ANTOFAGASTA DE LA SIERRA
Antofagasta significa “Pueblo del Sol” y como en Chile hay otro departamento con este nombre se le añadió “de la Sierra” para diferenciarlos.
En general es el nombre del departamento de la provincia de Catamarca correspondiente a la Puna y en particular es el pueblo en el que nos vamos a quedar tres noches para hacer excursiones desde el mismo ya que es el lugar idóneo para explorar la Puna catamarqueña.
Es el principal oasis de la Puna lo que ha posibilitado que se haya desarrollado un núcleo de población a 3323 m. de altitud.
Rodeada de montañas que pueden llegar a los 6000 metros, cercana a enormes salares, y en su ámbito geográfico existen más de 200 volcanes, como el Antofalla, el Antofagasta, el Alumbrera, el Blanco, el Carachi Pampa, el Caruchi, el Jote y el super volcán Galán. Y también el campo de Piedra Pómez.


Lo que la hace tener cierto potencial turístico que se va acrecentando año a año.
Ya hemos visitado el Campo de Piedra Pòmez, viniendo de camino desde Belén. Y desde este pueblo visitaremos las siguientes atracciones:
*Salar de Antofalla con parte del Salar de Arizaro hasta el Cono de Arita.
*Salar del Hombre Muerto y Mina Incauasi
*Volcán Galan
El pueblo no es muy grande pero está creciendo. En el centro hay algunas calles con álamos, buena iluminación y las casitas de adobe. Una plaza central bien acondicionada y en una esquina de la misma la bonita y recoleta Capilla Virgen de Loreto. Atendida por una pequeña comunidad de monjitas que viven al lado. Ellas se ocupan de atender la capilla y ofician las ceremonias. No hay sacerdote. Me comentan que el sacerdote viene una vez al año a oficiar algún sacramento que a ellas no les es permitido. Ceremonias llenas de encanto y sencillez como la gente del pueblo.



Creo que hay algunos pequeños museos como el de la Mineralogía de la Puna, Museo del Hombre de Antofagasta y Museo de Historia Natural. Pero no tuve ocasión de comprobarlo.
Como tampoco pude acercarme al Mirador de Antofagasta, situado sobre una peña en las afueras del pueblo. Desde el mismo dicen que se ve el pueblo en su conjunto y los volcanes Alumbrera y Antofagasta que vimos al pasar en nuestro camino de llegada desde El Peñón.
A estos volcanes, a alguno de ellos, me hubiera gustado hacer una ruta y subir hasta arriba de su cono para contemplar el panorama de alrededor y las pequeñas lagunas que, dicen, tienen a sus pies.
Pero no hubo tiempo. Y el poco que teníamos era para descansar de la excursión del día. Al margen de que caminar a más de 3300 metros hay que estar bien aclimatado y aun así es bastante agotador.
Nos quedamos las tres noches en la Hostería Pueblo del Sol. La reserva y comunicación fue a través de whatsapp. El precio no era bajo, respecto de otros alojamientos, pero a nosotros nos ofreció seguridad y nos pareció adecuado. Tal y como nos comentaba la persona con la que nos comunicamos, todo en Antofagasta era más caro. Por lejanía, por falta de mano de obra pues la gente se emplea en la Minera con sueldos más altos… Nos ponía el ejemplo de que un empleado en la localidad de Belen cobraba la mitad que un empleado en Antofagasta.
La seguridad la noté porque contestaba a los whatsapp y apreciaba una cierta formalidad y calidad que a la postre resultaron acertados. Con otros que tuve comunicación te decían un precio, luego lo subían, te pedían depósito previo no reembolsable o simplemente no contestaban.
Según nos dijeron nuestros guías era de lo mejorcito que había en Antofagasta. Había desayuno, normalito, pero aceptable, incluido en el precio de la habitación. Hacían cenas a las que tenías que apuntarte y si lo solicitabas te preparaban viandas para llevar a las excursiones. Con poca variedad, solo tres opciones a escoger, pero que estaban pasables
La habitación no era muy grande y nos tocó una interior, pero era cómoda y nosotros no somos muy exigentes.
El wifi era escaso y funcionaba en el exterior.
Los dueños no están por allí, todo lo atienden dos chicas bastante amables. Llevan la recepción, la limpieza, la comida, los desayunos…
Podría estar mejor, pero en general nos sentimos cómodos.

Por el pueblo se veían bastantes alojamientos y comedores.
Hasta el pueblo de Antofagasta de la Sierra nos trajo el mismo auto y el mismo guía con el que iniciamos viaje en Belén. Un chico muy despierto con nombre de ciudad americana, creo que era Whasington.
Pero él se volvía a Belén y ya habían enviado a otro chico que nos acompañaría en nuestras rutas por lo profundo de la Puna Catamarqueña. Ulises fue nuestro fiel compañero durante tres días muy intensos, nuestro guía, nuestro chofer. Algo serio o tímido, poco parlanchín, pero correcto en todo momento. Sus cualidades hemos sabido apreciarlas mejor cuando volvimos e hicimos balance de todo lo vivido, que fue bastante intenso. Sin su fuerza y pericia con el auto 4x4, y sin su excelente conocimiento de los caminos, aquellas rutas no hubiera sido posible hacerlas. Por eso creo que lo enviaron a él precisamente. Siempre le estaremos agradecidos.
Nadie compartía auto con nosotros dos. Según ellos no habían salido candidatos. Los que nos acompañaron en la ruta desde Belén tenían otros planes. Y aunque nos salió bastante más caro, disfrutamos de total autonomía y más libertad, amén de tener más espacio en el auto.





