Ya en solitario y sin los dictados de un grupo organizado salimos por la mañana temprano para explorar el Downtown de Los Ángeles, el barrio donde se ubica nuestro hotel.
Ésta es la zona financiera, donde se ubican los grandes rascacielos de edificios institucionales, bancos y hoteles. Empezamos por la 5ª St., al lado del Millennium Biltmore. Muy cerca se encuentra el edificio de la Biblioteca, la Central Library. Coronada por una pirámide, se inauguró en 1930 en una mezcla de estilo (neobizantino, neoegipcio y neoclásico). Seguimos un poco más hasta ver las cinco torres cilíndricas y acristaladas que conforman el Hotel Westin Bonaventure. Ya lo mencioné cuando hablé del Hyatt Regency de San Francisco, puesto que lo construyó el mismo arquitecto y los ascensores, con forma de pastilla y transparentes, son exactos en ambos. El hall del hotel es moderno, todo en él parece serlo, aunque algo complicado para encontrar la salida si te pones a explorar cada rincón. Dispone de varias tiendas y restaurantes y 34 pisos. Para ver cómo era el hotel subimos hasta el piso 32 (y yo con vértigo).


Salimos, aún con lluvia, y nos dirigimos al edificio Bradbury. Este edificio de color marrón no hace presagiar, visto desde fuera, la belleza que se encuentra en su interior. Lo mandó construir el millonario Lewis L. Bradbury en 1893. Ha sido escenario de muchas películas y series pero sobre todo es recordado porque allí se filmaron muchas escenas de Blade runner. Tiene estilo neorrenacentista, con fachada exterior de ladrillo, arenisca y terracota y un vestíbulo excepcional. Tiene un patio interior de cinco pisos decorados con ladrillos de color amarillo y rosa, suelo de baldosas, mármoles, azulejos mexicanos, rejas de hierro forjado por toda la escalera, madera y una claraboya que permite la entrada de luz natural. Desde 1996 alberga la sede del Departamento de Policía de Los Ángeles.
Olvidé mencionar que delante del edificio del Grand Central Market están las instalaciones del Angels flight, un pequeño funicular que tenía Los Ángeles. Se construyó en 1901 y durante años funcionó normalmente. No obstante en 1943 un marinero fue aplastado por uno de los dos coches de los que constaba. Se cerró en 1969, después de 68 años sin apenas incidentes de gravedad, cuando el área del barrio de Bunker Hill, donde se encuentra, se sometió a una remodelación total muy polémica. En 1996 volvió a abrirse, un poco desplazado de su localización original. En febrero de 2001 hubo un grave accidente que acabó con un muerto de siete heridos. Cuando uno de los coches estaba llegando arriba, cambio repentinamente y sin explicación (no llevaban conductor) y cayó muy deprisa. Las conclusiones de la investigación determinaron que la causa probable era un diseño inadecuado. Se reabrió en 2010 y en 2011 se cerró de nuevo porque las ruedas de acero en los dos coches estaban muy desgastadas. Finalmente, en septiembre de 2013, un coche descarrilló y hoy en día el funicular está parado.
Después de ver esta zona de la ciudad decidimos ir a visitar (por fuera) el edificio de Walt Disney Hall. Se inauguró en 2003 y tiene un aspecto prácticamente clavado al del Guggenheim de Bilbao. Las mismas formas onduladas y el mismo material, acero. La explicación es clara. El arquitecto de ambos es el mismo, Frank Gehry. Funciona como sala de conciertos (es la sede de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles) y tiene una capacidad para más de 2000 espectadores. Para llegar hasta allí se tienen que subir calles empinadas y llenas de obras (y un día nublado o lluvioso hace que el edificio salga en las fotos bastante ensombrecido). Su nombre se debe al hecho que en 1987 Lillian, la viuda de Walt Disney, donó 50 millones de dólares para construir una sala filarmónica. Se presentaron más de 70 propuestas y la escogida fue la de Gehry.

