Esta es una de las muchas excursiones de día que se pueden hacer desde Cusco.
Una de las excursiones más demandada en Cusco es la visita a la Montaña Arco Iris o Vinicunca. Por su belleza y por ser una atracción novedosa. Pero esta gran demanda la ha llevado a estar masificada. Es la segunda ruta más contratada, después de Machu Picchu.
Me encantan ese tipo de paisajes, pero no me seduce para nada la idea de estar rodeada de muchas personas en un paraje natural y hacer cola para hacerme una foto.
Así que fue descartada desde el principio. Su puesto lo fue ocupando otra atracción similar, las montañas de colores en Palcoyo. No muy distantes de las anteriores. En la misma cordillera de Vilcanota, en el distrito de Pitumarca.
Cuando la montaña de Vinicunca fue aumentando su notoriedad, los habitantes de Palcoyo fueron tomando conciencia de que ellos también poseían atractivos similares. Solo ellos conocían los colores de Palcoyo.
Así que comenzaron a organizarse, a promocionar sus montañas y abrir camino hacia ellas.
En Palcoyo las montañas de colores son tres y tienen el plus añadido de su bosque de piedras, algún valle rojo y un río rojo en época de lluvias. Todo ello en un paisaje alto andino. Añadir también que se encuentran a corta distancia del nevado Ausangate por lo que desde sus miradores hay una espectacular mirada hacia el mismo.
La formación de estas montañas y sus colores es similar en ambos lugares. Fruto de una compleja historia geológica de sedimentos marinos, lacustres y fluviales. Los sedimentos fueron formando capas que hoy se ven como las franjas de colores que resultan tan atractivas. El movimiento de las placas tectónicas elevó estas capas convirtiéndolas en montañas. Y sus colores llamativos se fueron formando a causa de la oxidación de sus minerales, por la humedad, por la erosión…. Los rosados, morados, rojos, pardos amarillentos, verdosos…

En estas salidas te suelen recoger en el hotel, muy pronto en la mañana. Sobre las 4:30 o 5:00
Esta salida la contratamos en uno de los muchos locales con agencias que la ofrecen. En uno cualquiera de la Avd. del Sol. 100 pesos.
La empresa que realmente hizo la ruta se llama Qorianka Tours, localizada en la calle Garcilaso de la Vega. Suele ser mayorista de muchos tours.
Como nuestro hotel estaba situado en la Plaza de Armas pues fuimos los primeros en ser recogidos. En una furgoneta fuimos diez visitantes, el guía y el chofer. Bien aprovechado el viaje.
El camino para llegar a la comunidad de Palcoyo lleva por la carretera hacia Puno que ya conocemos. Con menos tráfico a estas horas tempranas. Se pasa por el pueblo de Oropesa, el pueblo del pan, y el guía se baja a comprar pan. El pan que luego tomaremos en el desayuno.
En el poblado de Cusipata suelen parar los tour operadores en unos salones comunales que tienen preparada un desayuno bufet que no esta del todo mal.
A pocos kilómetros se encuentra el pueblo de Checacupe en el que hacemos una parada breve para ver la convivencia de tres puentes.
Sobre el río Pitumarca hay un puente llamado Republicano levantado en el s. XIX que aún se sigue utilizando.
Un Puente Colonial erigido en 1754 – 1788 por orden del rey español Carlos III. Un puente robusto con arco romano fabricado con piedra labrada unida con cal. Se puede pasear por el mismo y observar los otros dos puentes.
El puente Inca de cuerda. Mandado construir entre 1400 y 1448 por Viracocha como parte de la red de caminos Qhapaq Ñan. La cimentación sigue siendo la original. La cuerda no porque la fibra de paja había que renovarla cada poco tiempo. No se encontraba muy mantenido y no creo que ahora se pueda caminar por el mismo.

El resto del viaje ya fue de tirón hasta llegar a la comunidad de Palcoyo. Pasando por el pueblo de Combapata y luego por la margen izquierda del río Salcca en un camino de tierra ascendente. Por este valle se ven hermosas vistas y montañas en las que predominan claras señales de antiguas andenerías de los incas.

Y llegando al poblado ya van abundando los colores rojos en algunas montañas y en el color de la tierra. Casas de adobe. Tierras rojas recién aradas, preparadas para la siembra. Manadas de llamas y alpacas.

