.
Hoy era un día especial en nuestro viaje. Como comentamos al principio del diario, Anna tiene una amiga coreana que vive en Busan y habíamos con ella para pasar la tarde.
Empezamos el día desayunando en el hotel y para las 8h30 ya estábamos en la calle. El cielo estaba despejado y la temperatura, más o menos igual que cuando volvimos al hotel el día anterior, 6 °C.
Como hoy era el último día entero en Busan y la tarde la íbamos a tener ocupada, decidimos visitar el mercado de Jagalchi, que lo teníamos muy cerca. Como no teníamos planeado mover el coche en todo el día, volvimos a dejar las llaves en recepción, por si necesitaban moverlo.
El nombre Jagalchi proviene de "jagal" (자갈), que significa "grava", ya que originalmente el mercado estaba rodeado de grava. Se consolidó como mercado, tras la Guerra de Corea, cuando muchas mujeres comenzaron a vender pescado en la calle para ganarse la vida. A estas comerciantes se les conoce como "Jagalchi Ajumma".
Está situado en el borde del puerto de Nampo, cerca del Puente Yeongdo y del Ayuntamiento, lo que lo hace muy accesible y céntrico. Está considerado como uno de los diez puntos turísticos más importantes de Busan.
Empezamos el día desayunando en el hotel y para las 8h30 ya estábamos en la calle. El cielo estaba despejado y la temperatura, más o menos igual que cuando volvimos al hotel el día anterior, 6 °C.
Como hoy era el último día entero en Busan y la tarde la íbamos a tener ocupada, decidimos visitar el mercado de Jagalchi, que lo teníamos muy cerca. Como no teníamos planeado mover el coche en todo el día, volvimos a dejar las llaves en recepción, por si necesitaban moverlo.
El nombre Jagalchi proviene de "jagal" (자갈), que significa "grava", ya que originalmente el mercado estaba rodeado de grava. Se consolidó como mercado, tras la Guerra de Corea, cuando muchas mujeres comenzaron a vender pescado en la calle para ganarse la vida. A estas comerciantes se les conoce como "Jagalchi Ajumma".
Está situado en el borde del puerto de Nampo, cerca del Puente Yeongdo y del Ayuntamiento, lo que lo hace muy accesible y céntrico. Está considerado como uno de los diez puntos turísticos más importantes de Busan.



Según la información que hemos encontrado en internet, el mercado tiene una extensión de 3 km de largo x 200 mt de ancho, lo que viene a ser 600.000 mt2 (esto incluye tanto el edificio principal, como las calles adyacentes llenas de puestos). Si lo pasamos a una unidad que entiende todo el mundo, es como 80 campos de futbol, una auténtica pasada.
Nosotros no llegamos a entrar en el edificio principal y nos quedamos en los puestos callejeros que hay en la calle, principalmente de pescado (mariscos vivos y frescos, pescados curados, algas y todo tipo de moluscos), aunque también vimos algún que otro puesto de “cosas varias”.
Nosotros no llegamos a entrar en el edificio principal y nos quedamos en los puestos callejeros que hay en la calle, principalmente de pescado (mariscos vivos y frescos, pescados curados, algas y todo tipo de moluscos), aunque también vimos algún que otro puesto de “cosas varias”.


En la parte final de nuestro recorrido, también pudimos ver puestos de comida de todo tipo (guisos de carne, pescados, verduras, etc…). Lo que si hemos leído es que, en algunos restaurantes del edificio principal, si se lo pides, te pueden cocinar el pescado que has comprado en el mercado.

