Llegó el día que no sabía si llegaría. La visita a Disneyland. Para llegar desde Pershing Square es muy sencillo. En la 5ª St., muy cerca del metro, se toma el autobús 460. La parada está justo enfrente del local de Subway. La tarjeta de transportes es válida pero es posible que te hagan pagar un suplemento porque tiene que pasar por autopista. De todos modos es poco, apenas 1,40$ por persona.
Disneyland no está cerca. Se tarda en llegar aproximadamente 2 horas.
El bus te deja en la carretera. Para entrar sólo tienes que acceder a un primer recinto que es donde paran los autobuses de Anaheim y Disneyland resort. Las taquillas están más adelante, hacia donde va toda la gente. Una entrada de adulto comprada en taquilla son 96$.
El parque teóricamente abre sus puertas a las 10 de la mañana pero suele abrir antes porque existe una modalidad de entrada que permite acceder antes a algunas zonas (previo pago, claro). A los que no lo hemos pagado sólo nos dejan pasar hasta la estatua de Walt Disney con Michey Mouse, justo enfrente del castillo.
La primera zona que se ve en Disneyland es Main Street. Parece un pueblo, de los más bonitos que puedas imaginar, con todo lo que tendría uno de verdad. Estación de trenes, ayuntamiento y muchas casas preciosas que esconden tiendas. Unas tiendas que venden montones de cosas de merchandising (y te lo comprarías todo). Por si no nos habíamos enterado a la entrada se nos indica cuál es la población de ese lugar tan mágico. Sólo 650.000.000 personas. El mundo entero.
A las 10 de la mañana en punto apartan la cuerda que no nos deja pasar y nos dirigimos a la zona que más ganas tengo de ver, Fantasyland. Allí todo tiene la pinta de haber salido directamente de un cuento o de una peli de Disney. La entrada a esa zona se hace propiamente por el castillo de la Bella durmiente, que desde el inicio de Main Street se veía enorme y ahora, allí, se ve mucho más bajito. A un lado de la entrada, junto al pozo de los deseos, están las estatuas de Blancanieves y los siete enanitos, la primera película de Disney. Música de las películas te acompaña en todo el recorrido.
La primera de las atracciones a las que entramos fue la de Pinocho, que nos lleva en un cochecito por la carpintería de Geppeto, el teatro de títeres o la orilla del mar (incluyendo a la ballena). No faltan el Hada azul, Gepetto, Pepito Grillo y el mismo Pinocho (con la preciosa música de fondo de La estrella azul).
Algo parecido es el recorrido de la Blancanieves, incidiendo en todas las desgracias que le ocurrieron (genial cuando Grimhilde se convierte en la bruja malvada).
El carrusel del Rey Arturo es precioso, como salido de la peli de Mary Poppins. Es además una pieza histórica porque se hizo a mano en Philadelphia en 1922. Cuando Walt Disney lo comró tenía muchos animales (caballos, jirafas, venados, etc) pero él hizo poner todos los caballos blancos.
También de animales va la siguiente atracción, Casey Jr. Circus Train, el tren de Dumbo, que recorre una parte de Fantasyland, dando la vuelta a la zona de los canales de Storybook. Si tienes suerte (la tuvimos) podrás ir encerrado en la jaula de las fieras o de los monos. Es una de las atracciones originales del parque y data de 1955. Al lado está el vuelo de Dumbo, un estilo a la rana de las ferias, con pequeños Dumbos voladores.
Para entrar en los canales de Storybook 12 personas suben juntas a un bote con guía y después de entrar por la boca de la ballena ves maravillosas miniaturas de las casas de los cuentos. Se ven las casitas de los tres cerditos (de paja, madera y ladrillo), la villa de Alicia, el parque de Londres de Peter Pan, la ciudad de Aladino (con la cueva de las maravillas), la caballa de los siete enanitos, una villa francesa con el castillo de Cenicienta en la cumbre, molinos de viento, la villa alpina de Pinocho, el palacio del príncipe Eric y el castillo marino de La Sirenita. Es precioso.
También se va en barco en la atracción It’s a small world, en un recorrido de 15 minutos por todo el mundo. Preciosas muñequitas vestidas con ropas de diferentes lugares cantan una pegadiza cancioncilla. Es fantasía en estado puro (sales de allí con la baba colgando y cantando la canción).
El castillo de la Bella durmiente se puede visitar también en un recorrido a pie que te lleva por las distintas escenas de la peli (con Maléfica acechando por allí).
Otras atracciones de Fantasyland son el recorrido de Alicia en el país de las maravillas, el de Mr. Toad, las tazas que giran a lo loco o el vuelo de Peter Pan.
