Tenemos todo el día para llegar al río Mara y ver el posible cruce de los ñus y cebras (la gran migración). Por el trayecto vemos un montón de cosas.
En una de éstas vemos un ñu muerto del que dan buena cuenta los buitres y un marabú, hasta que a lo lejos sale a escena una leona al trote para defender su comida. Los buitres la miran a medida que se acerca y se van alejando así como silbando, estilo yo sólo pasaba por aquí… Llega la leona, lo olisquea, se queda vacilando un rato y decide que ya cazará más. Así que los carroñeros vuelven a la carga según se aleja. Unos momentos después, se repite la jugada pero esta vez con un león. Buitres silbando…. El león posa para nosotros y también se pira. Vaya rato más entretenido!!!
Un grupo de jirafas pastan en una colina, unos elefantes se hidratan en una charca, un mega grupo de ñus y cebras escapan de nuestro vehículo infernal, una madre guepardo y su cría reposan a la sombra de un arbusto (estos gatetes no llevan bien la caló de la sabana), la secretaria (pájaro secretario) sale de paseo, un grupo de monos hacen una pasada en el terreno en busca de comida…
Total, que llevamos desde hace 5 horas con la sonrisa tonta y se nos están empezando a cargar los mofletes!!! Afortunados nos hallamos de estar donde estamos, sí.
Cuando llegamos al río, vemos cómo están los hipopótamos y los cocodrilos tranquilamente, pero ni rastro de ñus. Bueno sí, pero están a lo lejos, como esperando al resto de la cuadrilla para cruzar todos juntos. Así que tras almorzar nos damos media vuelta. Aunque parezca mentira, hacer un safari es jodidamente cansado. Luchamos por no quedarnos sopa y disfrutar de cada animalejo.
Ya cerca de la puerta de salida, Opain tiene a bien acercarse al árbol de ayer (el de la gacela cadáver colgando) y… SORPRESAAA! Elegante leopardo reposando sobre rama, con gacela degollada de fondo!!! No hace falta dishes nada más.
Al salir del parque tenemos la opción de hacer una visita al poblado Masai que hay junto a nuestro “campamento”. Pagamos religiosamente los 1000KES/persona y nos vamos andando con ellos. El poblado está vallado con arbustos “joputas” con espinas como colmillos de sable. Dentro, las casas forman un círculo y en el centro de la urbanización queda el sitio para lo más importante: el ganado (hipervallado también a fin de protegerlo de los malos).
Masai Mara es una reserva, no un parque, y por lo tanto no tiene vallas. Esto quiere decir que los animales campan a sus anchas (si no se sienten intimidados por las pedazo escopetas que guardan los ranger; todo hay que decirlo). Si bien es cierto que no es normal que se acerquen a las zonas rurales, a veces pasa. De ahí que los masais nos cuenten que más de una vez cheetah (guepardo, que no la mona chita, amigos/as) ha saltado sus hipervallas para comer una tierna (ja, más tersa que tersa como tenemos el placer de comprobar cada día) cabra.
Los masais nos bailan y nos animamos a bailar con ellos/as (hombres y mujeres). Cada uno a su estilo! Nos dicen que la capacidad de salto es inversamente proporcional a la dote que hay que pagar a la familia de la mujer. Los masais son polígamos*, pero tienen que ir a otras aldeas a “ligar” (o más bien a escoger, porque las mujeres parece que no tienen mucho que decir al respecto…)*.
También visitamos el interior de una de sus chozas (hechas de caca de vaca). El masai que nos guía insiste en que nos fijemos en cómo las casas parecen pequeñas por fuera pero que tienen 5 habitaciones! Pues bien, parecen pequeñas y son pequeñas. Entramos a ciegas (literal) y nos sentamos en un banquito que hace de salón, frente a un fuego que hace de cocina, entre dos habitáculos que hacen de habitaciones (la de los padres y la de los tropecientos niños/as que se tengan). Espera, me falta una de las 5 habitaciones... Ah, ese huequito que está ahí para las cabras bebé.
Por supuesto, también visitamos el mercado improvisado. En Kenia la gente es muy dada a hacer business y más con nosotros, claro.
Del poblado nos llama la atención la falta de orden y pulcritud de la urbanización. Vale que no tengan muchos medios pero yo creo que mejor también lo podrían hacer. Montones de moscas campan a sus anchas en las caritas de los niños/as, basura y plásticos por todas partes…
Otro día más que nos hemos fumao!
** Véase: machismo.























