batallas.
Pero no temáis: una gran cruz verde a la entrada de la calle protege a los vivos e intenta dar descanso a los muertos.

El tour que contraté finaliza en la plaza Murillo, para ver el cambio de guardia.
Yo prefiero quedarme aquí un ratito más y volver caminando a mi hotel, que no queda lejos.