Una de las cosas que más nos llamó la atención es que muchos de los puestos (por lo menos, por donde nosotros anduvimos), estaban regentados por mujeres bastante mayores.
A las 10h acabamos la visita al mercado y cogimos el metro (Jagalchi Station) para ir a nuestro siguiente destino. En una pared exterior de la estación, había varias filas de plantas (como recién plantadas). Dentro de varias estaciones de metro, hemos visto vegetación como parte de iniciativas de urbanismo sostenible y bienestar ciudadano.
Estas plantas suelen tener varios propósitos como mejorar la calidad del aire en espacios cerrados como el metro, reducir el estrés de los pasajeros con un toque de naturaleza y también como estética. Muchas estaciones coreanas se esmeran en ser agradables visualmente, como una forma de mostrar cuidado por los ciudadanos y visitantes.
En este caso, al estar fuera de la estación, no sabemos si eran de decoración o para que la gente se las pudiera llevar para casa. En cualquier caso, nos pareció curioso.
A las 10h acabamos la visita al mercado y cogimos el metro (Jagalchi Station) para ir a nuestro siguiente destino. En una pared exterior de la estación, había varias filas de plantas (como recién plantadas). Dentro de varias estaciones de metro, hemos visto vegetación como parte de iniciativas de urbanismo sostenible y bienestar ciudadano.
Estas plantas suelen tener varios propósitos como mejorar la calidad del aire en espacios cerrados como el metro, reducir el estrés de los pasajeros con un toque de naturaleza y también como estética. Muchas estaciones coreanas se esmeran en ser agradables visualmente, como una forma de mostrar cuidado por los ciudadanos y visitantes.
En este caso, al estar fuera de la estación, no sabemos si eran de decoración o para que la gente se las pudiera llevar para casa. En cualquier caso, nos pareció curioso.

Poco antes de las 12h llegamos a la playa de Haeundae. Considerada una de las playas más bonitas de Corea del Sur, la playa de Haenundae mide aproximadamente 1,5 km y es uno de los destinos favoritos para los que les gusta nadar y pasear.
Hay muchos eventos culturales relacionados con la playa en Haeundae. Los más famosos, Festival Internacional de Cine de Busan, el Haeundae Sand Festival (esculturas de arena en mayo), además de ser uno de los sitios preferidos para dar la bienvenida al Año Nuevo.
Además, desde 1988, todos los meses de enero se celebra el "Polar Bear Club", donde la gente más atrevida se junta para darse el primer “chapuzón” del año en unas aguas tan gélidas, que pueden rodar los 0°C.
Hay muchos eventos culturales relacionados con la playa en Haeundae. Los más famosos, Festival Internacional de Cine de Busan, el Haeundae Sand Festival (esculturas de arena en mayo), además de ser uno de los sitios preferidos para dar la bienvenida al Año Nuevo.
Además, desde 1988, todos los meses de enero se celebra el "Polar Bear Club", donde la gente más atrevida se junta para darse el primer “chapuzón” del año en unas aguas tan gélidas, que pueden rodar los 0°C.

Como la mayoría de las playas urbanas, contrasta la tranquilidad de la gente que está paseando y disfrutando de un paseo tranquilo por la playa, con el ajetreo de los rascacielos, hoteles de lujo y centros comerciales, es por esto que es una zona de ambiente tanto de día, como de noche.


Al final de la playa vimos como varias personas daban de comer a las gaviotas para hacerse fotos rodeadas de las aves. Suponemos que no saben lo agresivas que pueden llegar a ser las gaviotas. Todavía recordamos la playa de Brighton (al sur de Inglaterra), donde las gaviotas se “tiraban” a por la comida de las personas que estaban por la zona de la pier.

Para hacer un poco de tiempo hasta la hora de comer, fuimos a dar un paseo por la calle Dalmaji, otro de los sitios, en Busan, para ver la floración de cerezos. Qué mejor sitio para declararse, ¿verdad?


Sobre las 14h volvimos a la playa y buscamos un sitio para comer. Como no habíamos probado todavía el famoso “pollo frito coreano”, no nos los pensamos dos veces cuando vimos un restaurante junto a la playa. Las raciones fueron… como decirlo… enormes, jejeje. La comida nos salió por 42.000 krw (24,19 €). La temperatura había subido hasta los 11°C y en el cielo no había ni una sola nube.

Como habíamos quedado con la amiga de Anna, sobre las 15h30, nos fuimos acercando a la zona del Haeundae Blueline Park, desde donde salen las famosas “cápsulas” que hacen el recorrido desde Mipo hasta Cheongsapo. El tren llega un poco más lejos, hasta Songjeong.


