Abandonamos Bryce temprano para dirigirnos a otro de los parques nacionales (y esto se acaba para empezar con las ciudades), el de Zion. A los cinéfilos les gustará saber que allí se rodaron muchas escenas de la famosa película Dos hombres y un destino, con Paul Newman y Robert Redford. Y tarareando la canción principal “Raindrops Keep Fallin' on My Head" me subí al bus aquella mañana.
Tomamos nuevamente la carretera 89 para ver varios ranchos diseminados por allí, tipo los de la serie de TV La casa de la pradera (una parte de la serie o quizás todo se rodó cerca). También pasamos junto al río Sevier, el más largo de Utah. Y al fin llegamos a Zion.
Sion era el nombre de una fortaleza conquistada por el bíblico rey David que se encontraba donde ahora está Jerusalén. Se hallaba en una colina en el monte Sion que se menciona en la Biblia como centro espiritual y “madre de tosos los pueblos”. Después de la muerte del rey empezó a usarse el nombre de Sión para denominar a la colina en la que estaba el templo de Salomón y más tarde al mismo templo.
En muchos pasajes de la Biblia se habla de Sión para referirse no sólo a la ciudad de Jerusalén sino a un centro espiritual que sería la Tierra prometida de los hebreos.
Entonces, ¿qué pinta un “Sión” en Utah?.¿Qué relación puede haber?. Pues el punto en común es claro, los mormones nuevamente. Fue uno de ellos, un pionero y agricultor llamado Isaac Behunin, quien le dio el nombre de Zion recordando al Sión bíblico. Tenemos que recordar que ellos se sentían también perseguidos como los hebreos e iban buscando su tierra prometida.
En Zion ya había presencia humana antes de la llegada los mormones. De hecho se considera que hace 8000 años el hombre ya se asentó allí e incluso hace 2000 años empezaron a cultivar. En Zion vivieron los pueblos anasazi, Fremont y parrusit. En 1776 llegaron los primeros blancos, dos sacerdotes españoles, y alrededor de 1850 aparecieron los mormones, que fueron los primeros en establecerse en la región.
En la actualidad Zion es un parque natural de 595 km2 con un impresionante desfiladero. A algunas personas les gusta más que Bryce; para otros no hay ni punto de comparación. Sinceramente pienso que es cuestión de gustos pero a mí, sin dejar de admitir la belleza de Zion, Bryce me parece impresionante (es más, me parece el más bonito de los parques nacionales que he visto junto con Yellowstone).
El parque tiene una sola carretera, asfaltada en rojo para no desentonar con el entorno, que va descendiendo hasta el fondo del cañón. Pronto encuentras un túnel (como en Zion sólo hay una carretera se tiene que pasar por allí para subir y bajar y está prohibido pararse). Es el más largo de Utah y mide 1700 metros. A lo largo del túnel hay ventanas (6 en total) y se va viendo el paisaje. Al final del todo, cuando sales, por fin tienes ante ti el cañón. Ese cañón es la zona más impresionante del parque y ha provocado que se haya comparado a menudo a Zion con un país de gigantes. Sus despeñaderos son enormes moles de piedra, dunas de arena petrificada que alcanzan entre 600 y 900 metros de altura. Los colores, al igual que en Bryce, son espectaculares. Rojos, amarillos, anaranjados, beige, incluso rosa. El pastor Frederick Fisher bautizó a muchas de esas formaciones rocosas con nombres de lo más peculiar como el trono blanco, los tres patriarcas o la plataforma de aterrizaje de los ángeles. Antes de entrar hay un monolito gigantesco de piedra arenisca que recibe el nombre de “piel de elefante” (tiene exactamente ese aspecto). Ése fue el lugar escogido por nuestro guía para hacernos una foto de grupo y dio lugar a uno de los momentos más divertidos del viaje. Para que nos hiciera la foto escogió a un señor que pasaba por allí, armado con una cámara bastante buena, lo que daba por supuesto que sabía de fotografía. Pero al coger la primera de las cámaras (todas dispuestas sobre una bolsa a sus pies) se la miró con una cara que más o menos venía a significar “¿qué es este aparato?, ¿cómo funciona?”. Ahí empezamos a dudar de sus capacidades. Pero cuando la levantó con pulso tembloroso y apenas sabía cómo enfocar empezó el nerviosismo y también las risas. Pero si mi abuelo, que en su vida ha hecho una foto, tendría más estilo que el buen hombre… ¿A quién había escogido el guía?. A medida que iba cogiendo cámaras y se iba sucediendo lo mismo (cara de no saber qué era lo que tenía entre manos, máquinas puestas de lado, subidas y bajadas) no nos podíamos aguantar las risas. Tuvimos que decirle a nuestro guía que le dijera a la esposa del señor que le echara una mano y ella parecía que sí sabía lo que hacía. Ah, amigo, ahora entendemos todo. Ella hacía las fotos y él cargaba con la supercámara. Bueno, al final todos tuvimos nuestra foto de grupo (en mi caso creo que hizo 3) y pasamos un rato divertido. Pobre hombre, cómo nos reímos.
