Yo aquí a Río Blanco había llegado sin más información que la recomendación de mi amigo pajarero de España, el solo me dijo "Si o si tienes que ir allí". Ni sabía qué se veía aquí, ni cómo funciona. Ya intuía que el hombre que lo lleva era peculiar cuando los ornitólogos de la asociación caldense hablaban de él como el encantador de aves. Nunca me hubiera imaginado que lo de encantador de aves fuera literal. Increíble el día que he pasado.
Ayer no conocí a Carlos Mario. Esta mañana a primera hora se ha presentado, un hombre de unos 40 largos, pequeño, sonriente, muy llano y con un acento marcadísimo. En España sería lo que viene siendo un hombre del pueblo de toda la vida. Nos hemos juntado 3 turcos, que viajaban con un guía peruano bien majo, el conductor que también es pajarero y yo. Los turcos llevaban unos camarones que valen todas juntas más que mi casa en Murcia. Cada uno llevaba dos, con sus respectivos trípodes. Uno de los turcos lleva una cámara que en su conjunto pesa más que la mochila con la que llevo yo viajando desde octubre. Yo, que iba con mi cámara, me he sentido el más pringao. Carlos Mario se me ha acercado y me ha preguntado si soy más de avistamiento o de fotos. Me ha dicho que esta gente viene fuerte a la foto y que si me aburro su hijo viene con nosotros y se viene conmigo a avistar. Está claro que con mi cámara no me consideran fotógrafo peroturco no me tose, para chulo yo, le he dicho a Carlos Mario que yo también vengo para fotos, tampoco llevo una mierda de cámara pero es que lo de esta gente es nivel multimillonario. Ya si veo que me aburro agacho las orejas y se lo digo. Hemos empezado la ruta y aquí es donde me ha explotado la cabeza como si fuera una bomba nuclear. Desde la India no sufría yo un esguince mental de esta manera.
A las 7:15 Carlos nos ha metido prisa diciendo que el pájaro sale en 5 minutos. Hemos ido a un posadero que tenía preparado a escasos metros del lodge. Había un banquito enfrente del posadero. Hemos cogido sitio y Carlos nos ha dicho que con este pájaro hay que estar callados, que es de mírame y no me toques, la ampita bicolor (Grallaria rufocinerea), un ave amenazada y endémica de Colombia. Dificilísima de ver, siendo Rio Blanco donde más fácil es conseguirlo. Con todo preparado y las cámaras listas, Carlos se ha puesto a hacer el canto a la perfección para seguidamente llamar al pájaro como si fuera un perro: "¡Linda! ¡Sube, sube, sube, linda! ¡Sube, pues, vamos, linda, sube, sube, sube!" A grito pelado mientras iba poniendo la percha del posadero y colocando lombrices. A los 5 minutos, Linda ha empezado a merodear por la zona mientras Carlos seguía hablándole: "¡Sube, sube, sube, vamos, linda, sube, pues!" intercalando con el silbido. En un momento, Carlos nos ha dicho "¡Preparados!" para segundos después subir el pájaro a la percha, comerse los gusanos, posar medio minuto e irse mientras la ametrallábamos con la cámara. Los turcos y yo nos mirábamos medio entre asombro y risa. Carlos ha seguido llamándola para a los dos minutos decir que nos fuéramos porque no va a venir más. Parece ser que está en nidificación y se muestra más tímida. Epiquísimo.
