Último día en Jasper había que aprovecharlo al máximo. Cogimos los bártulos y nos dirigimos al Mount Edith Cavell por la carretera 93 o 93A. Está situado a unos 30 km al sur del pueblo.
Tuvimos que subir por una carretera llena de curvas y muy estrecha, no recomendada a vehículos de más de 6 metros de largo.
Una vez llegamos al parking nos abrigamos un poco y empezamos nuestro ascenso a la cumbre del Mount Edith. Era un pico impresionante de 3300 metros, su nombre proviene de una enfermera británica que fue ejecutada durante la 1ª Guerra Mundial por ayudar a los prisioneros aliados a escapar. Su nombre inicial fue La Montaña de la Gran Travesía porque los comerciantes franco-canadienses la utilizaban como la ruta más cercana del Athabasca Pass para traficar con pieles.
El camino al principio fue un poco duro porque era todo de piedras, luego se empezó a estrechar y a adentrarse por el medio del bosque. Cuando llegamos a un cruce, en el cual podías ir al glaciar o seguir montaña arriba hasta llegar al pico, vimos un papel enganchado en el panel informativo donde nos avisaban que el día anterior habían avistado un oso grizzly merodeando por el camino.
Anduvimos en total unos 8 km admirando interesantes paisajes compuestos por flores y prados alpinos y por unas espectaculares vistas del Angel Glacier.
Tuvimos que subir por una carretera llena de curvas y muy estrecha, no recomendada a vehículos de más de 6 metros de largo.
Una vez llegamos al parking nos abrigamos un poco y empezamos nuestro ascenso a la cumbre del Mount Edith. Era un pico impresionante de 3300 metros, su nombre proviene de una enfermera británica que fue ejecutada durante la 1ª Guerra Mundial por ayudar a los prisioneros aliados a escapar. Su nombre inicial fue La Montaña de la Gran Travesía porque los comerciantes franco-canadienses la utilizaban como la ruta más cercana del Athabasca Pass para traficar con pieles.
El camino al principio fue un poco duro porque era todo de piedras, luego se empezó a estrechar y a adentrarse por el medio del bosque. Cuando llegamos a un cruce, en el cual podías ir al glaciar o seguir montaña arriba hasta llegar al pico, vimos un papel enganchado en el panel informativo donde nos avisaban que el día anterior habían avistado un oso grizzly merodeando por el camino.
Anduvimos en total unos 8 km admirando interesantes paisajes compuestos por flores y prados alpinos y por unas espectaculares vistas del Angel Glacier.


Antes de llegar a la cima vimos un enorme bicho bajar a toda prisa en nuestra misma dirección. El miedo se apoderó de mí y con los nervios de saber que podía ser un oso no atinaba para coger los prismáticos y así averiguar si realmente lo era o solo fue fruto del miedo al imaginar que lo pudo llegar a ser. Aquel bicho despareció rápidamente antes de poder sacar el teleobjetivo de la cámara de fotos y los prismáticos.
Una vez calmados intentamos analizar lo ocurrido y llegamos a la conclusión de que aquello sería para siempre en una gran incógnita.
Tras subir el último tramo del pico paramos a descansar, con la gran tranquilidad y silencio que nos envolvía tuvimos la gran suerte de ver a 4 Caribous pastando cerca de nosotros y a una marmota enorme que se acercó a nosotros y permaneció apoyada en una piedra como si estuviera tomando el sol. Apenas se inmutó con nuestra presencia.
Una vez calmados intentamos analizar lo ocurrido y llegamos a la conclusión de que aquello sería para siempre en una gran incógnita.
Tras subir el último tramo del pico paramos a descansar, con la gran tranquilidad y silencio que nos envolvía tuvimos la gran suerte de ver a 4 Caribous pastando cerca de nosotros y a una marmota enorme que se acercó a nosotros y permaneció apoyada en una piedra como si estuviera tomando el sol. Apenas se inmutó con nuestra presencia.



Después de hacerles algunas fotos descendimos hasta llegar al Angel Glacier. De nuevo el camino se volvió pedregoso y no muy agradable para caminar por él. La visión que nos ofrecía el glaciar con un pequeño lago lleno de icebergs era magnifica y única.


Volvimos al coche y condujimos también por la 93A hasta las Athabascas Falls. Las aguas de color esmeralda del río Athabasca saltan con fuerza por el estrecho desfiladero.
Las impresionantes cascadas de 25 m ayudaban a comprender la acción del agua erosionando cavidades cada vez más profundas.
Las impresionantes cascadas de 25 m ayudaban a comprender la acción del agua erosionando cavidades cada vez más profundas.



Regresando a Jasper nos detuvimos en el Horsehoe Lake. Este trail secreto situado al sur del pueblo nos encantó. El paisaje de increíbles acantilados formando una herradura se reflejaba en las aguas turquesas del lago. Dimos un agradable paseo por alrededor de la lengua observando como cambiaba la tonalidad de las aguas.



Y para acabar el día hicimos un pequeño trail hasta el Wabasso Lake. Este lago era diferente a todo lo visto anteriormente y posiblemente es lo más parecido a nuestros lagos con sus juncos y vegetación frondosa en su orilla. En él vimos como los árboles estaban roídos por los castores y a un hombre practicando pesca con el agua hasta la cintura con la única compañía de una pareja de patos que jugueteaban por la zona.


Llevabamos ya 11 días de viaje y todavía no habíamos visto ningún oso, bueno miento.

Pero este me imagino que no cuenta.