Al final del túnel volvimos a parar otros 30 minutos para hacer fotos del bonito paisaje antes de continuar nuestro camino hasta la parte más baja. Y allí volvimos a detenernos de nuevo, una hora, para ver las Emerald Pools, estanques naturales que se alimentan del agua del deshielo que cae por cascaditas en las paredes que los rodean. Son 3. Si tienes poco tiempo vale la pena llegar como mínimo hasta la Lower (0,6 millas) porque para las otras dos el camino ya resulta más empinado y puedes calcular mal los tiempos. El camino está señalizado y no hay pérdida. Sólo se tiene que ir desde el aparcamiento al otro lado cruzando por el puente que pasa sobre el río Virgin. Ojo con ese río porque, aunque ahora hay poco agua, en algunas épocas del año puede llegar a ser peligroso. Cerca del río crecen unos árboles llamados “Cottonwood”, parecidos al chopo (aunque hay quien dice que es una especie de álamo).

Para mí lo peor de Zion es el poco tiempo que tuvimos allí (y más si tenemos en cuenta que lo hacíamos para llegar antes a Las Vegas). El parque tiene según he podido ver zonas verdaderamente hermosas como The Narrows pero no es algo que se pueda hacer en este tipo de viajes. En concreto esa excursión es difícil, para personas experimentadas y se debe ir con cuidado con el nivel del río.
En cuanto a animales, aunque sólo vimos un uapiti, dicen que en Zion abundan las cabras salvajes e incluso los pumas.
A la salida pasamos por delante de la Corte de los Patriarcas, una formación rocosa dentada (tres picos escarpados) en la que casi nadie se fijó. Sí que nos fijamos un poco en Springdale, una ciudad turística y muy cara que está a la salida de Zion y que ese día, Labor day, fiesta grande en EEUU, estaba repleta de coches. Poco después volvemos a adentrarnos en el Desierto de Mojave, por el que ya habíamos pasado hacía algunos días. La temperatura exterior nos sorprende, 35ºC. Por la zona hay muchas casas nuevas. Y es que la zona es tranquila y barata y mucha gente quiere vivir aquí a pesar del tremendo calor que hace.
La parada de la comida la hacemos en St. George, la última ciudad importante antes de salir de Utah. Y el lugar escogido es un buffet de la cadena Golden Corral, sí, el mismo en el que comimos tan bien y barato días atrás. Al ser domingo es un poco más caro, 27,72 $ dos personas con todo incluido, pero con todo y eso resulta muy barato puesto que hasta hay “steak” preparado al momento. Después de comer atravesamos un poquito Arizona y rápidamente entramos en el estado de Nevada, el Silver state (porque aquí se encontró plata igual que en California, el Golden state, se encontró oro). Pero si por algo se conoce mundialmente a Nevada es por el juego. Apenas habíamos puesto las ruedas allí cuando ya encontramos el Eureka, el primero de los casinos. Y es el momento de volver a cambiar la hora.