Ya tranquilamente le he preguntado cómo narices tiene al pájaro así de enseñado. Resulta que Carlos Mario es cebadero de aves. Se dedica desde hace 11 años a esto. A él lo contrata un lodge, una finca o un particular para montar un comedero de alguna especie. Él va al sitio y lo primero que hace es identificar las especies que ve. Cuando hay una interesante se fija cuándo sale y todos los días va a verla para acotar la hora en la que aparece. Dice que todos los pájaros tienen rutina y repiten pasos. Una vez acota la hora empieza a ver qué alimento le gusta, cuando da con el alimento empieza a asociar el alimento a su voz, al canto y a sonidos de cámaras de fotos que tiene grabado. Finalmente consigue que acuda. El proceso le suele llevar entre 4 y 6 meses yendo TODOS los días a la misma hora a hacer eso hasta que el pájaro se condiciona totalmente. Aquí en Río Blanco tiene 7 comederos. Esto lo hace con la ayuda de su hijo y dice ser capaz de cebar cualquier pájaro. A lo largo de la jornada ha estado contando casos chulísimos. En Cali se ve que consiguió sacar una especie difícil. Cuando él establece el comedero, su trabajo termina y tienen que seguir haciéndolo los dueños. Resulta que esa especie nunca salía con la voz de los dueños y tuvieron que grabar la voz de Carlos para que saliera. A día de hoy en Cali sacan a ese pájaro todos los días con la grabación de la voz de Carlos. Dice que hubo una especie que solo salía si Carlos fumaba. Siempre que ceba a un pájaro fuma mientras lo hace y muchos pájaros asocian el olor a tabaco a eso. A tal punto que hubo una que si no fumaba no salía y cuando hay turistas americanos se lo tiene que explicar porque si no se quejan, "Si quereis ver el pájaro tengo que fumar". El hombre te lo cuenta con una sencillez y una humildad tremenda. Dice que él nunca ha leído y todo esto lo ha hecho él como creía que iba bien probando mucho. Impresionante. Es puro condicionamiento hecho a base de ensayo y error, para quitarse el sombrero. El día que este hombre se vaya de Rio Blanco se les hunde el negocio.
Después de la ampita bicolor hemos ido a otro comedero. Aquí nos ha avisado que estemos muy rápidos porque el pájaro viene como un relámpago y no vuelve. Una tangara pechiamarilla (Dubusia taeniata), otro ave muy poco frecuente de ver. Así ha sido. Ha puesto plátano, el reclamo y en cinco minutos ha aparecido un destello. Ha cogido un trozo de plátano y ha desaparecido en medio segundo. Dice que es el único sitio de Sudamérica donde esa tangara entra a un comedero, el guía peruano lo confirmaba. Dice Carlos que en los libros dice que no come plátano pero se ve que aquí le encanta el plátano, que por eso no lee ya más libros. Que máquina.
Después de esta tangara hemos ido a desayunar. A la hora indicada hemos ido a ver a Pancho, Pancha y Raúl. Una pareja de ampitas (Grallaria ruficapilla) no tan rara de ver como la anterior pero sigue siendo complicada, y un frutero verdinegro (Pipreola riefferii). Con esta dice que podemos hablar todo lo que queramos porque les gusta el jaleo, son muy curiosas. Hemos llegado al comedero mientras Carlos y su hijo gritan: "¡Panchoooooo!" "¡Rauuuuul!" Al poco ha aparecido Pancho recogiendo lombrices para dárselas en el suelo a Pancha. Se ve que están haciendo el nido y la corteja llevándoles lombrices que Carlos le pone. Mientras fotografiábamos las ampitas ha aparecido Raúl, este directamente come hasta de la mano. Se le posa en la mano al hijo de Carlos. Yo ya alucinando le he preguntado al guía peruano hasta qué puntos estos pájaros son raros. El hombre me ha dicho que estas dos especies raras no son, pero al ser rastreros son muy difíciles de ver y fotografiarlos en perchas perfectas solo se puede aquí, motivo por el que aquí vienen de todo el mundo a fotografiar las ampitas. Vaya tela el mundo de la fotografía, todo lo que parezca natural es puro atrezo. Si es que me salen unos fotones acojonantes, pero es que a un ciego disparando al azar también le saldrían con que le digan en qué dirección disparar.