Al otro lado de la calle encontramos el Dorothy Chandler Pavilion y todos esos edificios juntos conforman el Centro de Música de Los Ángeles, uno de los centros artísticos más grandes de Estados Unidos. Hasta la inauguración del Walt Disney Hall era la sede de la Filarmónica pero ahora ésta se ha cambiado allí y en el Dorothy Chandler Pavilion se ha instalado la Ópera de Los Ángeles. Es más grande que su vecino ya que tiene casi 3200 asientos en 4 niveles. Se empezó a construir en 1962 y abrió puertas en 1964 y lleva el nombre de la señora Dorothy Buffum Chandler, quien hizo todo lo posible por hacer una sede para la Filarmónica.
Continuamos por esa misma calle hasta llegar a la altura de un edificio, en la otra acera, que en nada parece lo que es realmente. Se trata de la Catedral de Nuestra señora de los Ángeles, una modernísima construcción del español Rafael Moneo. Se inauguró en 2002, después de bastantes años de trabajos, y sustituyó a la antigua catedral de Santa Vibiana, muy dañada después de un terremoto de 1994. La diócesis pensó que si restaurar la antigua costaba 180 millones de dólares y hacer una nueva 150, era mejor decantarse por la segunda opción. Pero se les fue un poco de las manos porque el coste total del proyecto fue de casi 190 millones.
La iglesia tiene una altura de 12 pisos y capacidad para más de 3000 persona. Es tan grande que dispone hasta de aparcamiento propio, al otro lado de la enorme plaza. La iglesia es la tercera catedral más grande del mundo (aunque, como digo, parece de todo menos una catedral). Cuando entras da la impresión de estar en un lugar a medio amueblar porque está llena de espacios muy vacíos. Además, desde la entrada es imposible ver el altar mayor y tienes que dar una buena vuelta hasta llegar a la nave central. En este sentido me pareció un poco laberíntica (y de una organización poco práctica). Dicen que el arquitecto quiso con ello que hicieras un recorrido desde lo secular a lo sagrado. La cubierta es de cobre y el interior de alabastro, sin un solo ángulo recto. En cuanto a la fuente de agua bendita, parece una fuente de una plaza.
Tiene también un mausoleo, al que ese día no podía accederse, a un nivel por debajo de la catedral. Tiene casi 1300 criptas, casi 4800 nichos para urnas funerarias y más de 200 espacios para cenotafios. Fue una lástima no haber podido bajar porque allí está la tumba del gran actor Gregory Peck. ¿Si me gustó?. Demasiado moderna para mi gusto. Quizás sería un estilo apto para un auditorio pero no para una catedral. Si no fuera por la torre, de 45 metros de altura, nadie podría jurar que eso es una iglesia. Eso sí, se dice que está pensada para soportar un terremoto de 8,4 en la escala de Richter. Ah, sí hay campanas, en el muro de la entrada, dispuestas como en un carrillón.
Vista la catedral, bajamos hasta el Civic center para ver por fuera el Ayuntamiento. Se terminó en 1928 y tiene una torre altísima, de 32 plantas. Dicen que, y a mí eso me parece una exageración, para construirlo los arquitectos se inspiraron en la fantástica obra, maravilla del mundo de la antigüedad, Mausoleo de Mausolo. Sí se da un aire con la Biblioteca, principalmente por la pirámide que corona la torre. Hasta 1964 fue el edificio más alto de la ciudad, con sus 138 metros de altura (durante mucho tiempo no se permitía construir a más de 46 metros de altura a causa de los terremotos). En uno de esos constantes guiños que hago a los cinéfilos, el ayuntamiento es la sede el periódico Daily Planet en las películas de Superman.
En Civic Center cogimos el metro (línea roja) hasta la parada de Universal City. Hacía mucho tiempo que habíamos comprado por Internet las entradas para Universal Studios (más de 80$ por persona). Algunas personas recomiendan comprar la opción “Front Line Pass” para evitar colas (vale casi 140$). Quizás sea útil para épocas con mucha afluencia de público pero no para cuando nosotros fuimos. Una vez allí sólo tienes que seguir a la multitud hasta la parada donde un shuttle del parque te recoge para subirte hasta la entrada. No obstante no te deja en ella propiamente sino en una zona de ocio, con tiendas y restaurantes, que hay en el interior (el City Walk). De todos modos llegar a la puerta no tiene pérdida.
