YAVI
Yavi es un pueblito de casas de adobe con techo de paja y barro y prolijamente alineadas en la calle principal. El color ocre del paisaje, las caprichosas formas de sus montañas esculpidas en roca dura le dan una fisonomía especial.
El clima seco y árido de alta montaña con su sol radiante que desde el naciente al poniente calienta el suelo de Yavi contrasta con sus noches frías y el paisaje de contornos delineados en negro azulado. Corren fuertes vientos que forman una verdadera cortina de tierra y arena.


No es un pueblo cualquiera, tiene historia de injusticias con títulos nobiliarios, enfrentamientos, encuentros y desencuentros.
La iglesia con un impactante altar dorado y las pinturas cuzqueñas vio pasar a gente anónima pero también albergó a héroes de la Independencia como Belgrano y Güemes.
El Museo relata la historia del lugar con detalles insospechados de tiempos lejanos.
En la Puna jujeña Yavi es el lugar perfecto para que la descubras sin apuro y con muchas ganas de descansar tu mente y tu espíritu.


Jalena y la maravilla de estar alojados en una construcción de adobe, con todos detalles en cerámica andina y ser los únicos pasajeros. Atendido por una joven de tez cetrina, ingenuos ojos marrones y un niño de unos 5 años que la acompañaba a todos lados.
Comprábamos la comida en uno de los pocos negocios que había por allí y nos cocinábamos en una cocina bien equipada y solos en una mesa sobre un gran ventanal comíamos a veces ensimismados en pensamientos que tenían que ver con nosotros y también con la gente que conocíamos en el viaje.

Ya nos estábamos aclimatando a la altura que nos esperaba en Bolivia y Perú, caminábamos todas las mañanas y tardes por ese paisaje árido y mágico del norte argentino.

Fueron tres días intensos y sorprendentes. Nosotros en nuestra habitación. Viviendo las páginas de nuestra propia historia.
Mañana nos vamos a Villazón en Bolivia.