Hoy es lunes. Nos levantamos y desayunamos a la misma hora que ayer. A la 8.00h. salimos de camino a Long Beach, donde está el Aquarium of The Pacific. Teníamos pensado ver el acuario y hacer la excursión a avistar ballenas. Traté de coger las entradas desde casa, si es sólo para la visita del acuario podéis, perro si también queréis las ballenas lo tenéis que hacer allí mismo ese día, aunque no suele haber problema de plazas. Nosotros cogimos para el primero que era a las 11.30h. Como aún teníamos tiempo entramos a ver el acuario primero. Está bastante bien, merece bastante la pena. Tiene muchísimas especies que yo no había visto nunca, ni si quiera en el oceanográfico de Valencia. Y como todos los museos que hemos visto allí, lo tienen genial montado. Tienen una zona exterior con piscinas donde hacen exhibiciones, y un parque de periquitos, que puedes entrar y darlos de comer. Además hay unas piscinas con mantas rayas y tiburones pequeños que se pueden tocar. Dentro del museo, en las salas de exposiciones también hay algún lugar dónde se pueden tocar pepinos, estrellas de mar, y esas cosas, como en el Museo Cosmocaixa de Madrid, que no sé si lo conoceréis.

Dimos una vuelta de una hora y media por el museo, la última parte un poco a la carrera porque nos teníamos que ir hacia el muelle, que está enfrente del museo, a coger el barco para la excursión. El paseo marítimo de Long Beach tampoco está mal. Tiene una zona muy cuidada con el faro y una zona de tiendecitas, y también está atracado allí el Queen Mary, que ahora es museo y se puede visitar.

Estuvimos esperando unos 20 min, y mientras nos tomamos unos chicles de biodramina, cosa que os aconsejo si queréis hacer esta excursión, porque aunque yo no me suelo marear, tras tanto tiempo en el mar, hasta con biodramina acabas un poco mareado. La excursión fue super larga, desde las 11.30 hasta las 15.00. En un principio eran 2.30 horas, pero como no conseguíamos ver ballenas el patrón del barco lo siguió intentando durante 1 horas más. Y al final lo logramos. Desde que salimos de puerto vimos una manada de delfines, leones marinos y ballenas grises y azules. Es espectacular verlos salvajes en su hábitat natural. Los delfines son muy graciosos, les encanta jugar alrededor del barco, son muy sociales. Los leones marinos estaban plantados al sol en una boya de esas gigantes con campana que hay a no sé cuántas millas mar adentro. Y lo de las ballenas es otro cantar. Simplemente sin palabras. Son inmensas, y las ves constantemente sacando y escondiendo el lomo sobre la superficie del agua y expulsando lo típicos chorros de agua. Nosotros vimos 3 ó 4 grises y una azul, la más espectacular porque es la más grande. Para mí, esta excursión mereció mucho la pena, aunque nos ocupó la mitad del día y nos limitó bastante para hacer otras cosas, pero porque me encantan los animales y esta clase de turismo de naturaleza, por llamarlo de alguna manera. Entiendo que otros pasaréis de museos y animales, entonces no la hagáis, porque ya os digo que además acabáis un poco mareados, jejeje… y con muuucho hambre….

Al regresar de la excursión nos hubiera gustado terminar de ver el museo, pero ya era tardísimo y además teníamos que localizar un Walmart antes de irnos de Los Ángeles, para comparar unos escarpines de agua que nos servirían en nuestra excursión por los narrows de Zion, y no sabíamos si en algún otro Walmart del recorrido los íbamos a encontrar. Yo llevaba apuntada la dirección de uno cerca de donde estábamos, pero dimos más vueltas que un tonto para encontrarlo. Y resulta que luego allí no los tenían. Aprovechamos para compararnos unos sándwiches, porque aún no habíamos comido, y nos fuimos con un rebote considerable. Aviso a navegantes: los Walmart de Los Ángeles, malísimos, por lo menos los dos en los que yo estuve. Pequeños, desorganizados, y sin casi productos frescos, por no decir ninguno, no encontramos ni fruta ni ensalada, y sin embargo tenéis de todo eso en las tiendas de 99 cent.
Otra cosa horrorosa de Los Ángeles: el tráfico. Tardamos más de una hora en regresar a Santa Mónica. Esa tarde queríamos ir a darnos un bañito a la playa. Llegamos a las 18.30, y justo cambió el tiempo. Se nubló y se puso de tormenta con vientos huracanados, jejejejeje… Y el agua estaba que cortaba, que conste que metí las piernas hasta la rodilla. Así que estuvimos un ratillo con la toalla estirada haciendo unas fotos y contemplando el paisaje, con las míticas casetas de los vigilantes de la playa que salían en la serie de Mitch Bucanan, jejeje, y nos tuvimos que ir sin bañarnos y sin poder estar ni un ratito relajados.