Antes de entrar nos hacemos una foto en la bola que gira constantemente y que lleva escrito el lema “Universal Studios”. Y también en la puerta.
Conviene, una vez dentro, hacerse con un plano del recinto (de dos plantas) y los horarios de espectáculos. En cuanto a las fotos, sólo están prohibidas dentro de algunas atracciones. Pero si te encuentras algún personaje famoso por allí y te pones a la cola para hacerte la cola oficial, los trabajadores del parque no tienen inconveniente en hacerte una foto también con tu propia cámara. Eso pasó con Shrek y Fiona, con Asno, con Bart y Lisa Simpson y con Homer y Marge. Sin embargo no es raro encontrar otros personajes que se van paseando por allí. De todos el que más me gustó fue Drácula. Tengo unas fantásticas fotos con el conde dispuesto a morderme en el cuello (me rozó la piel realmente con sus colmillos).
Una de las atracciones que nadie debería perderse en su visita a Universal Studios es el recorrido en trenecito. Hay pases en español (en nuestro caso con un guía venezolano, que va haciendo comentarios y proyectando imágenes, gran parte de ellas un vídeo grabado por el actor y presentador Jimmy Fallon). En ese paseo no pudimos ver con detalle las réplicas de edificios más actuales, sólo de pasada, porque estaban rodando. Pero sí pasamos por un puente que estalló. Justo después de eso pasamos por una entrada a un túnel que hacía presagiar lo “peor”. En la entrada al tour tienes que coger unas gafas de 3 D y éste es el momento de usarlas. Supuestamente entras dentro de la Isla de la Calavera y tienes ocasión de vivir muy nítidamente el film en 3D que Peter Jackson (director de El señor de los anillos) hizo de King Kong. Entras dentro de una selva, donde varios dinosaurios se pelean, y uno de ellos se dedica a atacar al tren en el que vamos, de un modo tan real que parece que lo haga de verdad. En uno de los momentos más culminantes arrastra a un vagón y sientes como te llevan hacia atrás. Cuando aparece King Kong empieza a una dura pelea entre ellos. Sientes los golpes, los movimientos, los saltos sobre el tren… Es fantástico (pero no sé si apto para personas muy susceptibles a este tipo de cosas porque parece muy realista).
Durante el resto del recorrido tenemos ocasión de vivir la lluvia, una riada extraordinaria, un terremoto en el metro de san Francisco, el ataque del tiburón, ver a Normal Bates saliendo con un cadáver del motel y viniendo hacia nosotros con malas intenciones, cuchillo en mano (la famosa casa está más arriba), las casas de Wisteria Lane en Mujeres desesperadas, el avión destrozado de La guerra de los mundos, etc. También ves por fuera los stages, donde se hacen las grabaciones de interiores, ves coches de película, como los de Fast and furius, Los picapiedra o el cochazo rojo de Magnum, coches y autobuses de Parque Jurásico, “pueblecitos” de México, donde se ruedan escenas de la selva, etc. Dura unos 45 minutos pero se hace muy corto.
Otro de los espectáculos que vale la pena no perderse es el de Waterworld. Los cinéfilos sabrán que Waterworld era una película protagonizada por Kevin Costner que resultó un verdadero fracaso de taquilla. Sin embargo en Universal es verdaderamente espectacular. Se lleva a cabo en un escenario habilitado para muchísima gente (y a pesar de eso se llena). Conviene no sentarse muy cerca de los actores porque te mojas. Es más, antes de que empiece algunos de ellos se pasean entre el público rociándole con agua. El espectáculo dura 16 minutos y es una sucesión de acrobacias, explosiones, un aterrizaje forzoso de un hidroavión, etc. Lo que pueda yo decir ahora no superará lo que se vive en directo. Una pasada.
Al ser un parque dedicado al cine no faltan los espectáculos en los que te enseñan a los animales actores (hasta gallinas hay) o te explican cómo se hacen los efectos especiales (en inglés pero fácilmente comprensible). Éste último quizás no interese a los que hayan ido a Universal buscando emociones fuertes pero a mí me pareció entretenido. Es más, incluso se requiere la participación de algunos voluntarios del público y no falta el humor.
Si lo que te gusta es la buena música no puedes perderte a los Blues Brothers, en plena calle. Yo me lo pasé muy bien con ellos (canté, bailé…).
