Primeras horas en Chile
El vuelo de LEVEL sale de Barcelona a medianoche. Es principios de agosto y como ha habido un encuentro de juventud en Roma, con el nuevo Papa, el vuelo va lleno de jóvenes y monjas que regresan a casa, y sinceramente, un poco de protección divina nunca viene mal, teniendo en cuenta que cruzamos los Ándes.
Al comprar el billete con 11 meses podemos escoger los asientos XL de primera fila que incluye la comida. Como siempre, nada más despegar, nos sirven la cena (muy correcta por ser de avión). Es un vuelo tranquilo, por lo que después de un poco de tele, conseguimos dormir bastante.
Me despierta con el olor a café que están preparando para el desayuno. Quedan dos horas para aterrizar y el paisaje que se ve es, ESPECTACULAR.

No recuerdo si lo habíamos leído, o fue casualidad, que al tener ventanilla en el lado izquierdo del avión, sobrevolar los Andes es una de esas cosas que se te queda en la retina. Un paisaje infinito que permite ver la immensidad, y porque el cielo está despejado y es un paisaje infinito. No sabes hacia donde mirar, es muy pero que muy bonito. Por normativa, tenemos que estar con los cinturones abrochados para sobrevolar los Andes. Y sin querer, piensas en la tragedia y cómo pudieron sobrevivir aquellos jóvenes en 1972 entre picos que se ven desde lejos y que estan entre 3000 metros de altura.

Y de pronto, cuando empezamos a bajar, el cielo se vuelve gris y aterrizamos en Santiago en mitad de una inmensa niebla que apenas te permite distinguir la pista. Y unos 40 minutos antes de lo previsto, y 5 años después, por fin, estamos en Chile. Este era el viaje previsto para el verano del 2020 pero como pasó lo que pasó, pues nos quedó la espinita, y este año, por fin era una realidad...
Tardan más las maletas que lo que tardamos en movernos por el aeropuerto y pasar aduanas e inspección sanitaria. En uno de los controles te dan el PDI , ese papel SUPER IMPORTANTE, que nunca debes perder. El tema es que en papel térmico tan fino fino que parece el recibo de la compra del super, que en cualquier momento, vas a tirar. Hacemos una foto, just in case, y a la que podamos, una fotocopia. Por control de sanidad aleatorio, nos hacen pasar una de las maletas por el escáner, pero no las abren.

Antes de salir de la zona de recogida de maletas, hay un pasillo con todas las empresas de taxis y traslados en coche. Con el wifi del aeropuerto, buscamos qué opción es mejor y nos decidimos por Uber. Como hablamos en catalán, un amable viajero que nos escucha, nos dice que no utilicemos Uber porqué no están autorizados a entrar en el aeropuerto, (y mucho menos para ir a la zona de salidas a recogerte, y cuando te dejan en llegadas, te dejan a más de 15 minutos de la terminal, que es el máximo que pueden llegar. Esta familia, que regresan cada año a Chile, nos dice que utllizan transvip o cabify y que funcionan muy bien. Gracias por el tip.! .
El punto de recogida desde la terminal es un poco confuso, pero hay que ir a la izquierda, y el paso de peatones que hay delante del Starbucks te lleva al parking, y justo al lado de las máquinas de pago, está el punto de recogida de todos los VTC.

Contratamos un cabify que llega puntual y en 20 minutos nos deja en el centro de la ciudad. Cierto que es sábado de agosto y no hay trafico, así que a las 9 en punto llegamos al Mercure Centro, en la AV Libertador O’Higgins, delante de la Biblioteca Nacional. Esta calle es la avenida más importante de Santiago, y está muy cerca de todo el Distrito Centro. Como no tenemos las habitaciones hasta el mediodía, dejamos las maletas, nos organizamos un poco y salimos a pasear. Temperatura buena, 9 grados. Viniendo de los 36 de Barcelona, pas mal el contraste.