El nombre del estado se lo otorgaron los españoles, a quienes la zona les recordaba a Sierra Nevada. Es el estado donde las leyes son más liberales de EEUU. Es del todo sabido que con un pasaporte y 60$ puedes casarte en Las Vegas (eso sí, siempre y cuando no seas homosexual, que eso sigue estando mal visto en esa zona que, pese a todo, sigue siendo muy arcaica). Para darle más vistosidad al acto lo normal es acudir a una capilla, en la que no hace falta tener testigos y puedes alquilar un pack de bodas desde 200$. Las Vegas tiene 25 capillas, algunas abiertas las 24 horas del día. Incluso los casinos tienen sus propias capillas (otra fuente de ingresos al margen del juego). Una boda así sólo sería válida en EEUU pero si quieres que también lo sea en España pagas 60$ más y le colocan el sello de Nevada (que sería como la apostilla de la Haya para nosotros).
La principal industria del estado es, evidentemente, el juego de azar. Pero a eso debemos añadirle los restaurantes de los casinos, en los que casi siempre hay un buffet, los mismos hoteles, la impresionante oferta de espectáculos (sólo del Cirque du soleil hay unos 4 ó 5 como poco) y especialmente las convenciones, que dejan muchos millones de dólares al año. Son tan rentables esas convenciones que cuando hay alguna el precio de las habitaciones se multiplica.

El estado es rígido en cuanto a normas de comportamiento y civismo. Pero sólo cuando le place. Poco después de entrar, nos para la policía (y no sólo a nosotros sino a todos los autobuses) para controlar que el libro, el equivalente en EEUU al tacógrafo, esté correcto. Como nuestro conductor cumplía las reglas al pie de la letra no tuvimos ningún problema.
Además de autobuses parados y policías también empezamos a ver a un lado y a otro los Joshua tree, también llamado árbol de los mormones, perteneciente a la familia de la yuca. Y al fin la voz de Elvis Presley cantando una célebre canción nos anuncia que a lo lejos, en la neblina, en medio de la nada, se alzan los enormes edificios de Las Vegas.
Las Vegas se fundó oficialmente en el año 1906, aunque ya en 1840 hubieran pasado por allí los pioneros. Una “vega” es un lugar que tiene agua cerca y Las Vegas, aunque en un desierto, la tiene. Nada más y nada menos que el río Colorado a 60 millas y la enorme Presa Hoover a 48 kilómetros. La ciudad es un despropósito de derroche y ruina medioambiental. Recibe millones de visitantes al año (ya dije al hablar de Yellowstone que casi 40 millones) que gastan agua a manos llenas. A eso tenemos que añadirle las fuentes que adornan los casinos y la cantidad de energía que se gasta en abastecer a una ciudad repleta de habitaciones de hotel y máquinas de juego. Nada más y nada menos que 180.000 habitaciones y 900.000 habitantes (que suben a más de un millón cuando los obreros que viven en las afueras llegan cada día). No obstante todos los norteamericanos quieren ir a Las Vegas y no es raro que se escapen allí nada más que tienen un poco de tiempo libre (ole su nivelazo intelectual).
Nada sería en la ciudad como es ahora si los mormones hubieran decidido quedarse. Pero se fueron a los dos años de instalarse a causa del calor. Y es que el asfalto está ardiendo y el aire caliente hace que no te den ganas de salir a la calle (mejor para los dueños de los hoteles-casinos, que deben pensar que cuanto menos estés fuera y más dentro, con su aire acondicionado, más consumes y llenas sus bolsillos). La legalización de los juegos de azar llegó en 1931, precisamente cuando se construyó la Presa Hoover, destinada a darle agua a la ciudad. Los ecologistas se tirarán de los pelos al ver que esa presa enorme sirve para proporcionar agua y electricidad a una sola ciudad. Lo que sí que no es legal es la prostitución (vamos, que no hay prostíbulos aunque nadie prohíbe que las prostitutas entren en los casinos a ofrecer sus servicios).