Justo detrás de Fantasyland encontramos Mickey’s Toontown, la ciudad de Mickey y sus amigos con el nombre escrito a lo Hollywood en las montañas falsas. Entrar ahí es impresionante porque todos los edificios parecen de dibujos animados que hayan cobrado vida. A la ciudad no le falta detalle: banco, perrera, tranvía, gasolinera… Y como es natural encontramos las casas de los personajes. Entramos primero en la casita de Goofy, de estilo victoriano pero de lado y con su gorro verde coronándola. Primero se puede ver su gracioso jardín y luego entrar. Se puede tocar todo; de hecho está pensado para que lo hagas, para que pulses las teclas del piano, para que te sientes en su sillón verde, etc. Enfrente tiene aparcado su coche, al que puedes subirte. Al lado de la casa de Goofy vive Donald. Y por su aspecto de marinero es fácil pensar que lo hace en un barco, al que puedes entrar y explorar por todos lados. También se puede entrar en la casa del árbol de las ardillas (Chip y Chop aquí, Chip y Dale allí). Pero los dos edificios más visitados y donde hay más colas son las casas de Mickey y Minnie.
Es fácil imaginar dónde vive Minnie, en una casita rosa y malva tan coqueta como ella. La casa es genial, con su camita, su tocador… Pero lo mejor es la cocina. La nevera está llena de quesos y en el horno, moviendo un botón, crece un pastel con velas y todo. Eso sí, la cola es enorme porque al final ella nos espera en el jardín. Cuando ya nos iba a tocar se marchó un momento a comer un cheesecake y, cosa rara, volvió más bajita de lo que se había ido. ¿Por qué será? (jejeje). Los trabajadores del parque no tienen inconveniente en hacerte una foto con tu cámara (o dos) además de la oficial.
Justo al lado se encuentra la casa más grande de la “ciudad” y también la más bonita. La casa de Mickey Mouse. Es tan enorme que no hay cola por lo que entramos tranquilamente. Si la casa de Minnie me ha encantado, ¿qué decir de ésta?. Si hasta tiene fotografías reales del ratón más famoso del mundo con su creador, una lavadora que funciona de verdad, un huerto, gallinas que se mueven… Al final se proyectan una serie de películas de Mickey. Ahí nos dejaron “encerrados”. Sí, así como lo digo. Intentamos marcharnos tres veces y las tres nos cerraban la puerta, habiendo dejado pasar a unas cuantas personas y sin darnos explicaciones. Cuando por fin pudimos pasar comprendimos la razón. En el último cuarto nos estaba esperando Mickey para hacerse una foto con nosotros. ¡Qué ilusión!. Aunque en la foto que nos hicimos juntos se propasó un poco, toquiteándome la espalda de un modo algo lascivo para ser un dibujo animado.
Para dar un paseo por todo el parque tienes la opción de coger un tren (nosotros subimos cuando ya estaba todo cerrado, en la estación de Main street, al lado de la entrada principal). Va en consonancia con la zona donde se ubica y tiene el mismo aspecto que un tren del siglo XIX. Hacen un recorrido completo de 18 minutos, con 4 paradas: Main Street, New Orleans Square, Mickey’s Toontown y Tomorrowland. Vale la pena subir porque se ven cosas que no se verían de otro modo (sobre todo los magníficos dioramas del Gran Cañón y la Prehistoria).
En Tomorrowland decidimos comer en un puestecillo de hamburguesas. Tampoco es excesivamente caro (teniendo en cuenta dónde estamos). Muchas de las atracciones de esta zona, como las famosas Finding Nemo y Space Mountain, estaban cerradas (en septiembre aprovechan para hacer algunas reformas en estos sitios). Aprovechamos para ver el final de un entretenimiento para niños inspirado en La guerra de las galaxias, en el que se les invitaba a convertirse en jedis y luchaban con Darth Vader nada más y nada menos.
Subimos en el monorraíl, un paseo por todo el resort que te lleva incluso por encima del otro parque, el de California Adventure. Aunque no lo parezca por lo modernos que son ahora los trenes el primer monorraíl del parque se instaló en 1959. Están supervisados por ordenador y manejados por un piloto a bordo. Desde dentro se pueden tener increíbles vistas de Fantasyland, Tomorrowland, Condor Flats, Buena Vista Street y Hollywoodland (en el California Adventure) y la plaza de entrada.
En cuanto a las atracciones, subimos (un coche para dos) en Autopia, un circuito por carretera, cruzando puentes o doblando curvas.
