El recorrido de vuelta fue el mismo que a la ida, hasta llegar a Urubamba.
Desde allí comenzamos a subir para ir primero hacia Moray.
Se llega a una altiplanicie en la que se veían grandes extensiones de terreno de suelo arcilloso y coloración rojiza. La mayoría con la tierra arada a la espera de las próximas lluvias para poder comenzar la siembra. Se cultivan papas, cereales, maíz. Son paisajes muy hermosos.

En los paisajes destacan los macizos montañosos que rodean la planicie, con algunos nevados. Yo me quería parar a cada poco. Pero luego pasaríamos por un gran mirador que no hace necesario estas paradas.

Para llegar a las andenerías de Moray dimos varias vueltas pues el acceso principal lo estaban arreglando y había una gran confusión de caminos a usar y todas las obras. Pero cuando finalicen las obras va a quedar la zona bastante bien. Nos encontramos a unos 3.500 m. de altitud.
Con el nombre de Moray lo que se conoce es el famoso sistema de andenerías situadas cerca del pueblo de este nombre.
Este sistema de andenerías fue construido aprovechando la topografía hundida del terreno. Los incas construyeron terrazas concéntricas descendentes que desde los miradores en altura parecen grandes anfiteatros.

Los andenes entre si están unidos por un sistema de irrigación y en el fondo de los mismos están dotados de algún drenaje que impide que el agua se embalse en épocas de lluvias
Se cree que esta construcción fue utilizada para experimentar con distintos cultivos ya que cada terraza tendría distinta temperatura y humedad, por lo que se obtendrían varios microclimas que favorecerían unos cultivos u otros.
Los dos primeros “muyus” son los más conservados y son los que han sido rehabilitados. La palabra muyu significa redondo. El más redondo tiene una profundidad de 150 metros. La primera visión que desde arriba se obtiene es bien bonita e impactante. Y eso que cuando nosotros los visitamos aparecían con el color amarronado por ser época seca. Aquello en verde tiene que estar mucho más vistoso.

Hay un recorrido señalado para bajar y rodear estos muyus, pero no se puede entrar en el interior de los mismos.

Una vez que se llega abajo y se ha rodeado el primer círculo, el camino va al borde de unas terrazas lineales que además de aprovechar los microclimas cumplían la función de evitar la erosión del terreno. Estas son semejantes a los bancales que ya hemos visto en otros centros arqueológicos. También se puede apreciar las piedras salientes enclavadas en la pared, llamadas sarunas, que se utilizaban para acceder de un andén a otro.
El camino puede seguir rodeando las primeras depresiones y subir hasta la parte superior o continuar caminando para llegar y rodear el que se denomina Sima Muyu. Estas terrazas se encuentran menos mantenidas y los muros que sostienen los bancales tienen algunas piedras desprendidas.

La subida hasta la parte superior se hace notar pues estamos a gran altitud. Nosotros hicimos el circuito largo, pero la pendiente de subida creo que es la misma en ambos circuitos.
Antes de llegar a los miradores principales se pasa por otro conjunto de terrazas también en menor estado de conservación que se denomina Intiwuatana Muyu y que algunos creen que sus funciones eran más bien ceremoniales que agrícolas.
Como a unos siete kilómetros por esta altiplanicie nos desplazamos hasta la localidad de Maras. Aunque no llegamos al mismo pueblo pues su atracción principal está en las afueras.
SALINERAS DE MARAS
En estas salineras hay que pagar la entrada pues la misma no está incluida en el Boleto Turístico.
Pero, Que puede tener de atractivo el ver unas salinas? Porqué son tan famosas?
Con tan solo ver una foto del lugar ya te dices que hay que ir a verlo.

Porque no se le puede negar el atractivo y el gran valor paisajístico que conforman las miles de pequeñas pozas escalonadas siguiendo la topografía de la ladera del cerro Qaqawiñay. Pozas que asemejan cuadriculas desiguales de colores blanco, crema o marrón.
El contraste cromático de esta masa blancuzca y el entorno de la vegetación de la montaña es otro atractivo también.
Son unos 3000 pozos que son alimentados por un manantial subterráneo hipersalino que se originó durante la formación de las montañas de la Cordillera de los Andes. Más de 100 millones de años…..