Y vayamos a las atracciones. En la plata superior entramos primero en Shrek 4D. Primero te hacen pasar a una zona bastante oscura donde Gingy, la galleta de jengibre de la película, los tres cerditos y Pinocho están prisioneros en una mazmorra. Y no tarda en aparecer Farquaad, el malvado de la primera parte, amenazando aunque sea desde su forma de espectro con amenazarles a él (y a todos nosotros) para encontrar a Shrek y Fiona. Te pones las gafas 3D y entras a una sala de cine, donde da comienzo la película. Farquaad consigue secuestrar a Fiona y nosotros acompañamos a Shrek y Asno en su viaje para rescatarla. Las sillas se mueven, te salpican, etc. Es muy divertido.
En la zona de juegos de feria llamada Krustyland puedes jugar o subirte en el simulador 3D de Los Simpsons. Es más, allí puedes comprar recuerdos de esos personajes o hacerte fotos con ellos. El recorrido en 3D es uno de los más populares del parque aunque yo opté por no subir porque recrean una montaña rusa y tengo vértigo. Me ha dicho un pajarito que incluso acabas en la boca de la pequeña Maggie en una escena al estilo de Cariño, he agrandado al niño. Opté por quedarme fuera, comprándome una figurita de Bart para mi colección y haciéndome fotos con los personajes. A la gente que le gustan este tipo de atracciones se lo pasa en grande.
Otra de las atracciones (muy famosa) es la de Despicable me Minion. Ahí sí me subí. Primero ves a Gru y compañía dándote una charla que termina convirtiéndonos en un minion (esos monísimos personajes amarillos) y entrando en un cine 3D para hacer un recorrido virtual como tal (con montañas rusas incluidas, que esta vez pude soportar más o menos). Dicen que aquí, al ser la atracción más nueva, se forma mucha cola pero yo vi mucha más en la de los Simpsons.
Y al fin ha llegado la hora de comer. El parque ofrece varias opciones, que no son tan caras como había previsto. Un buen pedazo de pizza, a escoger entre queso o peperoni, cuesta 5,99 $ y un hot dog con patatas fritas sale por 6,99$. Incluso se puede optar por un codillo de pavo por unos 10$.
Es el momento de visitar la planta inferior, donde se encuentran importantes atracciones (más fuertes quizás que las de la planta superior). La primera que visitamos (y quizás la más famosa del parque) fue la de Jurassic Park. Te subes en un barquito (ojo con las pertenencias porque acabas mojado) y te adentras en una zona preciosa, llena de vegetación y divertidos dinosaurios. Pero pronto te das cuenta de que algo marcha mal y los animalillos ya no son tan simpáticos como antes. En el centro de operaciones las cosas van mucho peor, nada parece funcionar y suenan las alarmas. Aparecen bichos malos por doquier… hasta que al final te das de bruces con el enorme bicharraco con unos dientes enormes… segundo antes de que te tiren en picado 25 metros y vayas a parar al agua.
Enfrente está Revenge of the mummy, the ride, una montaña rusa real a oscuras por la tumba de Imhotep… hacia delante y hacia atrás.
Por el otro lado puedes ver una sala pequeñita, tipo museo, donde destaca el Delorean original de Regreso al futuro y un ET articulado. Muy cerca hay otro simulador en 3D, el de Transformers.
El parque está lleno de rincones encantadores donde hacerse fotos. ¿Quién no querría una en la casa de Gru?. ¿O en unas calles de Francia?. ¿Y qué decir de la silla del director de cine o del autobús londinense de dos pisos?. Llevad la cámara bien dispuesta. Incluso puedes hacerle una foto al Valle del san Fernando, donde está Warner Bros Studios.
Teóricamente cierra a las 6 pero una vez ha llegado esa hora nadie te dice nada. ¿Por qué iban a hacerlo si sigues entrando en las tiendas a comprar?. Eso hace que vayas mucho más relajado. Todo el mundo seguía entrando a comprar regalos o haciendo fotos. Además, si quieres bajar el shuttle funciona hasta las 9. Es por eso por lo que puedes permanecer dentro el tiempo que quieras o salir al City walk, a comprar o a tomar algo.
