Después de la corta parada en el poblado de El Peñón reemprendemos camino hacia la que será la atracción del día, el Campo de Piedra Pómez. Distante de este pueblo de El Peñón unos 25 kilómetros por caminos de tierra, arena y rocas, que requieren un buen auto 4x4 y un conductor experto en este tipo de pistas.
Los paisajes que nos acompañan nos van dando aviso de lo que nos espera en nuestros próximos días por la Puna.

Fue declarado “Área Natural Protegida Campo de Piedra Pómez” en 2012 . Y por ello se requiere el pago de una entrada. No vimos ninguna caseta donde se exigiera el pago de la misma. Pero hay agentes que circulan y paran a los autos para reclamar el pago. Tal fue nuestro caso.

Los accesos a esta área natural tiene que ser por los caminos habilitados que son tres: el camino de Huella desde el Peñón, que es el que nosotros utilizamos, la Huella desde Carachi Pampa y la Huella desde las Papas. Cualquier otro acceso está prohibido.
El Campo de Piedra Pómez es un paisaje extraño y único en el mundo. Un paisaje que podría pasar por surrealista e inimaginable. Un océano de piedra con sus olas congeladas en el tiempo, olas petrificadas. Un testimonio viviente de la historia geológica de la zona. El mismo se originó hace muchísimos años por las emisiones del cercano volcán Blanco, o Robledo, que contenían, entre otros elementos, materiales gaseosos y cenizas que al solidificarse se convirtieron en esta especie de piedra pómez.

La erosión debida a los fenómenos meteorológicos, sobre todo el viento y las heladas, han ido moldeando los materiales y creando las distintas estructuras que ahora se pueden ver. Estas formaciones rocosas son blancas, grisáceas, con superficies anaranjadas, rosáceas, ocres, colores que varían según el momento del día. Y con formas diferentes y tamaños distintos que parecen deslizarse sobre una gran superficie de arena gris, rosada, blanca.. fruto de esta misma erosión.

Las rocas no son resbaladizas y poseen una cierta porosidad y rugosidad que permite el agarre del calzado por lo que es posible subirse a alguna de ellas y poder otear este gran “mar” de olas rosadas que se extiende más allá del alcance de tu mirada.
Muchas de estas formaciones presentan como grietas o fracturas producidas por la gran amplitud térmica entre la noche y el día y ahí sí que, quizá, habrá que tener precaución al pisar.

Hay que tener en cuenta que está ubicado a más de 3000 metros y la correspondiente aclimatación a la altitud.
En la lejanía también se podían distinguir varias acumulaciones de arena blanca. Las mismas son las llamadas dunas blancas que son otra atracción de la zona y que nosotros no visitamos porque no estaban en nuestro camino ya que luego continuábamos hacia Antofagasta de la Sierra.

Pero antes nos dirigimos hacia un volcán de color negro con forma de sombrero, el volcán que recibe el nombre de Carachi Pampa.

Si el camino hasta Piedra Pómez ha sido algo dificultoso este por recorrer lo supera porque hay como más “olas” de arena que ponen a prueba la tracción del vehículo. Al margen de que por esta zona hay más de una “huella” para seguir camino.


Vamos viendo acercarse la figura de sombrero del cono volcánico del Carachi Pampa que llega hasta casi los 3.400 m. de altitud. Se encuentra rodeado de la escoria negra de las coladas de lava de su anterior erupción. La vía a seguir atraviesa esta zona de escoria negra, rodeados de malpaís, y la conducción se vuelve más lenta y difícil.
Al fondo del paisaje hay unas montañas de origen volcánico también cuyas coladas han ido erosionando en forma y colorido creando bellas formas para alimentar la imaginación.

Rodeamos el volcán y nuestro punto de llegada es al lado de un salar y una laguna que reciben el mismo nombre, salar y laguna Carachi Pampa.
La zona está desprovista de vegetación, como es de esperar. No obstante, crece un algarrobo (creo que es ese tipo de árbol) que da cobijo a los que llegamos para tomarnos alguna vianda.
La laguna Carachi Pampa tiene como dos partes diferenciadas en su superficie. Una con el agua más azulada correspondiente a la escorrentía de vertientes que tienen su origen en el cono del volcán y que es agua dulce. Esta avanza por el salar dejando un rastro de bordes verdes de hierba hasta que se funde con el agua salada proveniente del salar que presenta varias tonalidades de rosado.
Un bonito festival de colores, reflejos en la superficie del agua, flamencos entretenidos en su tema, picoteando ellos saben qué. Una gran paz.




Al amparo del único árbol de la zona dimos buena cuenta de las provisiones de queso y pan que compramos en Tafí del Valle.
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Sin volver al pueblo de El Peñón proseguimos camino por la RP43 hasta el pueblo Antofagasta de la Sierra, distante aún algo más de 60 kilómetros.