La zona de la playa y del muelle de Santa Mónica es muy recomendable. Además creo que seguir por el paseo marítimo hasta llegar a Venice es una gozada, pero nosotros con el mal tiempo que hacía decidimos no hacerlo. En lugar de eso estuvimos dando un paseo por el muelle. Es el típico muelle que sale en las películas con un parque de atracciones y puestecillos y salas de recreativos y restaurantes. Además, en el Pier de Santa Mónica es donde terminaba la ruta 66, la carretera que recorría antiguamente el país de costa a costa. Está muy bien para pasar un rato entretenido. Esa tarde el parque de atracciones estaba cerrado por un evento privado: era la presentación de la nueva temporada de una serie de televisión, y allí estuvimos cotilleando un poco, aunque no conocíamos a casi ninguno de los actores.


Después decidimos ir a dar una vuelta andando hasta 3rd st. Promenade. Es la calle con más movimiento de Santa Mónica, donde se concentra toda la zona de compras y también hay sitios para tomarse algo. Lo malo es que llegamos muy tarde y casi no nos dio tiempo a ver nada. Dímos una vuelta y acabé en las tiendas REI, que son como aquí el Decathlon, más o menos. Y es que yo me quería comprar algo de calzado de la marca Keen, que es muy técnico y me habían dicho que es de lo mejor para cuando vas a caminar mucho, y esa era la idea de nuestro viaje, y en España no las encuentras por ningún lado. Desde España ya nos habíamos llevado unas Merrell, que son iguales que las Keen, y que habíamos encontrado en el Decathlon, pero eran horrorosas, porque sólo tenían un modelo. Bueno, pues al final, me volví a comprar otros Merrell super monos, porque los Keen que tenían no me terminaban de convencer. Pues los Keen no lo sé, pero cercioro que Merrell es una marca estupenda, porque tanto las playeras que llevamos desde España, como los zapatos que me compré allí han sufrido de lo suyo, y siguen perfectos. Y son una pasada de cómodos. Y con esto hice mi primera compra americana.
Eran las 21.15 y decidimos regresar al Pier para ir a cenar al Buba Gump, uno de las primeras recomendaciones que llevaba apuntada, y nuestro primer restaurante típicamente americano, que de esos aquí no los hay. Está todo basado en la película de Forrest Gump, y el menú se compone básicamente de gambas, y alguna que otra ensalada, jajajaja, nos lo pasamos pipa imaginándonos a Buba dictándonos la carta: Gambas picantes, gambas cocidas, gambas con gabardina, gambas con crispis, gambas agridulces… El resturante está muy bien, muy americano y de precio normal, como un Foster´s Hollywood o así, para que os hagas una idea. Además esto supuso nuestro primer encuentro con el mundo de las propinas. Normalmente es entre un 15 y un 20% de la cuenta. Si pagas en efectivo tú lo añades directamente, y si pagas con tarjeta, que es lo habitual y lo más cómodo, te traen la cuenta, es das la tarjeta, la escanean, te devuelven la tarjeta y otra vez la cuenta, ya con la copia para ti, con un apartado para que pongas a Boli cuánto dejas de propina y firmes. Eso se lo quedan ellos, y ya luego descuentan de la tarjeta el total. Coser y cantar. Aunque da palo dejar esas cantidades tan grandes en propinas, porque no estamos acostumbrados, tenemos que pensar que es parte fundamental de su sueldo, y que a nosotros también nos gustaría que todo el mundo lo hiciera si estuviéramos en su lugar.

Con esto se terminó nuestra estancia en los Los Ángeles. Después de cenar regresamos al hotel a dormir. Se nos habían vuelto a quedar sin ver la zona de Rodeo Drive, Beverly Hills y el Observatorio Griffith, así que teníamos que ver si lo veríamos al día siguiente, días en el que salíamos camino del Gran Cañón recorriendo parte de la antigua ruta 66. A pesar de que la mayoría de la gente dice que Los Ángeles no tiene mucho atractivo, a nosotros nos gustó bastante. Tiene muchas cosas para ver, lo malo es que es enorme, necesitas coche porque las distancias son enormes, y el tráfico está fatal, pero para mí mereció mucho la pena. Y se nos quedaron sin ver cosas como toda la zona de Venice Beach, la zona del centro de la Ciudad, donde está el ayuntamiento y el Walt Disney Concert Hall, El Pueblo de Los Ángeles de día, visitar el museo de cera o hacer la visita guiada al teatro Kodak, darnos un bañito en Pacífico…