Repetida la foto en la bola decidimos bajar y coger el metro para irnos a una de las zonas más famosas de Los Ángeles, Hollywood. Hacemos una parada hasta Hollywood Highlands y salimos justo al lado del Dolby Theatre (el antiguo teatro Kodak).
Hollywood ha dejado de ser la zona glamurosa que seguramente era en su época dorada. Ahora es un lugar de entretenimiento, abarrotado de turistas, lleno de gente disfrazada de personajes famosos (Marilyn Monroe, Darth Vader, etc) esperando que te hagas una foto con ellos previo pago. El Paseo de la fama es una acera (en realidad varias) en Hollywood Boulevard y Vine Street en las que se han ido colocando en el suelo estrellas (más de 2000) con nombres de personas que la Cámara de comercio de Hollywood distingue por su contribución al entretenimiento. Así pues no sólo vamos a encontrar a actores famosos sino también a directores, productores, músicos, etc. Son estrellas de cinco puntas en un fondo rosa donde se ve el nombre de la persona grabado en bronce y un distintivo dependiendo de su categoría. Una cámara de cine supone que se dedicaba al cine; una TV que contribuyó al mundo de la TV; un gramófono que pertenecía a la industria musical; un micrófono de esos antiguos de radio simboliza a la radio y una máscara (o dos) al teatro. Algunas personas tienen más de una estrella.
Resulta divertido hacerse fotos en ellas e ir mirándolas.
En 2012 el famoso Teatro Kodak pasó a llamarse Dolby. Desde el año 2002 se entregan aquí los premios Óscar de la Academia (aunque resulta algo complicado imaginarlo cuando estás allí, metido en una especie de centro comercial). También se ha usado para conciertos de gente tan famosa como Celine Dion, Barbra Streisand o Sting.
Mucho más antiguo es el Teatro chino de Grauman. Abrió sus puertas en 1927, con el estreno de Rey de reyes de Cecil B. DeMille y aún hoy sigue en activo. Lo mandó construir Sid Grauman, actor y dueño de un tercio del local (también eran propietarios Mary Pickford y Douglas Frirbanks). Tiene la forma de una pagoda china pintada en color rojo y con un tejado dorado. También hay animales míticos chinos, como el dragón o los perros que guardan la entrada. Fue sede de la ceremonia de los Óscars entre 1944 y 1946. El exterior siempre está lleno de gente porque allí es donde actores famosísimos han plasmado sus huellas (de pies y manos). Me caía la baba cuando vi a un lado a Clark Gable. Pero no sólo está él. Grandes como Yul Brynner, Deborah Kerr, Cary Grant, Gary Cooper, Bogart, Gloria Swanson, Paul Newman o Marilyn Monroe. No faltan otros más actuales como Harrison Ford, Samuel L. Jackson, Clint Eastwood, Will Smith., etc. Me fastidió un poco cuando vi, tapada con un tenderete de camisetas, la firma de la gran Olivia de Havilland.
Enfrente se encuentra el Capitan Theatre. Se construyó en los años 20 y hoy pertenece a Walt Disney Company (allí es donde se exhiben sus películas por primera vez). Pero no siempre ha sido así. En su época gloriosa las películas más taquilleras se estrenaban aquí. Tal es el caso de Ciudadano Kane en 1941.
Cerca está el Teatro egipcio, el primer gran cine de Hollywood (1922). Si el teatro chino tiene decoración china, éste, como es natural, se inspira en el antiguo Egipto. También lo construyó Sid Grauman. Hoy en día proyecta películas algo alternativas.
Los primeros Óscars de la Academia, en 1929, se entregaron en el cercano Hotel Roosevelt. El hotel data de 1927 y ha sido recientemente renovado, al parecer conservando el lujo de antaño.
Dimos un paseo por toda esta zona tan animada pero a medida que nos vamos acercando a la parada de metro de Hollywood Vine disminuye el número de turistas. Aprovechamos para cenar algo rápido en un local llamado Popeye’s. Este sitio ofrece pollo al estilo de Lousiana, una especie KFC pero no tan especiado. Cenamos pollo para dos, dos raciones de patatas y una ensalada de col más bebida todo por unos 11$.