Cuando llegó O Gyeonghae (así se llama la amiga de Anna), lo primero que hizo fue ir a preguntar a ver si había sitio para montar en las cápsulas, pero como ya nos imaginábamos, le dijeron que ya estaba todo reservado para lo que quedaba del día. Si estáis interesados en montar en estos curiosos vagones, os recomendamos que reservéis por adelantado y con tiempo.
La segunda opción era montar en el tren, que no es tan glamuroso como las cápsulas, pero como han mantenido el aspecto antiguo, también tiene su encanto. Por cierto, tuvimos que esperar hasta las 17h porque también había bastante gente. No os podemos decir lo que costó porque nos invitó la amiga de Anna, aunque lo podéis consultar aquí.
Cuando llegamos a Cheongsapo, pensamos que podía ser buena idea bajarse y volver andando por la pasarela que va paralelo a las vías del tren, así O Gyeonghae y Anna podrían ponerse al día y yo… pues a sacar fotos.
La segunda opción era montar en el tren, que no es tan glamuroso como las cápsulas, pero como han mantenido el aspecto antiguo, también tiene su encanto. Por cierto, tuvimos que esperar hasta las 17h porque también había bastante gente. No os podemos decir lo que costó porque nos invitó la amiga de Anna, aunque lo podéis consultar aquí.
Cuando llegamos a Cheongsapo, pensamos que podía ser buena idea bajarse y volver andando por la pasarela que va paralelo a las vías del tren, así O Gyeonghae y Anna podrían ponerse al día y yo… pues a sacar fotos.

Uno de los sitios que más nos gustaron, fue el pequeño puerto pesquero de Cheongsapo donde se encuentran los “faros gemelos”. Están diseñados para ser visualmente complementarios y ayudar a los barcos a navegar con seguridad, pero también se han convertido en un icono fotográfico por su estética y simetría.

En el recorrido, vimos los miradores de Daritdol Skywalk y Haewol Skywalk. El primero tiene una parte de la plataforma acristalada (no apta para los que tienen miedo a las alturas) por donde se puede ver el mar bajo tus pies. El segundo tiene un gran círculo, también acristalado donde poder disfrutar de la vista marina. La entrada a ambos miradores es gratuita, pero el acceso puede ser restringido durante vientos fuertes o lluvias, por razones de seguridad.


Como el camino de vuelta lo hicimos muy tranquilos, nos pilló el atardecer, así que aprovechamos que había una estación intermedia para volver en el tren. Casi llegando a la estación de Mipo disfrutamos de otra espectacular imagen nocturna del puente Gwangan con los rascacielos de la ciudad.


Aunque habíamos tomado café en Cheongsapo, nuestros estómagos empezaron a reclamar algo más sólido, así que, en cuanto nos bajamos del tren, O Gyeonghae nos llevó a un restaurante donde íbamos a cenar. Al llegar, había bastante gente esperando para entrar así que tuvo que buscar una alternativa.
Suponemos que conocía la zona, porque apenas tardó unos minutos en localizar otro restaurante y esta vez sí que había sitio para nosotros. Íbamos a disfrutar de una auténtica barbacoa coreana y encima con una experta local. Toda una experiencia.
Suponemos que conocía la zona, porque apenas tardó unos minutos en localizar otro restaurante y esta vez sí que había sitio para nosotros. Íbamos a disfrutar de una auténtica barbacoa coreana y encima con una experta local. Toda una experiencia.



Al final de la cena, intercambio de regalos y la triste despedida. Uno de los regalos que le hizo O Gyeonghae a Anna fue un disco de Kim Kyung-ho, cantante coreano de rock. No os hacéis la ilusión que le hizo a Anna. La cena de los tres nos salió por 77.000 krw (50,35 €).
O Gyeonghae cogió un bus para volver a casa y nosotros cogimos el metro para volver al hotel. Llegamos aproximadamente a las 22h30 y en la calle hacía bastante fresquito. Tan solo 6°C.
O Gyeonghae cogió un bus para volver a casa y nosotros cogimos el metro para volver al hotel. Llegamos aproximadamente a las 22h30 y en la calle hacía bastante fresquito. Tan solo 6°C.
*** final del día 11 ***
.