La idea de ese día era volver a la zona de Santa Mónica para visitar la Villa Getty. Cogimos el autobús 720 en la misma parada que hacía unos días pero esta vez tardamos mucho más en hacer el trayecto, más de dos horas. Aunque se puede coger un autobús que teóricamente te lleva hasta la villa (o por lo menos la entrada) y tenemos miedo de que no nos dé tiempo (tenemos las entradas ya desde hace tiempo; las sacamos por Internet ya que no se puede ir a la Villa Getty si no llevas las entradas de antemano, aunque sean gratis) a llegar. Es por eso por lo que, a pesar de ser carísimo, nos decantamos por coger un taxi. Es importante llevar las entradas a mano porque te las piden varias veces por el camino hasta la entrada. La broma nos costó 20$. El taxista nos dejó en la zona del parquing y nos pasamos primero por información para coger un plano (y porque aún no habían abierto). Para subir al museo debes usar la escalera o el ascensor. Aunque hay varias actividades posibles que pueden hacerse, todas están en inglés. El audioguía gratis que se puede coger en la entrada está en castellano pero es una porquería y no lo recomiendo demasiado. Si sabes un poco de arte y mitología te da un poco la impresión de estar hecho pensando en niños pequeños (no me extrañaría porque aquello se pone lleno de grupos de escolares).
Esta preciosa villa, inspirada en la de los Papiros de Herculano, pertenecía al millonario norteamericano Jean Paul Getty. Hoy reúne las obras griegas y romanas y el resto de la colección está en el Getty Center. Los jardines y estanques son preciosos pero las obras no se quedan atrás. Una de las estatuas más impresionantes es la que representa a Zeus sentado en su trono (originalmente llevaba el cetro y el rayo). Se trata de una pieza romana del siglo I pero seguramente reproduce una anterior. También se ve una interesante muestra de estatuillas de las islas Cícladas (los famosos arpistas por ejemplo, que ya vimos en Grecia), representaciones de mujeres con los brazos cruzados sobre el pecho, y de la cultura minoica. Del período arcaico encontramos muchas vasijas, cráteras y kílix con figuras negras. Igualmente hay ánforas y estelas funerarias. Ya en el período helenístico se pueden destacar una cabeza de Alejandro Magno en mármol, una guirnalda funeraria en oro con incrustaciones de pasta vidriada azul y verde o varias joyas ptolomeicas. Del período romano tenemos por ejemplo al Hércules de Lansdowne, copia romana de un original griego del siglo IV a.C., la cabeza de Calígula en mármol, retratos para momias, una estatua de Apolo del siglo II o un sarcófago que muestra a Aquiles arrastrando el cuerpo de Héctor en mármol (finales del siglo II- principios del siglo III). Todas esas piezas son originales (no las de los jardines, son reproducciones).
Después de la visita, y teniendo en cuenta que parece que está prohibido bajar a pie, fuimos a información y allí nos dijeron que nos llamaban a un shuttle. En realidad se trataba de un trabajador con su coche particular, que nos bajó a otras dos chicas y a nosotros hasta la parada del autobús. Cogimos el autobús que tendría que habernos llevado hasta allí, el 534, y seguimos hasta el final para ir viendo Malibú sin necesidad de bajar. Ésta es la zona residencial más lujosa de la costa de Los Ángeles (lo atestiguan las casas que se ven desde el bus en lo alto). Al llegar a la última parada esperamos tranquilamente a que llegara la hora de volver y entonces hicimos el camino inverso hasta Santa Mónica. Aprovechamos para hacer una foto a la entrada del muelle y nos fuimos a ver el moderno centro comercial de Santa Mónica Place, obra de Frank Gehry (los he visto mejores, la verdad) y la Third Street Promenade, entre Broadway y Wilshire. Ésta es la calle más famosa de Santa Mónica, llena de tiendas y restaurantes. Aprovechamos para entrar en una tienda y comprarnos algo de comida para llevar, que nos comimos en plena calle.
Con la barriguita llena fuimos en busca del bus 720 para hacer el recorrido hasta La Brea (parada de Fairfax). No hace falta ser un lince para averiguar por qué murieron los mamuts que simbolizan las estatuas del parque. El olor a alquitrán lo inunda todo. Precisamente esos pozos de alquitrán son los que han permitido que se hayan conservado fósiles, tanto animales como vegetales, que hoy se exponen en el museo adyacente.
Con el mismo 720 se puede llegar a la altura del hotel Regency Wilshire, famoso por haber salido en la película Pretty Woman. Entramos tranquilamente y nadie nos dijo nada. Pusimos hacer fotos al hall e incluso ir al WC como si fuera la mismísima Julia Roberts. Y qué podíamos hacer si ya estábamos allí si no era ir a dar un paseo por Rodeo Drive. No es más que un conjunto de tiendas de lo más pijo y caro que uno se pueda imaginar en un espacio que ocupa tres manzanas. Eso sí, ya puedes ir vestido como un pordiosero que nadie te mira mal. Aunque por allí lo que más abundan son los turistas y detrás de sus ropas poco glamurosas se puede esconder un millonario. La zona con más encanto sea seguramente la que conforman los escalones españoles y los edificios de Frank Lloyd Bright, con la fuente, en Two Rodeo Drive, justo enfrente del hotel. Pero, vamos, nada que no se vea en otras zonas del mundo como nuestro Paseo de Gracia de Barcelona, aunque aquí un Mango se codea con Cartier y McDonald’s puede estar cerca de Michael Kors. Vimos muchos turistas, un loco con un cochazo que iba a toda velocidad, alguna que otra pija y muchas tiendas caras.
Cogimos por última vez el 720 y nos fuimos hasta el Downtown. Luego en metro vamos a Union Station. Se trata de la última gran estación que se construyó en Estados Unidos y se terminó en 1939. Aunque tenía un salón de espera de lujo gran parte de está cerrado hoy en día y ha perdido ese aire glamuroso que tenía. Hoy se ven trabajadores, turistas y algún loco (como una mujer que entró en el WC rezando no sé qué mitad en castellano y mitad en latín). Está situada cerca del Pueblo, enfrente de la Placita Olvera, y toda ella tiene un aire español, con su fachada blanca.
Subimos caminando hasta la Avenida César E. Chavez con Spring para coger el autobús 96 que tenía que llevarnos al Observatorio Griffith. Pasamos junto a Chinatown pero al llegar a la zona de Los Felices el conductor dijo que a esas horas cambiaba el recorrido y que nos podía dejar allí como más cerca. Nos dijo que podíamos coger otro autobús pero no supo decirnos el número ni fuimos capaces de encontrarlo así que después de un rato desistimos y decidimos volver. Cogimos el autobús 780 y nos fuimos hasta la zona de Hollywood Vine.
Nos habían recomendado que cenáramos un día en el restaurante Musso pero la primera vez que estuvimos por la zona estaba cerrado por descanso semanal. Esta vez hubo más suerte. El restaurante abrió sus puertas en 1919 y es toda una institución en Hollywood. Quizás por eso está tan lleno. Pedimos steak Manhattan y yo patata asada con bacon; de primeros sopa de cebolla al gratén y consomé frío en gelatina. Añadiendo el agua, el pan, la propina y las tasas la cuenta subió a algo más de 50$.