Llegamos al hotel Excalibur, una especie de castillo medieval de Lego o Playmobil, con unos 40ºC de temperatura. Pero lo peor llega en el momento de tener que ir a la habitación y tener que salvar obstáculos formados por montones de luminosas tragaperras hasta llegar a la habitación. ¡Un espanto!.

Nos cambiamos de ropa y aprovechamos la hora y media que faltaba hasta el momento de empezar la visita guiada nocturna que habíamos contratado con nuestro guía para ver alguno de los hoteles que rodean al nuestro. Un paso comunica el Excalibur con el New York New York, que, como su nombre indica, se inspira en la famosa ciudad, con sus réplicas de sus edificios más famosos entre los que pasa una montaña rusa y, cómo no, la estatua de la Libertad. Entramos y nos encontramos con un ambiente algo oscuro, muchas tiendas, las eternas máquinas de juego y algunas casas que recrean barrios típicos de Nueva York (incluso la entrada del metro). Luego pasamos por el puente que conecta para entrar en el MGM, uno de los hoteles más grandes del mundo, con una fachada de un color verde muy bonito que no se ve compensada con el interior (dejando de lado la escalera, no tiene muchas cosas que me gusten).
En cuanto a la visita guiada consistía en recorrer el strip, la calle donde se encuentran los casinos más famosos, y también visitar el Downtown. Pero vayamos por partes.
Lo primero que hicimos al salir fue dirigirnos al punto más fotografiado de la ciudad (y al que no todo el mundo va), el famoso cartel de Welcome to Fabulous Las Vegas. El letrero está al sur de la Strip, en las Vegas Boulevard y pegadito al aeropuerto. La cola para hacerse la foro era inmensa pero todos los del grupo nos pusimos en un rinconcito y la hicimos desde allí.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Luego volvimos al Strip para visitar primero el Caesar’s Palace, uno de los más elegantes de la ciudad. La decoración de la escalera mecánica por la que subimos recrea pinturas de la famosa Villa de los misterios de Pompeya (aunque no sé si muchos de los que pasan por allí tendrán idea de eso). Gran parte del hotel recrea las antiguas ciudades romanas, con casas (en cuyos bajos se han puesto tiendas, en su mayor parte de lujo), estatuas (réplicas de algunas muy conocidas), fuentes y pinturas. Estuvimos en la zona que se llama Forum, llena de tiendas y con unos techos que representan el cielo. A las 7 en punto empezó el espectáculo en la fuente, muy bonito y vistoso pero que cuesta de comprender si no sabes de qué va (o no dominas el inglés). Básicamente recrea el mito de la Atlántida y su caída con unas figuras animadas (la presencia de un dragón final muestra los “grandes” conocimientos de los americanos sobre la mitología clásica). En ese hotel han cantado grandes figuras como Sinatra o Diana Ross y este mes de septiembre volvía Celine Dion.

Muy cerca está el Treasure Island, dedicado a la piratería y donde al parecer ya no se hace un famoso espectáculo de piratas en un enorme barco que tienen fuera (dice el guía que pedían un aumento de sueldo y, como los derechos laborales no son el fuerte en Las Vegas, fueron despedidos). Allí también está el Flamingo, el primero de los hoteles de la Strip. Se inauguró en 1947, gracias al empeño de un gángster llamado Bugsy Siegel. Pero cometió el error de pedirle dinero prestado a Lucky Luciano para hacer la primera piscina de mármol y traer a conejitas. Su novia se fugó con un amante suizo y el dinero y Luciano le mandó matar de un tiro en un ojo. Dentro del hotel hay un busto del personaje. Al lado del Flamingo está el Bally’s y junto a éste se alza la Torre Eiffel, elemento estrella del París-Las Vegas.