El agua queda estancada en estos pozos, la sal se va depositando y el agua se evapora por la acción del sol. Un proceso que dura aproximadamente un mes. En época seca la sal se acumula de forma más rápida y la sal es de mejor calidad.
Los propietarios son los vecinos del pueblo de Maras y las mismas se van heredando de padres a hijos.
Todo ello es visible desde un mirador. No se puede bajar a los pozos ni caminar entre ellos.


Fuera del complejo hay puestos que venden bolsitas de esta sal, clasificadas en sal rosa, medicinal…..
No nos detuvimos a ver el pueblo de Maras porque no íbamos muy bien de tiempo.
Como le había pedido al taxista que parara en alguna ocasión para hacerle alguna foto a los nevados que veíamos al paso, se detuvo en el regreso a Chinchero en un mirador que yo desconocía.
Mirador de Racchi en Huayllabamba. Situado a 3745 m.
Desde esta posición se puede observar una bella vista del Valle Sagrado con los pueblos de Huayllabamba y Yucay y el río Vilcanota o Urubamba.
También la vista de frente de los nevados Chicón, Pumahuanca y Verónica.

CHINCHERO
Era nuestra última visita y ya nos despedíamos de nuestro viaje por el Valle Sagrado.
Del recorrido por el Valle Sagrado este es el pueblo más cercano a Cusco. Se encuentra a 3780 m.
Tiene el apelativo de “pueblo del arcoíris” pues suelen ser frecuentes en época de lluvias.
Se encuentra en el cruce de tres caminos que conectan Cusco, Yucay y Pumamarca y era paso obligado en el camino a Machu Picchu en la época incaica.
Fue fundado por Tupac Yupanqui como residencia de descanso y lo dotó de templos, baños, terrazas y un gran palacio.
El coche hay que aparcarlo fuera del pueblo. Desde este aparcamiento hay que subir hasta el recinto arqueológico y centro del pueblo. Solo hay que seguir las calles jalonadas de puestos de venta de recuerdos turísticos. Ellos te llevan hasta la gran plaza principal.
Esta plaza es una buena muestra de la fusión de la arquitectura inca y la colonial. Un muro con hornacinas trapezoidales hace de muro de contención de otra plaza algo más elevada sobre la que se asienta la iglesia. Este muro son los restos del palacio de Tupac Yupanqui.

La iglesia en otra buena muestra de arte religioso barroco con obras de artistas cusqueños como Diego Quispe. Es una de las principales atracciones de este pueblo.
En esta misma plaza también se alza un campanario con cimientos incas y una cruz de piedra
No pudimos verla porque estaba cerrada. Solo las pinturas de su portada.

Los otros edificios de la plaza reflejan similar arquitectura, mezcla de cimientos y bajos incas de piedras bien talladas y unidas, y paredes encaladas.

En la hora tardía que llegamos al pueblo ya estaba libre de turistas, también se habían retirado casi todos los puestos de artesanía y textiles que se instalan en la plaza principal. Dicen que en Chinchero aún se confeccionan prendas de forma tradicional y que sus habitantes conservan viva la cultura inca.

Un arco en blanco que se alza sobre muros incas da paso al parque arqueológico de Chinchero. Tiene bastante importancia histórica pues sus andenes y construcciones conservan las huellas de los pueblos anteriores a los incas, además de las de ellos.
Es más bien un recinto agrícola de gran extensión. En la época inca gozaba de tierra fértil, con el cultivo de la patata como principal.

Nos adentramos un poco por el camino pero casi enseguida nos volvimos porque había obreros trabajando en labores de restauración y el paso no era posible.
Pese a que fue una visita breve e incompleta, el pueblo nos gustó bastante.

Ya volvíamos a Cusco, distante unos 30 km. La entrada a Cusco el taxista la hizo por la Plaza de Santa Ana y la cuesta tan pendiente que pasa por debajo del Arco de Santa Ana.