En Frontierland entramos en el Golden Horseshoe para ver un espectáculo. Se trata de una especie de salón del oeste en el que vemos a una cantante (Miss Violet) acompañada al piano por un caballero. Aprovechamos para comernos un helado (un superhelado) riquísimo y cargado de calorías. Por lo menos allí dentro se estaba bien porque hacía un calor espantoso.
En el parque hay varios modos de recorrer la zona en barco. Además de unas canoas de Davy Crockett es posible subir en el precioso barco de vapor Mark Twain (sin servicio en aquella época) o en el Sailing Ship Columbia. Subimos a éste último. Se trata de un barco tamaño real, de 33,5 metros de eslora y un mástil de 25 metros de alto, con 10 cañones y dos armas en las dos cubiertas. Es la réplica de un barco de tres mástiles que surcó los mares en el siglo XVIII y se convirtió en el primer barco norteamericano en dar la vuelta al mundo. Hace un circuito completo alrededor de la isla de Tom Sawyer y el refugio de los piratas. Bueno, eso si no se estropea. Porque se estropeó. Apenas había avanzando un poco cuando se paró frente a la isla y ahí se quedó un buen rato. Y nosotros asados de calor. Una vez has visto la cubierta principal, perfectamente adaptada, y el museo que hay debajo y que recrea la vida de los marineros, no había nada más que hacer que esperar a que se pusiera en marcha. Y se puso al cabo de un buen rato, sí, pero marcha atrás. No había nada qué hacer. Nos compensaron por el calor espantoso que pasamos con una entrada para un máximo de 6 personas para volver otro día (que no íbamos a usar) y una botella de agua para cada uno. Una pena porque el recorrido tenía buena pinta.
Y como las cosas parecían ir mal ese día (aunque en este caso no estaba yo dentro por el vértigo) también se estropeó el Splash Mountain, en la zona de Critter Country, que termina con una gran bajada con remojón incluido. También para los amantes de las emociones fuertes está el Big Thunder Mountain Railroad, una montaña rusa en un carro minero descontrolado en plena fiebre del oro. Por cierto, dentro de la montaña hay sorpresas.
Ésta no es la única montaña que se puede recorrer por dentro. Una de las estructuras más vistosas de Disneyland es precisamente una montaña real que la niebla nos puso muy difícil ver en nuestro reciente viaje a Suiza, el Cervino o Mattherhorn. En 1959 Disney estuvo en Zermatt, el pueblo que hay a los pies del famoso pico, y se quedó entusiasmado. Tanto que decidió construirlo en Disneyland. Cubrió un montículo de 6 metros de altura de nieve artificial, le puso un tobogán dentro y así nació. Hoy en día mide 44,8 metros y alberga la atracción Matterhorn Bobsleds, una bajada de 2,5 minitos en trineo (después de haber subido 24 metros por una caverna en la que incluso está el Abobinable hombre de las nieves). Por cierto, tiene dos rutas, una más larga y con curvas más pronunciadas que la otra, y pueden hacerse ambas.
Aventureland apenas lo pisé. Sé que está el árbol de Tarzán (me habría gustado verlo) y una atracción de Indiana Jones. Ésta es una de las atracciones fuertes de un parque que parece más enfocado a los más pequeños (o a los miedosos de las alturas y amantes de las princesas y los cuentos como yo). Otras dos interesantes atracciones para los atrevidos son The haunted mansión (cerrada en septiembre) y Piratas del Caribe.
Sin embargo creo que para mí lo mejor de todo llegaba a última hora. Justo al lado de la atracción de It’s a small world a las 6:45 de la tarde pasó la nueva carroza dedicada a Frozen, decorada con hielo y en la que iban tres de sus protagonistas, las dos princesas, Elsa y Ana, y el simpático Olaf, el muñeco de nieve. Y a las 7 al fin empezó el tan esperado desfile de carrozas de personajes. Mickey, Minnie, Chip y Chop, Pluto, Goofy, Los tres caballeros (Donald sobre la carroza y abajo el loro José Carioca y el gallo Panchito Pistoles rodeados de cariocas), las princesas (Bella, Aurora-la Bella durmiente-, Rapunzel, Blancanieves y Cenicienta), Aladdin (y evidentemente el genio), Simba (con Timón y Pumba), Tiana (con el sapo en pequeño y Louis, el caimán músico), Mary Poppins y el deshollinador, subidos en los caballitos de carrusel, etc. Simplemente impresionante. Todos con sus canciones originales.
Disneyland cierra a las 8 pero, al igual que pasaba en Universal studios, no te echan. La gente sigue allí tranquilamente, comprando o paseando. Para regresar al hotel cogimos de nuevo el bus 460, fuera del recinto. Esta vez no nos cobraron suplemento (a pesar de hacer el mismo recorrido).