De Pancho y Raúl hemos ido al siguiente punto. Otra especie de Ampita que Carlos llama Nana por su nombre científico (Grallaricula nana), especie muy dificil de ver. Aquí ha aparecido a la hora acordada pero no ha querido subirse a la percha. Como eso no les vale a los fotógrafos hemos ido a otro punto en medio del camino, el plan B. Carlos ha puesto un posadero y en 5 minutos ha sacado al pájaro. Un pájaro rapidísimo que se posa escasos 3 segundos y desaparece. A la segunda posada Carlos ha recogido diciendo que ya no sale más porque se sacia rápido. Ver a Carlos hablando con el pájaro mientras que este se va acercando al posadero es para hacer un documental, es que parece que pájaro le entienda y le responda con su canto. Nunca creí que vería algo así.
De este puesto hemos ido a un nido de tucán piquinegro que tienen localizado y después del tucán a la última Ampita, la ampita bandeada (Grallaria milleri). Es una ampita extremádamente dificil de ver y a día de hoy el único punto donde se ve con esta facilidad es aquí, en Rio Blanco. Carlos es la única persona que ha conseguido sacar este pájaro con comedero. Un pájaro que Carlos llama "Pollo" y es la estrella de la reserva. Este responde como un perro. Se posa delante de Carlos y, mientras este le habla y le coloca las lombrices en la percha, el pájaro le baila impaciente. Le habla con un cariño y una alegría que al ver como el pájaro baila está claro que se están comunicando. Es inevitable presenciar toda la escena con una sonrisa de oreja a oreja. Carlos señala dónde se va a posar y cuando le grita "sube, sube, sube" el pájaro se posa, come y se va. Mismo proceder las veces que quieras, dice que este pájaro es insaciable y cuando no tiene más hambre esconde la comida.
Vaya experiencia. Aquí hay dos aficiones, el pajareo y la fotografía pura y esto es fotografía pura. Carlos dice que su trabajo es crear escenarios perfectos para eso, ejemplo de ello Río Blanco. Como experiencia es una pasada aunque me gusta más el pajareo de andar por el campo. Esto es impresionante pero es como cazar jabalíes haciendo esperas; le disparas a bocajarro sin ninguna lucha. Además, todas las fotos después son iguales tanto las de los turcos como las mías. Cambia calidad, profundidad de campo y poco más, porque evidentemente llevan unas cámaras top, pero a primera vista no hay una gran diferencia. El pájaro, el encuadre, el ángulo y el momento es idéntico. Eso sí, ver trabajar a Carlos es algo que no se me va a olvidar en la vida. De los mejores momentos del viaje sin duda. Es que además de los pájaros, el hombre está constantemente hablando y contando batallitas que te partes de risa. Le encanta que le pregunten y es genuinamente humilde. Cuando monte mi comedero en la huerta lo llamaré para que me lo cebe.
Después de la comida ha seguido la fiesta. Si con las ampitas consigue lo que he visto esta mañana, imagina con los colibrís que no tienen miedo alguno. Los pone donde quieras. Los fotógrafos han estado haciendo escenarios y colocando colibrís al gusto. Yo me he acoplado con ellos y es que son todo fotazas. A la vez que estamos con los colibrís hay un comedero de pájaros semilleros donde entran cuatro especies y uno de tucán. Yo, cansado de los colibríes, me he ido con Carlos al comedero de los semilleros y me ha estado contando su vida durante una hora larga entre pájaro y pájaro. De cómo pasó de ser vigilante de seguridad a cebadero de aves. Uno de los personajes del viaje sin duda, se posiciona en el primer puesto directamente.
Después de echarle fotos a los semilleros, al tucán y a los doscientos colibríes, a descansar. Al caer la noche se ha metido un frío de narices y me he puesto con las fotos y el blog que llevo atrasado.
Mañana estoy yo solo y Carlos me ha dicho que volveremos a alimentar a los pájaros y me llevará a pajarear por la zona.