El siguiente hotel-casino que visitamos es el Venetian, propiedad de aquel “venerable” anciano que pretendía ponernos el Eurovegas. El hotel tiene pasillos con mármol italiano como si se tratara de un palacio de verdad, con réplicas de la torre o el palacio ducal. Los techos también están decorados como los de un palacio y las habitaciones se agrupan en zonas que reciben nombres como Bellini, Ticiano, Casanova, Marco Polo o Galileo. Visualmente (y como hotel, no el casino) es uno de los más elegantes. Por tener tiene hasta el gran Canal con góndolas incluidas, que se pasean junto a los palacios que albergan las tiendas (y sin el encanto decadente de la verdadera Venecia), bajo el Puente de Rialto y una especie de plaza de san Marcos, todo con cielo falso. Ah, una de las tiendas del Venetian entusiasmaba a Michael Jackson (aunque comprara en ella como el que compra al peso). Enfrente encontramos el Palazzo y por detrás el Encore y el Wynn, ambos de lujo.

Dejamos atrás la zona de la Strip y, pasando junto al Palace Station (y su fachada llena de trenecitos) y la Stratosphere Tower, una enorme torre de observación de 350 metros de altura, llegamos al Downtown, la zona con más vida de la ciudad y que aparece en todas las películas (Leaving Las Vegas, por ejemplo).
Allí visitamos uno de sus hoteles más importantes, el Golden Nugget, al que los entendidos llaman el mejor casino de la ciudad. En aquel entorno algo cutre, el hotel tiene alfombras tejidas a mano, mármoles italianos, lámparas de cristal de Murano y flores naturales. Dentro del hotel hay una piscina junto a un acuario lleno de tiburones y en los bordes de la piscina señoritas en biquini presiden mesas de juego (sí, también se juega en la piscina). Una de las cosas que más nos llama la atención de ese hotel es precisamente la que le da nombre, una gigantesca pepita de oro, considerada (por lo menos por los dueños del hotel) la más grande del mundo (pesa 30 kilos). Se encontró en 1980 en Australia.

Luego salimos a la calle más importante del barrio, la calle Fremont, a ver el espectáculo nocturno que se hace todas las noches. Varias manzanas de la calle están cubiertas de una bóveda de 416 metros de largo y más de 12 millones de bombillitas. Todos los casinos del Downtown pusieron dinero para crear ese enorme arco que tiene una potencia de 20.000 watts. Mientras esperamos dimos una vuelta por el entorno (que no puede ser más decadente). Incluso se ha instalado una especie de tirolina para volar sobre la calle cogido del torso (excepto que falle, como pasó aquel día, y el sujeto se quede colgado). Cada día el show cambia pero la temática siempre es parecida. Una serie de dos o tres videoclips de algún cantante o grupo famoso. Pero algo tan simple se convirtió en una de las cosas más aceptables que vi allí (¿será que nos tocó la noche de Bon Jovi y pude cantar a gusto?). Pero al cabo de 10 minutos, cuando todo termina, vuelven a verse los locales de striptease y la gente rarita.

Dejamos atrás la calle Fremont para entrar en Las Vegas Boulevard. Allí se concentran gran parte de las capillas de boda de la ciudad, como la Little White Chapel, donde se han casado muchos famosos. Pasamos también junto a una tienda enorme llamada Bonanza en la que venden de todo, hasta fichas de casino. Se anuncia como la tienda de regalos más grande del mundo.
Nuestra siguiente parada la hacemos frente al Bellagio, uno de los más famosos e inspirado en el pueblo de Bellagio, en el lago de Como (Italia). Nos dirigimos al estanque que tiene en frente, con vistas a la Torre Eiffel del París- Las Vegas iluminada para ver uno aclamado espectáculo de fuentes que me supo a poco. La música de Lucy in the sky with diamonds de Los Beatles apenas de escuchaba y, aunque bonito, me pareció algo soso y muy corto.
Luego entramos a ver el hotel, elegante, como si de un palacio se tratara, con flores de cristal que adornan el lobby en forma de lámparas, un falso jardín con pérgolas (con flores de verdad y de adorno), pájaros, una casita en un árbol, etc. Quizás demasiado comedido todo para la desmesura de Las Vegas. Y ése fue el final del tour nocturno.