Hay un punto de control en el que hay que pagar una entrada de 10 soles.
En el punto “Wallata Q'asa” a 4790 m.es donde se aparcan los coches, hay unos baños y comienza la ruta.
En el aparcamiento apenas habrá tres o cuatro furgonetas. En todo el recorrido no estaríamos más de treinta o cuarenta personas. Y en ningún momento juntas.
En esta ruta no hay mucho desnivel, unos 150 m. Pero estamos a mucha altitud por lo que tampoco es que se pueda salir corriendo.
Yo el tema de la altura no lo llevo demasiado bien. Pero con pasos cortos y parando cuando es necesario lo fui realizando perfectamente. El guía nos iba dejando a nuestro ritmo e iba de unos a otros explicando cosillas. Si bien casi en todo momento el grupo estuvo más o menos unido.
Al poco de comenzar a subir ya se puede ver una de las montañas de colores. Y el perfil lejano del Bosque de Piedras.


El mayor desnivel es hasta un primer mirador de la primera montaña de colores, la montaña Warsaqyani. Luego el camino es ascendente pero con menor desnivel.

El paisaje que se vislumbra en todo momento es apabullante. No se puede describir. No es solo la visión de la montaña de colores. Es esa montaña unida a otras montañas que no tendrán franjas de arco iris pero no están exentas de coloración y belleza combinada.


Nosotros caminábamos con un par de chicos, un polaco que vivía en Lima, (teletrabajando y aprendiendo español) y un chico peruano de Arequipa. Además del guía que prefería hablar español con nosotros cuatro. Otros cuatro eran una familia francesa con dos niños pequeños y una pareja inglesa que no se relacionó con nadie en ningún momento.
Los cuatro estábamos boquiabiertos y disfrutando a tope de todo lo que veíamos.
Un segundo mirador de otras dos montañas arco iris. Ya estamos casi a la altura del bosque de piedras que se alza en la altura.


Y otro mirador del cerro de colores Q’alle Q’alle. Este se encuentra acotado con piedras pequeñas que la gente fue respetando. Yo he visto fotos de gente pasando entre las franjas de colores. No hay nadie vigilando. Es posible hacerte una foto integrado en los colores sin necesidad de pisarlos.


Hasta acá se habrán recorrido unos dos kilómetros. En este lugar no hay caballos que ayuden a subir. Ni falta que hace.
Desde este punto se ve la senda que sube zigzagueando al bosque de Piedras que se encuentra a 4960 m. Algunos redondean a 5000.

Se puede volver por el mismo camino o subir hasta el bosque. No sin antes echar otros vistazos sublimes.
Una ladera de las montañas arcoíris desciende formando grandes surcos coloreados. Tirando de zoom se pueden ver pastando.. cientos de alpacas o llamas ¡¡. Como puntitos en la lejanía.

Y sin olvidar que desde allí se ve la cordillera Vilcanota con las cumbres nevadas del Ausangate asomando por arriba.


El día estaba claro, con un cielo azulado sublime…. Perfecto… Ya no sabes dónde mirar, para dónde echar la foto… Quieres capturar de algún modo aquella belleza….
Poco a poco se sube hasta el bosque de Piedras. No se puede perder esta parte de la ruta porque ofrece otros atractivos añadidos.
El Bosque de Piedras Palcoyo, o Yura’q Qaqa es relativamente pequeño, de formación natural, con altas piedras talladas por la erosión de los elementos de la naturaleza. El conjunto forma un escenario inusual y asombroso que te deja entusiasmado.

Es también otro mirador privilegiado:
Del pequeño valle rojo que a sus pies conduce hasta el poblado.
De todo el recorrido que hemos venido realizando.
Del conjunto de las montañas arco iris y la cadena de montañas con pigmentos también coloristas que las acompañan.
De la cordillera Vilcanota y el Nevado Ausangate.




Un decorado natural único, de gran belleza paisajística. El lugar es fotogénico y da bastante de sí para fotos artísticas e insólitas. Algunos hasta se subían en lo alto de algunos peñascos desafiando la altura.


Volvimos hacia el coche por el mismo camino. Al dejar atrás el bosque de Piedras vimos algunos visitantes que caminaban por un valle Rojo en la parte baja del mismo. El guía nos dijo que algunas veces se bajaba por allí, pero que era más peligroso y en nuestra expedición iban niños. También porque nos habíamos entretenido mucho en las fotos y no nos había podido reunir allí arriba.


Regresamos entusiasmados. Volvimos a parar en el pueblo de Cusipata para el almuerzo. No dejábamos de comentar la maravillosa experiencia que habíamos tenido y el gran acierto de haber escogido esa ruta. Así como la suerte con el clima. Hacía algo de frío por la gran altura, pero nada importante. Sin apenas nubes y un cielo radiante.
Si el día se presenta nublado y hay lluvia se puede convertir en nieve en aquella altitud.
Hay que ir bien equipado de ropa de abrigo, de quitar y poner, por lo que se pueda presentar.
Y nada de prisas. Hay que acordarse de respirar. Respirar profundo de vez en cuando ayuda bastante. Masticar hojas de coca. O las pastillas que venden para el mal de altura.
Esta ruta puede que sea una de las más espectaculares de mi vida y de mis viajes.